Reina Valera 1602

LOS ACTOS DE LOS APÓSTOLES 1-14

1.1- Hemos primero hablado, oh Teófilo, de todas las cosas que Jesús comenzó a hacer y a enseñar,

1:2- Hasta el día que, habiendo dado mandamientos por Espíritu Santo a los apóstoles que escogió, fue recibido arriba;

1:3- A los cuales, después de haber padecido, se presentó vivo en muchas pruebas, apareciéndoles por cuarenta días, y hablándoles del reino de Dios.

1:4- Y juntándolos, les mandó que no se fuesen de Jerusalem, mas que esperasen la promesa del Padre, que oísteis, dice, de mi.

1:5- Porque Juan a la verdad bautizó en agua, mas vosotros seréis bautizados en Espíritu Santo no muchos días después de estos.

1:6- Entonces, los que se habían juntado, le preguntaron diciendo: Señor, ¿restituirás el reino a Israel en este tiempo?

1:7- Y díjoles: No es vuestro saber los tiempos o las sazones que el Padre puso en su sola potestad.

1:8- Mas recibiréis la virtud del Espíritu Santo que vendrá sobre vosotros, y serme heis (me seréis) testigos en Jerusalem, y en toda Judea, y Samaria, y hasta lo último de la tierra.

1:9- Y habiendo dicho estas cosas, viéndolo ellos, fue alzado; y una nube lo recibió, y lo quitó de sus ojos.

1:10- Y estando ellos con los ojos puestos en el cielo, entre tanto que él iba, he aquí dos varones se pusieron junto a ellos en vestidos blancos;

1:11- Los cuales también les dijeron: Varones galileos, ¿qué estáis mirando al cielo?, este Jesús que ha sido tomado arriba de vosotros al cielo, así vendrá, como lo habéis visto ir al cielo.

1:12- Entonces volviéronse a Jerusalem del monte que se llama el Olivar, el cual está cerca de Jerusalem camino de un sábado.

1:13- Y entrados, subieron al cenadero, donde estaban Pedro, y Jacobo, y Juan, y Andrés, Felipe y Tomás, Bartolomé y Mateo, Jacobo hijo de Alfeo, y Simón el Celoso, y Judas hermano de Jacobo.

1:14- Todos estos perseveraban unánimes en oración y ruego con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con sus hermanos.

1:15- Y en aquellos días Pedro, levantándose en medio de los discípulos, dijo (y era la compaña junta como de ciento y veinte por nombre):

1:16- Varones hermanos, convino que se cumpliese esta Escritura, la cual dijo antes el Espíritu Santo por la boca de David, de Judas, que fue la (el) guía de los que prendieron a Jesús;

1:17- El cual era contado con nosotros, y tenía suerte en este ministerio.

1:18- Éste, pues, adquirió el campo del salario de iniquidad, y colgándose reventó por medio, y todas sus entrañas se derramaron.

1:19- Y fue notorio a todos los moradores de Jerusalem, de tal manera que aquel campo sea llamado en su propia lengua Aceldamah, que es: Campo de sangre.

1:20- Porque está escrito en el libro de los Salmos: Sea hecha desierta tu habitación, y no haya quien more en ella. Y también: Tome otro su obispado.

1:21- Conviene, pues, que de estos varones que han estado juntos con nosotros todo el tiempo que el Señor Jesús entró y salió entre nosotros,

1:22- Comenzando desde el bautismo de Juan, hasta el día que fue tomado arriba de entre nosotros, uno sea hecho testigo con nosotros de su resurrección.

1:23- Y señalaron a dos: A Josef, que se llama Barsabas, que tiene por sobrenombre el Justo, y a Matías.

1:24- Y orando, dijeron: Tu, Señor, que conoces los corazones de todos, muestra cual escoges de estos dos,

1:25- Para que tome la suerte de este ministerio, y del apostolado, del cual rebeló Judas por irse a su lugar.

1:26- Y pusiéronles las suertes, y cayó la suerte sobre Matías; y fue contado con los once apóstoles.

2:1- Y como se cumplieron los días de las Siete Semanas (Pentecostés), estaban todos unánimes juntos.

2:2- Y de repente vino un estruendo del cielo como de un viento vehemente que venía con ímpetu, el cual hinchió toda la casa donde estaban sentados.

2:3- Y apareciéronles unas lenguas repartidas como de fuego, que se asentó sobre cada uno de ellos.

2:4- Y fueron todos llenos de Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, como el Espíritu Santo les daba que hablasen.

2:5- (Moraban entonces en Jerusalem judíos varones religiosos de todas las naciones que están debajo del cielo).

2:6- Y hecho este estruendo, juntóse la multitud; y estaban confusos, porque cada uno los oía hablar su propia lengua.

2:7- Y estaban todos atónitos y maravillados, diciendo los unos a los otros: ¿Veis, no son galileos todos estos que hablan?

2:8- ¿Cómo, pues, los oímos nosotros hablar cada uno en su lengua en que somos nacidos?

2:9- Partos, y medos, y elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, en Judea y en Capadocia, en el Ponto y en Asia,

2:10- En Frigia y en Panfilia, en Egipto y en las partes de África que están de la otra parte de Cirene, y romanos extranjeros, y judíos, y convertidos,

2:11- Cretenses y árabes, los oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios.

2:12- Y estaban todos atónitos y maravillados, diciendo los unos a los otros: ¿Qué quiere ser esto?

2:13- Mas otros burlándose, decían: Que están éstos llenos de mosto.

2:14- Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó su voz y hablóles, diciendo: Varones judíos, y todos los que habitáis en Jerusalem, esto os sea notorio y oíd mis palabras.

2:15- Porque éstos no están borrachos, como vosotros pensáis, siendo la hora de las tres del día.

2.16- Mas esto es lo que fue dicho por el profeta Joel:

2:17- Y será en los postreros días (dice Dios), derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; y vuestros mancebos verán visiones, y vuestros viejos soñarán sueños.

2:18- Y cierto sobre mis siervos y sobre mis criadas en aquellos días derramaré de mi Espíritu, y profetizarán.

2:19- Y daré prodigios arriba en el cielo, y señales abajo en la tierra, sangre, y fuego, y vapor de humo.

2:20- El sol se volverá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día del Señor, grande y manifiesto.

2.21- Y será, que todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.

2:22- Varones israelitas, oíd estas palabras: Jesús nazareno, varón aprobado de Dios entre vosotros en maravillas, y prodigios, y señales que Dios hizo por él en medio de vosotros, como también vosotros sabéis,

2:23- Éste, por determinado consejo y providencia de Dios entregado, tomándolo vosotros lo matásteis con manos inicuas, crucificándolo.

2:24- Al cual Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte; por cuanto era imposible ser detenido de ella.

2:25- Porque David dice de él: Veía al Señor siempre delante de mi; porque lo tengo a la diestra, no seré removido.

2:26- Por lo cual mi corazón se alegró, y mi lengua se gozó, y aún mi carne descansará en esperanza.

2:27- Que no dejarás mi alma en el infierno; ni darás a tu Santo que vea corrupción.

2:28- Hicísteme notorios los caminos de la vida; henchirme has de gozo con tu presencia.

2:29- Varones hermanos, puédese os libremente decir del patriarca David, que murió, y fue sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta el día de hoy.

2:30- Así que siendo profeta, y sabiendo que con juramento le había Dios jurado, que del fruto de su lomo cuanto a la carne, le levantaría el Cristo, que se asentaría sobre su silla;

2:31- Viéndolo antes, habló de la resurrección del Cristo, que su alma no haya sido dejada en el infierno, ni su carne haya visto corrupción.

2:32- A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos.

2:33- Así que, levantado por la diestra de Dios, y recibiendo del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros ahora veis y oís.

2:34- Porque David no subió a los cielos, empero él dice: Dijo el Señor a mi Señor: asiéntate a mis diestras,

2:35- Hasta que ponga tus enemigos por estrado de tus pies.

2:36- Sepa pues certísimamente toda la casa de Israel, que a éste ha hecho Dios el Señor y el Cristo, a este Jesús que vosotros crucificásteis.

2:37- Entonces oídas estas cosas, fueron compungidos de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?

2:38- Y Pedro les dice: Haced penitencia, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesu Cristo para perdón de los pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo.

2:39- Porque a vosotros es hecha la promesa, y a vuestros hijos, y a todos los que están lejos; a cualesquiera que el Señor nuestro Dios llamare.

2:40- Y con otras muchas palabras testificaba y los exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación.

2:41- Asi que, los que recibieron su palabra, fueron bautizados; y fueron añadidas a la iglesia aquel día como tres mil personas.

2:42- Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, y en la comunión, y en el partimiento del pan, y en las oraciones.

2:43- Y toda persona tenía temor; y muchas maravillas y señales eran hechas por los apóstoles.

2:44- Y todos los que creían estaban juntos; y tenían todas las cosas comunes.

2:45- Y vendían las posesiones y las haciendas, y repartíanlas a todos, como cada uno había menester.

2:46- Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y con sencillez de corazón.

2:47- Alabando a Dios y teniendo gracia acerca de todo el pueblo, y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos.

3:1- Pedro y Juan subían juntos al templo a la hora de la oración de las nueve.

3:2- Y un varón, que era cojo desde el vientre de su madre, era traído; al cual ponían cada día a la puerta del templo que se dice La Hermosa, para que pidiese limosna de los que entraban en el templo.

3:3- Éste, como vio a Pedro y a Juan que comenzaban a entrar en el templo, rogábales para haber limosna.

3:4- Y Pedro, con Juan, poniendo los ojos en él, dijo: Mira a nosotros.

3:5- Entonces él estuvo atento a ellos, esperando recibir de ellos algo.

3:6- Y Pedro dijo: Ni tengo plata ni oro; mas lo que tengo, esto te doy: En el nombre de Jesu Cristo, el nazareno, levántate y anda.

3:7- Y tomándolo por la mano derecha, levantólo; y luego fueron afirmados sus pies y tobillos.

3:8- Y saltando, púsose en pie, y anduvo, y entró con ellos en el templo andando y saltando, y alabando a Dios.

3:9- Y todo el pueblo lo vio andar y alabar a Dios.

3:10- Y conocíanlo, que era el que se sentaba a la limosna a la puerta del templo La Hermosa; y fueron llenos de miedo y de espanto de lo que le había acontecido.

3:11- Y teniendo a Pedro y a Juan el cojo que había sido sanado, todo el pueblo concurrió a ellos al portal que se llama de Salomón, atónitos.

3:12- Lo cual viendo Pedro, respondió al pueblo: Varones israelitas, ¿por qué os maravilláis de esto?, ¿o por qué ponéis los ojos en nosotros como si con nuestra virtud o piedad hubiésemos hecho andar a éste?

3:13- El Dios de Abraham, y de Isaac, y de Jacob, el Dios de nuestros padres ha glorificado a su Hijo Jesús, al cual vosotros entregasteis, y negasteis delante de Pilato, juzgando él que había de ser suelto.

3:14- Mas vosotros, al Santo y al Justo negasteis, y pedisteis que se os diese un hombre homicida.

3:15- Y matasteis al Autor de la vida; al cual Dios ha resucitado de los muertos, de lo cual nosotros somos testigos.

3:16- Y en la fe de su nombre, a éste que vosotros veis y conoceis, ha confirmado su nombre; y la fe que por él es, ha dado a éste esta sanidad en presencia de todos vosotros.

3:17- Mas ahora, hermanos, yo sé que por ignorancia habéis hecho, como también vuestros príncipes.

3:18- Empero Dios, lo que había antes anunciado por boca de todos sus profetas, que su Cristo había de padecer, así lo ha cumplido.

3:19- Así que: Arrepentíos, y convertíos, para que sean raídos vuestros pecados; pues que los tiempos del refrigerio de la presencia del Señor son venidos.

3:20- El cual os ha enviado a Jesús, el Cristo, que os ha sido antes anunciado.

3:21- Al cual cierto es menester, que el cielo tenga hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas; del cual habló Dios por boca de todos sus profetas que han sido desde el siglo.

3:22- Porque Moisés dijo a los padres: El Señor vuestro Dios os levantará profeta de vuestros hermanos, como yo; a él oiréis haciendo conforme a todas las cosas que os hablare.

3:23- Y será que cualquiera alma que no oyere a aquel profeta, será desarraigada del pueblo.

3:24- Y todos los profetas desde Samuel y en adelante, todos los que han hablado han prenunciado estos días.

3:25- Vosotros sois los hijos de los profetas, y del concierto que Dios concertó con nuestros padres, diciendo a Abraham: Y en tu simiente serán benditas todas las familias de la tierra.

3:26- A vosotros primeramente, Dios, levantando a su Hijo Jesús, lo envió que os bendijese; para que cada uno se convierta de su maldad.

4:1- Hablando ellos al pueblo, sobrevinieron los sacerdotes, y el magistrado del templo, y los saduceos.

4:2- Pesándoles de que enseñasen al pueblo, y anunciasen en el nombre de Jesús la resurrección de los muertos.

4:3- Y echáronles mano, y pusiéronlos en la cárcel hasta el día siguiente; porque ya era tarde.

4:4- Mas muchos de los que habían oído el sermón creyeron; y fue hecho el número de los varones como cinco mil.

4:5- Y aconteció el día siguiente, que los príncipes de ellos se juntaron, y los ancianos, y los escribas, en Jerusalem;

4:6- Y Annás, príncipe de los sacerdotes, y Caifás, y Juan, y Alejandro, y todos los que eran del linaje sacerdotal.

4:7- Y haciéndolos presentar en medio, preguntáronles: ¿Con qué potestad, o en qué nombre habéis hecho vosotros esto?

4:8- Entonces Pedro, lleno de Espíritu Santo, les dijo: Príncipes del pueblo, y ancianos de Israel:

4:9- Pues que somos hoy demandados acerca del beneficio hecho a un hombre enfermo, es a saber, de qué manera éste haya sido sanado,

4:10- Sea notorio a todos vosotros, y a todo el pueblo de Israel, que en el nombre de Jesu Cristo, el nazareno, el que vosotros crucificásteis, y Dios lo resucitó de los muertos, en esto éste está en vuestra presencia sano.

4:11- Éste es la piedra renovada de vosotros los edificadores, la cual es puesta por cabeza de esquina.

4:12- Y en ningún otro hay salud; porque no hay otro nombre debajo del cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.

4:13- Entonces, viendo la constancia de Pedro y de Juan, sabido que eran hombres sin letras e idiotas, maravillábanse; y conocíanlos que habían sido con Jesús.

4:14- Y viendo al hombre que había sido sanado, que estaba con ellos, no podían decir nada en contra.

4:15- Mas mandáronles que se saliesen fuera del concilio, y conferían entre sí,

4:16- Diciendo: ¿Qué hemos de hacer a estos hombres?, porque cierto, señal manifiesta ha sido hecha por ellos, notoria a todos los que moran en Jerusalem, y no lo podemos negar.

4:17- Todavía, porque no se divulgue más por el pueblo, amenacémosles que no hablen de aquí adelante a hombre ninguno en este nombre.

4:18- Y llamándolos, denunciáronles que en ninguna manera hablasen ni enseñasen en el nombre de Jesús.

4:19- Entonces Pedro y Juan, respondiendo, dijéronles: Juzgad si es justo delante de Dios obedecer antes a vosotros que a Dios.

4:20- Porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído.

4:21- Ellos entonces, no hallando en qué punirlos, enviáronlos amenazándolos, por causa del pueblo; porque todos glorificaban a Dios de lo que había sido hecho.

4:22- Porque el hombre en quien había sido hecho este milagro de sanidad, era de más de cuarenta años.

4:23- Sueltos ellos, vinieron a los suyos; y contaron lo que los príncipes de los sacerdotes y los ancianos les habían dicho.

4:24- Los cuales habiéndolo oído, alzaron unánimes la voz a Dios, y dijeron: Señor, tu eres el Dios que hiciste el cielo y la tierra, la mar, y todas las cosas que en ellas están;

4:25- Que [en Espíritu Santo] por la boca de David tu siervo, dijiste: ¿Por qué han bramado las gentes, y los pueblos han pensado cosas vanas?

4:26- Asistieron los reyes de la tierra, y los príncipes de juntaron en uno contra el Señor, y contra su Cristo.

4:27- Porque verdaderamente se juntaron en esta ciudad contra su santo Hijo Jesús, al cual ungiste, Herodes, y Poncio Pilato con las gentes, y los pueblos de Israel,

4:28- Para hacer lo que tu mano y tu consejo antes había determinado que había de ser hecho.

4:29- Y ahora, Señor, pon los ojos en sus amenazas, y da a tus siervos que con toda confianza hablen tu palabra.

4:30- Que extiendas tu mano a que sanidades, y milagros, y prodigios sean hechos por el nombre de tu santo Hijo Jesús.

4:31- Y como hubieron orado, el lugar en que estaban ayuntados tembló; y todos fueron llenos de Espíritu Santo, y hablaron la palabra de Dios con confianza.

4:32- Y de la multitud de los que habían creído era un corazón y una ánima; y ninguno decía ser suyo algo de lo que poseían, mas todas las cosas les eran comunes.

4:33- Y los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con gran esfuerzo; y gran gracia era en todos ellos.

4:34- Que ningún necesitado había entre ellos; porque todos los que poseían heredades o casas, vendiéndolo, traían el precio de lo vendido,

4:35- Y depositábanlo a los pies de los apóstoles, y era repartido a cada uno como tenía la necesidad.

4:36- Entonces Joses, que fue llamado de los apóstoles por sobrenombre Barnabás, que es si lo declares: hijo de consolación; levita, natural de Cipro,

4:37- Como tuviese una heredad, vendióla; y trajo el precio, y depositólo a los pies de los apóstoles.

5:1- Y un varón llamado Ananías, con Safira su mujer, vendió una posesión.

5:2- Y defraudó del precio, sabiéndolo también su mujer; y trayendo una parte, depositóla a los pies de los apóstoles.

5:3- Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué hinchió Satanás tu corazón a que mintieses al Espíritu Santo, y defraudases del precio de la heredad?

5:4- Quedándose, ¿no se te quedaba a ti?, y vendida, ¿no estaba en tu potestad?, ¿por qué pusiste esto en tu corazón?. No has mentido a los hombres, sino a Dios.

5:5- Entonces Ananías, oyendo estas palabras, cayó, y expiró. Y fue hecho un gran temor sobre todos los que lo oyeron.

5:6- Y levantándose los mancebos, tomáronlo; y sacándolo sepultáronlo.

5:7- Y pasado espacio como de tres horas, también su mujer entró, no sabiendo lo que había acontecido.

5:8- Entonces Pedro le dijo: Dime, ¿vendisteis en tanto la heredad?, y ella dijo: Sí, en tanto.

5:9- Y Pedro le dijo: ¿Por qué os concertásteis para tentar al Espíritu del Señor?. He aquí, a la puerta, los pies de los que han sepultado a tu marido; y sacarte han a sepultar.

5:10- Y luego cayó a los pies de él, y expiró, y entrados los mancebos halláronla muerta; y sacáronla, y sepultáronla junto a su marido.

5:11- Y fue hecho un gran temor en toda la iglesia, y en todos los que oyeron estas cosas.

5:12- Y por las manos de los apóstoles eran hechos muchos milagros y prodigios en el pueblo, y estaban todos unánimes en el portal de Salomón.

5:13- Y de los otros, ninguno se osaba juntar con ellos; con todo eso el pueblo los alababa grandemente.

5:14- Y los que creían en el Señor se aumentaban más, así de varones como de mujeres.

5:15- Tanto, que echaban los enfermos por las calles, y los ponían en camas y en lechos, para que viniendo Pedro, a lo menos su sombra tocase a alguno de ellos.

5:16- Y aún de las ciudades vecinas concurría multitud a Jerusalem, trayendo enfermos, y atormentados de espíritus inmundos; los cuales todos eran curados.

5:17- Entonces, levantándose el príncipe de los sacerdotes, y todos los que estaban con él, que es la herejía de los saduceos, fueron llenos de celo.

5:18- Y echaron mano a los apóstoles, y pusiéronlos en la cárcel pública.

5:19- Mas el ángel del Señor, abriendo de noche las puertas de la cárcel, y sacándolos, dijo:

5:20- Id, y estando en el templo hablad al pueblo todas las cosas de esta vida.

5:21- Ellos entonces, como oyeron, entraron por la mañana en el templo, y enseñaban. Viniendo pues el príncipe de los sacerdotes, y los que eran con él, convocaron el concilio, y a todos los ancianos de los hijos de Israel; y enviaron a la cárcel para que fuesen traídos.

5:22- Y como vinieron los servidores, no los hallaron en la cárcel, y vueltos, dieron aviso,

5:23- Diciendo: Cierto la cárcel hallamos cerrada con toda diligencia, y las guardas que estaban delante de las puertas; mas como abrimos, a nadie hallamos dentro.

5:24- Entonces como oyeron estas palabras el pontífice y el magistrado del templo, y los príncipes de los sacerdotes, dudaban qué sería hecho de ellos.

5:25- Y viniendo uno, avisóles: He aquí, los varones que echasteis en la cárcel están en el templo, y enseñan al pueblo.

5:26- Entonces el magistrado fue con los servidores, y trájolos sin violencia, porque tenían miedo del pueblo de ser apedreados.

5:27- Y como los trajeron, presentáronlos en el concilio. Entonces el príncipe de los sacerdotes les preguntó,

5:28- Diciendo: ¿No os denunciamos denunciando que no enseñaseis en este nombre?; y he aquí habéis henchido a Jerusalem de vuestra doctrina, ¿y queréis echar sobre nosotros la sangre de este hombre?

5:29- Y respondiendo Pedro y los apóstoles, dijeron: Obedecer es menester a Dios mas que a los hombres.

5:30- El Dios de nuestros padres levantó a Jesús, al cual vosotros matásteis colgándolo en el madero.

5:31- A éste enalteció Dios con su diestra por Príncipe y Salvador, para dar a Israel penitencia y remisión de pecados.

5:32- Y nosotros le somos testigos de estas cosas, y también el Espíritu Santo, el cual ha dado Dios a los que le han obedecido.

5:33- Ellos, oyendo esto, regañaban, y consultaban de matarlos.

5:34- Entonces levantándose en el concilio un fariseo llamado Gamaliel, doctor de la ley, venerable a todo el pueblo, mandó que sacasen fuera un poco a los apóstoles.

5:35- Y díjoles: Varones israelitas, mirad por vosotros acerca de estos hombres en lo que habéis de hacer.

5:36- Porque antes de estos días fue un Teudas, diciendo que era alguien, al cual se allegaron un número de varones, como cuatrocientos, el cual fue matado; y todos los que le creyeron fueron disipados, y vueltos en nada.

5:37- Después de éste, fue Judas el galileo en los días del empadronamiento; y llevó mucho pueblo tras sí. Pereció también aquel, y todos los que consintieron con él fueron derramados.

5:38- Y ahora digo os: Dejaos de estos hombres, y dejadlos; porque si este consejo, o esta obra, es de los hombres, desvanecerse ha;

5:39- Mas si es de Dios, no la podréis deshacer; porque no parezca que queréis repugnar a Dios.

5:40- Y consintieron con él; y llamando a los apóstoles, habiéndolos azotado, denunciáronles que no hablasen en el nombre de Jesús, y soltáronlos.

5:41- Mas ellos iban gozosos de delante del concilio, de que fuesen habidos por dignos de padecer afrenta por el nombre de Jesús.

5:42- Y todos los días no cesaban en el templo y por las casas, enseñando y predicando el evangelio de Jesu Cristo.

6:1- En aquellos días, creciendo el número de los discípulos, hubo murmuración de los griegos contra los hebreos, de que sus viudas eran menospreciadas en el ministerio cotidiano.

6:2- Así que los doce, convocada la multitud de los discípulos, dijeron: No es justo que nosotros dejemos la palabra de Dios y sirvamos a las mesas.

6:3- Considerad pues, hermanos, siete varones de vosotros de buen testimonio, llenos de Espíritu Santo y de sabiduría, los cuales pongamos en esta obra.

6:4- Y nosotros instaremos en la oración y en el ministerio de la palabra.

6:5- Y plugó (plació, agradó) este parecer a toda la multitud y eligieron a Esteban, varón lleno de fe y de Espíritu Santo, y a Felipe, y a Procoro, y a Nicanor, y a Timón, y a Parmenas, y a Nicolás extranjero de Antioquía.

6:6- A éstos presentaron en presencia de los apóstoles, los cuales orando les pusieron las manos encima.

6:7- De manera que la palabra del Señor crecía; y el número de los discípulos se multiplicaba mucho en Jerusalem; mucha compaña de los sacerdotes también obedecía a la fe.

6:8- Empero Esteban, lleno de fe y de potencia, hacía prodigios y milagros grandes en el pueblo.

6:9- Levantáronse entonces unos de la sinagoga que se llama de Los Libertinos, y Cireneos, y Alejandrinos; y de los que eran de Cilicia, y de Asia, disputando con Esteban.

6:10- Mas no podían resistir a la sabiduría y al Espíritu con que hablaba.

6:11- Entonces sobornaron a unos que dijesen que le habían oído hablar palabras blasfemas contra Moisés y Dios.

6:12- Y conmovieron al pueblo, y a los ancianos y a los escribas; y arremetiendo arrebatáronlo, y trajéronlo al concilio.

6:13- Y pusieron testigos falsos que dijesen: Este hombre no cesa de hablar palabras blasfemas contra el lugar santo y la ley,

6:14- Porque le hemos oído decir: Que este Jesús nazareno destruirá este lugar, y mudará las tradiciones que nos dio Moisés.

6:15- Entonces todos los que estaban sentados en el concilio, puestos los ojos en él, vieron su rostro como el rostro de un ángel.

7:1- El príncipe de los sacerdotes dijo entonces: ¿Es esto así?

7:2- Y él dijo: Varones hermanos y padres, oíd. El Dios de gloria apareció a nuestro padre Abraham estando en Mesopotamia, antes que morase en Harán;

7:3- Y díjole: Sal de tu tierra, y de tu parentela, y ven a la tierra que te mostraré.

7:4- Entonces salió de la tierra de los caldeos, y habitó en Harán. Y de allí, muerto su padre, lo traspasó a esta tierra en la cual vosotros habitais ahora.

7:5- Y no le dio posesión en ella, ni aún una pisada de un pie; mas prometióle que se la daría en posesión, y a su simiente después de él, no teniendo aún hijo.

7:6- Y hablóle Dios así: Que su simiente sería extranjera en tierra ajena, y que los sujetarían en servidumbre, y que los maltratarían por cuatrocientos años.

7:7- Mas a la gente a quien serán siervos yo la juzgaré, dijo Dios; y después de esto saldrán, y servirme han a mi en este lugar.

7:8- Y dióle el concierto de la circuncisión, y así engendró a Isaac, y lo circuncidó al octavo día; e Isaac a Jacob, y Jacob a los doce patriarcas.

7:9- Y los patriarcas, movidos de envidia, vendieron a Josef para Egipto; mas Dios era con él.

7:10- Y lo libró de todas sus tribulaciones, y le dio gracia y sabiduría en la presencia de Faraón, rey de Egipto, el cual lo puso por gobernador sobre Egipto y sobre toda su casa.

7:11- Vino entonces hambre en toda la tierra de Egipto y de Canaán, y grande tribulación; y nuestros padres no hallaban alimentos.

7:12- Y como oyese Jacob que había trigo en Egipto, envió a nuestros padres la primera vez.

7:13- Y en la segunda, Josef fue conocido de sus hermanos, y fue sabido de Faraón el linaje de Josef.

7:14- Y enviando Josef, hizo venir a su padre Jacob, y a toda su parentela, en setenta y cinco personas.

7:15- Así descendió Jacob en Egipto, donde murió él y nuestros padres,

7:16- Los cuales fueron traspasados a Siquem y fueron puestos en el sepulcro, que compró Abraham a precio de dinero de los hijos de Hemor de Siquem.

7:17- Mas como se acercó el tiempo de la promesa, la cual Dios había jurado a Abraham, creció el pueblo y multiplicóse en Egipto,

7:18- Hasta que se levantó otro rey que no conocía a Josef.

7:19- Éste, usando de astucia con nuestro linaje, maltrató a nuestros padres que pusiesen a peligro de muerte sus niños, para que cesase la generación.

7:20- En aquel mismo tiempo nació Moisés, y fue agradable a Dios; y fue criado tres meses en casa de su padre.

7:21- Mas siendo puesto al peligro, la hija de Faraón lo tomó y lo crió por su hijo.

7:22- Y fue enseñado Moisés en toda la sabiduría de los egipcios; y era poderoso en sus dichos y hechos.

7:23- Y como se le cumplió el tiempo de cuarenta años, vinole en voluntad de visitar a sus hermanos los hijos de Israel.

7:24- Y como vio a uno que era injuriado, defendiólo, e hiriendo al egipcio vengó al injuriado.

7:25- Pero él pensaba que sus hermanos entendían que Dios les había de dar salud por su mano, mas ellos no lo habían entendido.

7:26- Y el día siguiente, riñendo ellos, mostróseles, y metíalos en paz, diciendo: Varones, hermanos sois, ¿por qué os injuriáis los unos a los otros?

7:27- Entonces, el que injuriaba a su prójimo lo rempujó, diciendo: ¿Quién te ha puesto a ti por príncipe y juez sobre nosotros?

7:28- ¿Quieres tu matarme como mataste ayer al egipcio?

7:29- A esta palabra Moisés huyó; e hízose extranjero en tierra de Madián, donde engendró dos hijos.

7:30- Y cumplidos cuarenta años, el ángel del Señor le apareció en el desierto del monte de Sina en fuego de llama de un zarzal.

7:31- Entonces, Moisés mirando, fue maravillado de la visión; y llegándose para considerar, fue hecha a él voz del Señor:

7:32- Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, y Dios de Isaac, y Dios de Jacob; mas Moisés, temeroso, no osaba mirar.

7:33- Y díjole el Señor: Quita los zapatos de tus pies, porque el lugar en que estás tierra santa es.

7:34- Visto he, visto he la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y el gemido de ellos he oído; y he descendido para librarlos; ahora pues, ven, enviarte he a Egipto.

7:35- A este Moisés, al cual habían refusado (rehusado), diciendo: ¿Quién te ha puesto por príncipe y juez?, a éste envió Dios por príncipe y redentor con la mano del ángel que le apareció en el zarzal.

7:36- Éste los sacó haciendo prodigios y milagros en la tierra de Egipto, y en el mar Bermejo, y en el desierto por cuarenta años.

7:37- Este es el Moisés, el cual dijo a los hijos de Israel: Profeta os levantará el Señor Dios vuestro de vuestros hermanos, como yo; a él oiréis.

7:38- Este es el que estuvo en la congregación en el desierto con el ángel que le hablaba en el monte Sina; y con nuestros padres, y recibió las palabras de vida para darnos.

7:39- Al cual nuestros padres no quisieron obedecer; antes lo desecharon, y apartáronse de corazón a Egipto,

7:40- Diciendo a Aarón: Haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le ha acontecido.

7:41- Y entonces hicieron el becerro, y ofrecieron sacrificio al ídolo, y en las obras de sus manos se holgaron.

7:42- Mas Dios se apartó, y los entregó que sirviesen al ejército del cielo, como está escrito en el libro de los profetas: ¿Ofrecísteme víctimas y sacrificios en el desierto por cuarenta años, casa de Israel?

7:43- Antes trajisteis el tabernáculo de Moloc, y la estrella de vuestro dios Remfan, figuras que os hicisteis para adorarlas; transportaros he, pues, de este cabo de Babilonia.

7:44- Tuvieron nuestros padres el tabernáculo del testimonio en el desierto, como les ordenó Dios, hablando a Moisés que lo hiciese según la forma que había visto.

7:45- El cual recibido, metieron también nuestros padres con Jesús en la posesión de las gentes que Dios echó de la presencia de nuestros padres, hasta los días de David,

7:46- El cual halló gracia delante de Dios, y pidió de hallar tabernáculo al Dios de Jacob.

7:47- Y Salomón le edificó casa.

7:48- Mas el Altísimo no habita en templos hechos de mano, como el profeta dice:

7:49- El cielo es mi trono, y la tierra el estrado de mis pies. ¿Qué casa me edificaréis?, dice el Señor; ¿o cual es el lugar de mi reposo?

7:50- ¿No hizo mi mano todas estas cosas?

7:51- Duros de cerviz, e incircuncisos de corazón y de oídos; vosotros resistís siempre al Espíritu Santo; como vuestros padres, así  también vosotros.

7:52- ¿A cual de los profetas no persiguieron vuestros padres?, y mataron a los que antes denunciaron la venida del Justo, del cual vosotros ahora habéis sido entregadores, y matadores;

7:53- Que recibisteis la ley por disposición de ángeles, y no la guardasteis.

7:54- Y oyendo estas cosas regañaban de sus corazones, y crujían los dientes contra él.

7:55- Mas él, estando lleno de Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios; y a Jesús que estaba a las diestras de Dios,

7:56- Y dice: He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del hombre que está a las diestras de Dios.

7:57- Entonces ellos, dando grandes voces, taparon sus orejas y arremetieron unánimes contra él.

7:58- Y echándolo fuera de la ciudad apedreábanlo; y los testigos pusieron sus vestidos a los pies de un mancebo que se llamaba Saulo.

7:59- Y apedrearon a Esteban, invocando él, y diciendo: Señor Jesús, recibe mi espíritu.

7:60- Y puesto de rodillas, clamó a gran voz: Señor, no les pongas este pecado. Y habiendo dicho esto, durmió en el Señor.

8:1- Y Saulo consentía en su muerte. Y en aquel día fue hecha una grande persecución en la iglesia que estaba en Jerusalem, y todos fueron esparcidos por las tierras de Judea y de Samaria, salvo los apóstoles.

8:2- Y curaron de Esteban algunos varones píos, e hicieron gran llanto sobre él.

8:3- Entonces Saulo asolaba la iglesia, entrando por las casas; y trayendo varones y mujeres entregábalos en la cárcel.

8:4- Mas los que eran esparcidos pasaban por la tierra anunciando la palabra del evangelio.

8:5- Entonces Felipe, descendiendo a la ciudad de Samaria, predicábales a Cristo.

8:6- Y las compañas escuchaban atentamente unánimes las cosas que decía Felipe, oyendo y viendo las señales que hacía.

8:7- Porque muchos espíritus inmundos salían de los que los tenían, dando grandes voces; y muchos paralíticos y cojos eran sanados.

8:8- Así que había gran gozo en aquella ciudad.

8:9- Entonces había un varón llamado Simón, el cual había sido antes mágico en aquella ciudad, y había engañado la gente de Samaria diciéndose ser algún grande.

8:10- Al cual oían todos atentamente, desde el más pequeño hasta el más grande, diciendo: Esta es la virtud de Dios, la grande.

8:11- Y estábanle atentos, porque con sus artes mágicas los había entontecido mucho tiempo.

8:12- Mas como creyeron a Felipe, que les anunciaba el evangelio del reino de Dios y el nombre de Jesu Cristo, bautizábanse varones y mujeres.

8:13- Simón entonces creyó él también; y bautizándose llegóse a Felipe, y viendo los milagros y grandes maravillas que se hacían estaba atónito.

8:14- Oyendo pues los apóstoles, que estaban en Jerusalem, que Samaria había recibido la palabra de Dios, enviáronles a Pedro y a Juan.

8:15- Los cuales venidos, oraron por ellos para que recibiesen el Espíritu Santo;

8:16- Porque aún no había descendido en alguno de ellos, mas solamente eran bautizados en el nombre de Jesús.

8.17- Entonces pusiéronles las manos encima, y recibieron el Espíritu Santo.

8:18- Y como vio Simón que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, presentóles dineros,

8:19- Diciendo: Dadme a mi también esta potestad, que a cualquiera que pusiere las manos encima reciba el Espíritu Santo.

8:20- Entonces Pedro le dijo: Tu dinero perezca contigo, que piensas que el don de Dios se gane por dinero.

8:21- No tienes tu parte ni suerte en este negocio, porque tu corazón no es recto delante de Dios.

8:22- Arrepiéntete pues de esta tu maldad, y ruega a Dios, si quizás te será perdonado este pensamiento de tu corazón.

8:23- Porque en hiel de amargura y en prisión de maldad veo que estás.

8:24- Respondiendo entonces Simón, dijo: Rogad vosotros por mi al Señor, que ninguna cosa de estas que habéis dicho venga sobre mi.

8:25- Y ellos, habiendo testificado y hablado la palabra de Dios, volviéronse a Jerusalem, y en muchas tierras de los samaritanos anunciaban el evangelio.

8:26- Empero el ángel del Señor habló a Felipe, diciendo: Levántate y ve hacia el mediodía, al camino que desciende de Jerusalem a Gaza, la cual es desierta.

8:27- Él entonces levantóse y fue, y he aquí un etíope, eunuco, gobernador de Candaces, reina de los etíopes, el cual era puesto sobre todos sus tesoros, y había venido a adorar a Jerusalem.

8:28- Y se volvía sentado en su carro, y leyendo al profeta Isaías.

8:29- Y el Espíritu dijo a Felipe: Llégate, y júntate a este carro.

8:30- Y acudiendo Felipe oyólo que leía al profeta Isaías, y dijo: ¿Mas entiendes lo que lees?

8:31- Y él dijo: ¿Y cómo podré, si alguien no me enseñare?, y rogó a Felipe que subiese, y se sentase con él.

8:32- Y el lugar de la Escritura que leía era este: Como oveja a la muerte fue llevado, y como cordero mudo delante del que lo trasquila, así no abrió su boca.

8:33- En su humillación su juicio fue quitado, mas su generación, ¿quien la contará?, porque es quitada de la tierra su vida.

8:34- Y respondiendo el eunuco a Felipe, dijo: Ruégote, ¿de quien el profeta dice esto?, ¿de sí, o de otro alguno?

8:35- Entonces Felipe, abriendo su boca, y comenzando de esta Escritura, anuncióle el evangelio de Jesús.

8:36- Y yendo por el camino, vinieron a una agua; y díjole el eunuco: He aquí agua, ¿qué impide que yo no sea bautizado?

8:37- Y Felipe dijo: Si crees de todo corazón, bien puedes. Y respondiendo él dijo: Creo que Jesu Cristo es el Hijo de Dios.

8:38- Y mandó parar el carro, y descendieron ambos al agua, Felipe y el eunuco; y bautizólo.

8:39- Y como subieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe y no lo vio más el eunuco, y fuése su camino gozoso.

8:40- Felipe, empero, se halló en Azoto; y pasando anunciaba el evangelio en todas las ciudades hasta que vino a Cesárea.

9:1- Y Saulo, aún resoplando amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, vino al príncipe de los sacerdotes,

9:2- Y demandó de él letras para Damasco a las sinagogas, para que si hallase algunos varones o mujeres de esta secta, los trajese presos a Jerusalem.

9:3- Y yendo por el camino, aconteció que llegando cerca de Damasco, súbitamente lo cercó un resplandor de luz del cielo.

9:4- Y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?

9:5- Y él dijo: ¿Quien eres Señor?. Y el Señor dijo: Yo soy Jesús a quien tu persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón.

9:6- Él, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que haga?. Y el Señor le dice: Levántate y entra en la ciudad; y decírse te ha lo que te conviene hacer.

9:7- Y los varones que iban con Saulo, se pararon atónitos, oyendo a la verdad la voz, mas no viendo a nadie.

9:8- Entonces Saulo levantóse de tierra, y abriendo los ojos no veía a nadie; así que llevándolo por la mano, metiéronlo en Damasco,

9:9- Donde estuvo tres días sin ver; y no comió, ni bebió.

9:10- Había entonces un discípulo en Damasco llamado Ananías; al cual el Señor dijo en visión: Ananías. Y él respondió: He aquí estoy Señor.

9:11- Y el Señor le dijo: Levántate, y ve a la calle que se llama la Derecha, y busca en casa de Judas a Saulo llamado el de Tarso; porque, he aquí, él ora;

9:12- Y ha visto en visión un varón llamado Ananías, que entra y le pone la mano encima para que reciba la vista.

9:13- Entonces Ananías respondió: Señor, he oído a muchos de este varón, cuántos males ha hecho a tus santos en Jerusalem;

9:14- Y aún aquí tiene facultad de los príncipes de los sacerdotes de prender a todos los que invocan tu nombre.

9:15- Y díjole el Señor: Ve; porque instrumento escogido me es éste, para que lleve mi nombre en presencia de gentes y de reyes, y de los hijos de Israel.

9:16- Porque yo le mostraré cuánto le sea menester que padezca por mi nombre.

9:17- Ananías entonces fue, y entró en la casa, y poniéndole las manos encima, dijo: Saulo, hermano, el Señor Jesús que te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recibas la vista y seas lleno de Espíritu Santo.

9:18- Y luego le cayeron de los ojos como escamas, y recibió luego la vista; y levantándose fue bautizado.

9.19- Y como comió, fue confortado. Y estuvo Saulo con los discípulos que estaban en Damasco, por algunos días.

9:20- Y luego entrando en las sinagogas predicaba a Cristo, que éste era el Hijo de Dios.

9:21- Y todos los que lo oían estaban atónitos, y decían: ¿No es éste el que asolaba en Jerusalem a los que invocaban este nombre, y a eso vino acá, para llevarlos presos a los príncipes de los sacerdotes?

9:22- Empero Saulo mucho más se esforzaba, y confundía a los judíos que moraban en Damasco, afirmando que éste es el Cristo.

9:23- Y como pasaron muchos días, hicieron consejo en uno los judíos de matarlo.

9:24- Mas las asechanzas de ellos fueron entendidas de Saulo; empero ellos guardaban las puertas de día y de noche para matarlo.

9:25- Entonces los discípulos, tomándolo de noche, abajáronlo por el muro metido en una espuerta.

9:26- Y como Saulo vino a Jerusalem, tentaba de juntarse con los discípulos; mas todos tenían miedo de él, no creyendo que era discípulo.

9:27- Entonces Barnabás, tomándolo, trajolo a los apóstoles, y contó cómo había visto al Señor en el camino, y que le había hablado; y cómo en Damasco había hablado confiadamente en el nombre de Jesús.

9:28- Y entraba y salía con ellos en Jerusalem.

9.29- Y hablaba confiadamente en el nombre del Señor Jesús, y disputaba con los griegos, mas ellos procuraban de matarlo.

9:30- Lo cual como los hermanos entendieron, acompañáronlo hasta Cesárea, y enviáronlo a Tarso.

9:31- Las iglesias entonces por toda Judea, y Galilea, y Samaria, tenían paz, y eran edificadas andando en el temor del Señor; y con consuelo del Espíritu Santo eran multiplicadas.

9:32- Y aconteció que Pedro, andándolos a todos, vino también a los santos que habitaban en Lida.

9:33- Y halló allí a uno que se llamaba Eneas, que había ya ocho años que estaba en cama, que era paralítico.

9:34- Y díjole Pedro: Eneas, Jesu Cristo te sana: levántate y hazte tu cama. Y luego se levantó.

9:35- Y vieronlo todos los que habitaban en Lida y en Sarona, los cuales se convirtieron al Señor.

9:36- Entonces en Jope había una discípula llamada Tabita, que si lo declares quiere decir: Dorcas. Esta era llena de buenas obras y de limosnas que hacía.

9:37- Y aconteció en aquellos días que enfermando, murió; la cual después de lavada, pusiéronla en un cenadero.

9.38- Y como Lida estaba cerca de Jope, los discípulos, oyendo que Pedro estaba allí, enviáronle dos varones, rogándole: No te detengas de venir hasta nosotros.

9:39- Pedro entonces levantándose, vino con ellos; y como llegó, lleváronlo al cenadero donde lo rodearon todas las viudas, llorando y mostrándole las túnicas y los vestidos que Dorcas les hacía cuando estaba con ellas.

9:40- Entonces, echados fuera todos, Pedro puesto de rodillas, oró; y vuelto el cuerpo, dijo: Tabita, levántate. Y ella abrió los ojos; y viendo a Pedro, volvióse a asentar.

9:41- Y dándole él la mano, levantóla; entonces llamando los santos y las viudas, presentóla viva.

9:42- Esto fue notorio por toda Jope; y creyeron muchos en el Señor.

9:43- Y aconteció que se quedó muchos días en Jope, en casa de un cierto Simón, curtidor.

10:1- Y había un varón en Cesárea llamado Cornelio, centurión de la compañía que se llamaba La Italiana,

10:2- Pío y temeroso de Dios con toda su casa, y que hacía muchas limosnas al pueblo; y que oraba a Dios siempre.

10:3- Éste vio en visión manifiestamente, como a la hora de las nueve del día, que un ángel entraba a él, y le decía: Cornelio.

10:4- Y él, puestos en él los ojos, espantado, dijo: ¿Qué es Señor?, y díjole: Tus oraciones y tus limosnas han subido en memoria en la presencia de Dios.

10:5- Envía pues ahora varones a Jope; y haz venir a un Simón, que tiene por sobrenombre Pedro.

10:6- Éste posa en casa de un Simón, curtidor, que tiene su casa junto a la mar; éste te dirá lo que te conviene hacer.

10:7- E ido el ángel que hablaba con Cornelio, llamó dos de sus criados, y un soldado temeroso del Señor de los que se llegaban a él.

10:8- A los cuales, después de habérselo contado todo, enviólos a Jope.

10:9- Y un día después, yendo ellos camino, y llegando cerca de la ciudad, Pedro subió a la azotea a orar, cerca de la hora de las seis.

10:10- Y aconteció que le vino una grande hambre, y quiso comer, y aparejándole ellos, cayó sobre él un exceso de entendimiento.

10:11- Y vio el cielo abierto, y que descendía a él un vaso, como un gran lienzo, que atado de los cuatro cantos era abajado del cielo a la tierra;

10:12- En el cual había de todos los animales de cuatro pies de la tierra, y fieras, y reptiles, y aves del cielo.

10:13- Y vínole una voz: Levántate Pedro, mata y come.

10:14- Entonces Pedro dijo: Señor, no; porque ninguna cosa común e inmunda he comido jamás.

10:15- Y volvió la voz a decirle la segunda vez: Lo que Dios limpió, no lo ensucies.

10:16- Y esto fue hecho por tres veces, y el vaso volvió a ser recogido en el cielo.

10:17- Y estando Pedro dudando dentro de sí qué sería la visión que había visto, he aquí los varones que habían sido enviados de Cornelio, que preguntando por la casa de Simón, llegaron a la puerta.

10:18- Y llamando, preguntaron si un Simón que tenía por sobrenombre Pedro, posaba allí.

10:19- Y estando Pedro pensando en la visión, díjole el Espíritu: He aquí, tres varones te buscan.

10:20- Levántate pues, y desciende, y no dudes de ir con ellos, porque yo los he enviado.

10:21- Entonces Pedro, descendiendo a los varones que le eran enviados de Cornelio, dijo: He aquí, yo soy el que buscáis; ¿qué es la causa porque habéis venido?

10:22- Y ellos dijeron: Cornelio el centurión, varón justo y temeroso de Dios, y que tiene testimonio de toda la nación de los judíos, ha recibido respuesta por un santo ángel, de hacerte venir a su casa, y oir de ti algunas cosas.

10:23- Entonces, metiéndolos dentro, hospedólos; y el día siguiente, levantándose, fuese con ellos; y acompañáronlo algunos de los hermanos de Jope.

10:24- Y otro día después entraron en Cesárea; y Cornelio los estaba esperando, habiendo llamado sus parientes y los amigos más familiares.

10.25- Y como Pedro entró, Cornelio lo salió a recibir; y derribándose a sus pies, adoró.

10:26- Y Pedro lo levantó, diciendo: Levántate, que yo mismo soy hombre.

10:27- Y hablando con él, entró; y halló a muchos que se habían ayuntado.

10:28- Y díjoles: Vosotros sabéis que es abominable a un varón judío juntarse o llegarse a extranjero; mas ha me mostrado Dios que a ningún hombre llame común o inmundo.

10:29- Por lo cual llamado, he venido sin dudar. Así que pregunto: ¿por qué causa me habéis hecho venir?

10:30- Entonces Cornelio dijo: Cuatro días ha que a esta hora yo estaba ayuno; y a la hora de las nueve, estando orando en mi casa, he aquí un varón se puso delante de mi en vestido resplandeciente.

10:31- Y dijo: Cornelio, tu oración es oída; y tus limosnas han venido en memoria en la presencia de Dios.

10:32- Envía pues a Jope, y haz venir a un Simón que tiene por sobrenombre Pedro, éste posa en casa de Simón, un curtidor, junto a la mar; el cual venido, te hablará.

10:33- Así que luego envié a ti; y tu has hecho bien viniendo ahora, pues todos nosotros estamos aquí en la presencia de Dios para oir todo lo que Dios te ha mandado.

10:34- Entonces Pedro, abriendo su boca, dijo: Por verdad hallo que Dios no hace acepción de personas;

10:35- Sino que de cualquiera nación que le teme y obra justicia, se agrada.

10:36- Envió palabra Dios a los hijos de Israel, anunciando la paz por Jesu Cristo; éste es el Señor de todos.

10:37- Vosotros sabéis que la cosa ha sido hecha por toda Judea; que comenzando desde Galilea, después del bautismo que Juan predicó:

10:38- A Jesús de Nazaret, cómo lo ungió Dios de Espíritu Santo y de potencia, que anduvo haciendo bienes, y sanando todos los oprimidos del diablo; porque Dios era con él.

10:39- Y nosotros somos testigos de todas las cosas que hizo en la tierra de Judea, y en Jerusalem; al cual mataron colgándolo en un madero.

10:40- A éste Dios lo levantó al tercero día; e hizo que apareciese manifiesto,

10:41- No a todo el pueblo, sino a los testigos que Dios antes había ordenado, es a saber, a nosotros, que comimos y bebimos juntamente con él después que resucitó de los muertos.

10:42- Y nos mandó que predicásemos al pueblo y testificásemos que él es el que Dios ha puesto por Juez de vivos y muertos.

10:43- A éste dan testimonio todos los profetas, de que todos los que en él creyeren recibirán perdón de pecados por su nombre.

10:44- Estando aún hablando Pedro estas palabras, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían el sermón.

10:45- Y espantáronse los fieles que eran de la circuncisión, que habían venido con Pedro, de que también sobre las gentes se derramase el don del Espíritu Santo.

10:46- Porque los oían que hablaban en lenguas, y que magnificaban a Dios. Entonces Pedro respondió:

10:47- ¿Puede alguien impedir el agua, que no sean bautizados éstos que han recibido el Espíritu Santo también como nosotros?

10:48- Y mandólos bautizar en el nombre del Señor Jesús. Y rogáronle que se quedase con ellos por algunos días.

11:1- Y oyeron los apóstoles y los hermanos que estaban en Judea, que también las gentes habían recibido la palabra de Dios.

11:2- Y como Pedro subió a Jerusalem, contendían contra él los que eran de la circuncisión,

11:3- Diciendo: ¿por qué has entrado a varones que tienen prepucio, y has comido con ellos?

11:4- Entonces, comenzando Pedro, declaróles por orden lo pasado, diciendo:

11:5- Estando yo en la ciudad de Jope orando, vi en exceso de entendimiento una visión, es a saber, un vaso, como un gran lienzo, que descendía, que por los cuatro cantos era abajado del cielo, y venía hasta mi.

11:6- En el cual como puse los ojos, consideré, y vi animales terrestres de cuatro pies, y fieras, y reptiles, y aves del cielo.

11:7- Y oí también una voz que me decía: Levántate Pedro, mata y come.

11:8- Y dije: Señor, no; porque ninguna cosa común ni inmunda entró jamás en mi boca.

11:9- Entonces la voz me respondió del cielo la segunda vez: Lo que Dios limpió, no lo ensucies tu.

11:10- Y esto fue hecho por tres veces; y volvió todo a ser tomado arriba en el cielo.

11:11- Y he aquí que luego tres varones sobrevinieron en la casa donde yo estaba, enviados a mi de Cesárea.

11:12- Y el Espíritu me dijo que me fuese con ellos sin dudar. Y vinieron también conmigo estos seis hermanos, y entramos en casa de un varón,

11:13- El cual nos contó cómo había visto un ángel en su casa, que se paró, y le dijo: Envía a Jope, y haz venir a un Simón que tiene por sobrenombre Pedro;

11:14- El cual te hablará palabras por las cuales serás salvo tu, y toda tu casa.

11:15- Y como comencé a hablar, cayó el Espíritu Santo sobre ellos, también como sobre nosotros al principio.

11:16- Entonces me acordé del dicho del Señor, como dijo: Juan ciertamente bautizó en agua; mas vosotros seréis bautizados en Espíritu Santo.

11:17- Así que, si Dios les dio el mismo don también como a nosotros que hemos creído en el Señor Jesu Cristo, ¿quién era yo que pudiese estorbar a Dios?

11:18- Entonces, oídas estas cosas, callaron, y glorificaron a Dios, diciendo: De manera que también a las gentes ha dado Dios penitencia para vida.

11:19- Y los que habían sido esparcidos por causa de la tribulación que fue hecha en tiempo de Esteban, anduvieron hasta Fenicia, y Cipro, y Antioquía, no hablando a nadie la palabra, sino a solos los judíos.

11:20- Y de ellos había unos varones ciprios y cirenenses, los cuales como entraron en Antioquía, hablaron a los griegos, anunciando el evangelio del Señor Jesús.

11:21- Y la mano del Señor era con ellos; y mucho número creyendo se convirtió al Señor.

11:22- Y llegó la fama de estas cosas a oídos de la iglesia que estaba en Jerusalem; y enviaron a Barnabás que fuese hasta Antioquía;

11:23- El cual como llegó, y vio la gracia de Dios, gozóse; y exhortó a todos que permaneciesen en el propósito del corazón en el Señor.

11:24- Porque era varón bueno, y lleno de Espíritu Santo y de fe; y mucha compañía fue allegada al Señor.

11:25- Y partióse Barnabás a Tarso a buscar a Saulo; y hallado, trajólo a Antioquía.

11:26- Y conversaron todo un año allí con la iglesia; y enseñaron mucha compaña, de tal manera que los discípulos fueron llamados cristianos primeramente en Antioquía.

11:27- Y en aquellos días descendieron de Jerusalem profetas a Antioquía.

11:28- Y levantándose uno de ellos, llamado Agabo, daba a entender por Espíritu, que había de haber una grande hambre en toda la redondez de las tierras, la cual también fue en tiempo de Claudio César.

11:29- Entonces los discípulos, cada uno conforme a lo que tenía, determinaron de enviar subsidio a los hermanos que habitaban en Judea.

11:30- Lo cual asimismo hicieron, enviando a los ancianos por mano de Barnabás y de Saulo.

12:1- En el mismo tiempo el rey Herodes envió compañías de soldados para maltratar algunos de la iglesia.

12:2- Y mató a Jacobo, el hermano de Juan, a cuchillo.

12:3- Y viendo que había agradado a los judíos, pasó adelante para prender también a Pedro, y eran los días de los panes sin levadura.

12:4- El cual prendido, echólo en la cárcel, entregándolo a cuatro cuaterniones de soldados que lo guardasen; queriendo sacarlo al pueblo después de la pascua.

12:5- Así que Pedro era guardado en la cárcel; y la iglesia hacía oración a Dios sin cesar por él.

12:6- Y cuando Herodes lo había de sacar, aquella misma noche, estaba Pedro durmiendo entre dos soldados, preso con dos cadenas; y las guardas delante de la puerta que guardaban la cárcel.

12:7- Y he aquí, el ángel del Señor sobrevino, y la luz resplandeció en la cárcel; e hiriendo a Pedro en el lado, despertólo, diciendo: Levántate prestamente. Y las cadenas se le cayeron de las manos.

12:8- Y díjole el ángel: Cíñete, y átate tus zapatos. E hízolo así. Y díjole: Rodéate tu ropa, y sígueme.

12:9- Y saliendo, seguíalo; y no sabía que era verdad lo que hacía el ángel; mas pensaba que veía visión.

12:10- Y como pasaron la primera y la segunda guarda, vinieron a la puerta de hierro, que va a la ciudad, la cual se les abrió de suyo; y salidos, pasaron una calle; y luego el ángel se apartó de él.

12:11- Entonces Pedro, volviendo en sí, dijo: Ahora entiendo verdaderamente que el Señor ha enviado su ángel, y me ha librado de la mano de Herodes, y de todo el pueblo de los judíos que me esperaba.

12:12- Y considerando esto, llegó a casa de María la madre de Juan, el que tenía por sobrenombre Marcos, donde muchos estaban ayuntados y orando.

12:13- Y tocando Pedro a la puerta del patio, salió una muchacha, para escuchar; llamábase Rode,

12:14- La cual como conoció la voz de Pedro, de gozo no abrió la casapuerta, sino corriendo dentro, dio nueva, que Pedro estaba en la casapuerta.   

12:15- Y ellos le dijeron: Estás loca. Mas ella afirmaba que era así. Entonces ellos decían: Su ángel es.

12:16- Mas Pedro perseveraba en llamar; y como le abrieron, viéronlo, y espantáronse.

12:17- Y él haciéndoles señal con la mano que callasen, contóles como el Señor lo había sacado de la cárcel; y dijo: Haced saber esto a Jacobo y a los hermanos. Y salido, partióse a otro lugar.

12:18- Siendo pues de día, había no poco alboroto entre los soldados, qué se había hecho de Pedro.

12:19- Mas Herodes, como lo buscó y no lo halló, hecha inquisición de las guardas, mandólos llevar. Y descendiendo de Judea a Cesárea, quedóse allí.

12:20- Y Herodes estaba enojado contra los de Tiro y los de Sidón; mas ellos vinieron concordes a él; y sobornado Blasto, que era el camarero del rey, pedían paz; porque las tierras de ellos eran mantenidas del rey.

12:21- Y un día señalado, Herodes vestido de ropa real, sentóse en el tribunal, y hablóles.

12:22- Y el pueblo aclamaba: Voz de Dios, y no de hombre.

12:23- Y luego el ángel del Señor lo hirió; por cuanto no dio la gloria a Dios; y comido de gusanos expiró.

12:24- Mas la palabra del Señor crecía, y era multiplicada.

12:25- Y Barnabás y Saulo volvieron de Jerusalem, cumplido su servicio, tomando juntamente consigo a Juan, el que tenía por sobrenombre Marcos.

13:1- Había entonces en la iglesia que estaba en Antioquía, profetas y doctores: Barnabás, y Simón el que se llamaba Niger, y Lucio Cireneo, y Manahén, que había sido criado con Herodes el tetrarca, y Saulo.

13:2- Ministrando pues éstos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Barnabás y a Saulo para la obra para la cual los he llamado.

13:3- Entonces ayunando y orando, y poniéndoles las manos encima, enviáronlos.

13:4- Y ellos entonces, enviados por el Espíritu Santo, descendieron a Seleucia; y de allí navegaron a Cipro.

13:5- Y llegados a Salamina anunciaban la palabra de Dios en las sinagogas de los judíos; y tenían también a Juan en el ministerio.

13:6- Y habiendo atravesado la isla hasta Papho hallaron a un varón mago, falso profeta judío, llamado Bar-jesús;

13:7- el cual estaba con el procónsul Sergio Paulo, varón prudente. Éste, llamando a Barnabás y a Saulo deseaba oir la palabra de Dios.

13:8- Mas resistíales Elimas el encantador (que así se interpreta su nombre), procurando de apartar de la fe al procónsul.

13:9- Entonces Saulo, que también es Pablo, lleno de Espíritu Santo, poniendo en él los ojos,

13:10- Dijo: Oh lleno de todo engaño y de toda maldad, hijo del diablo, enemigo de toda justicia, ¿no cesarás de trastornar los caminos rectos del Señor?

13:11- Ahora pues, he aquí, la mano del Señor es contra ti, y serás ciego, que no veas el sol por tiempo. Y luego cayó en él oscuridad y tinieblas; y andando alderredor buscaba quien le diese la mano.

13:12- Entonces el procónsul, viendo lo que había sido hecho, creyó, maravillado de la doctrina del Señor.

13:13- Y partidos de Papho, Pablo y los que estaban con él vinieron a Perges de Pamphylia; entonces Juan, apartándose de ellos, volvióse a Jerusalem.

13:14- Y ellos pasando de Perges vinieron a Antioquía de Pisidia; y entrando en la sinagoga un día de sábado, asentáronse.

13:15- Y después de la lección de la ley y de los profetas, los príncipes de la sinagoga enviaron a ellos, diciendo: Varones hermanos, si hay en vosotros alguna palabra de exhortación para el pueblo, hablad.

13:16- Entonces Pablo, levantándose, hecho silencio con la mano, dice: Varones israelitas, y los que teméis a Dios, oid.

13:17- El Dios del pueblo de Israel escogió a nuestros padres, y ensalzó el pueblo, siendo ellos extranjeros en la tierra de Egipto, y con brazo levantado los sacó de ella.

13:18- Y por tiempo como de cuarenta años soportó sus costumbres en el desierto.

13:19- Y destruyendo las siete gentes en la tierra de Canaán, repartióles por suerte la tierra de ellas. Después como por cuatrocientos y cincuenta años,

13:20- Después dio los jueces hasta el profeta Samuel.

13:21- Y entonces demandaron rey; y dióles Dios a Saul, hijo de Cis, varón de la tribu de Benjamín, por cuarenta años.

13:22- Y quitado aquél, levantóles el rey David, el cual dio testimonio, diciendo: He hallado a David, hijo de Jessé, varón conforme a mi corazón, el cual hará todo lo que yo quiero.

13:23- De la simiente de éste, Dios, conforme a la promesa, levantó a Jesús por Salvador a Israel.

13:24- Predicando Juan delante de la faz de su venida el bautismo de penitencia a todo el pueblo de Israel.

13:25- Mas como Juan cumpliese su carrera, dijo: ¿Quién pensáis que soy?. No soy yo, mas he aquí viene tras mi aquél cuyos zapatos de los pies no soy digno de desatar.

13:26- Varones hermanos, hijos del linaje de Abraham, y los que entre vosotros temen a Dios, a vosotros es enviada esta palabra de salud.

13:27- Porque los que habitaban en Jerusalem, y sus príncipes, no conociendo a éste, y las voces de los profetas que se leen todos los sábados, condenándolo las cumplieron.

13:28- Y sin hallar en él causa de muerte, pidieron a Pilato que lo matasen.

13:29- Y habiendo cumplido todas las cosas que de él eran escritas, quitándolo del madero lo pusieron en el sepulcro.

13:30- Mas Dios lo levantó de los muertos.

13:31- El cual fue visto por muchos días de los que habían subido juntamente con él de Galilea a Jerusalem, los cuales son sus testigos al pueblo.

13:32- Y nosotros también os anunciamos el evangelio de aquella promesa que fue hecha a los padres, la cual Dios ha cumplido a los hijos de ellos, a nosotros, resucitando a Jesús.

13:33- Como también en el Salmo segundo está escrito: Mi hijo eres tu, yo te engendré hoy.

13:34- Y que lo levantó de los muertos para nunca más volver a corrupción, así dijo: Que os daré las misericordias fieles prometidas a David.

13:35- Por tanto en otra parte dice: No darás tu Santo que vea corrupción.

13:36- Porque a la verdad David, habiendo servido en su edad a la voluntad de Dios, durmió, y fue juntado con sus padres y vio corrupción.

13:37- Mas aquél que Dios levantó, no vio corrupción.

13:38- Sea os pues notorio, varones hermanos, que por éste os es anunciada remisión de pecados;

13:39- Y de todo lo que por la ley de Moisés no pudísteis ser justificados, en éste es justificado todo aquel que creyere.

13:40- Mirad pues que no venga sobre vosotros lo que está dicho en los profetas:

13:41- Mirad, oh menospreciadores, y entonteceos, y desvaneceos; porque yo obro obra en vuestros días, obra que no lo creeréis si alguien os lo contare.

13:42- Y salidos de la sinagoga de los judíos, las gentes les rogaron que el sábado siguiente les hablasen estas palabras.

13:43- Y enviada la congregación, muchos de los judíos y de los religiosos extranjeros siguieron a Pablo y a Barnabás; los cuales hablándoles, persuadíanles que permaneciesen en la gracia de Dios.

13:44- Y el sábado siguiente juntóse casi toda la ciudad a oir la palabra de Dios.

13:45- Entonces los judíos, vista la compaña, fueron llenos de celo, y contradecían a lo que Pablo decía, contradiciendo y blasfemando.

13:46- Entonces Pablo y Barnabás, usando de libertad, dijeron: A vosotros a la verdad os era menester que se os hablase la palabra de Dios; mas pues que la desecháis, y os juzgáis indignos de la vida eterna, he aquí nosotros nos volvemos a las gentes.

13:47- Porque así nos lo mandó el Señor: He te puesto para luz de las gentes, para que seas por salud hasta lo postrero de la tierra.

13:48- Y las gentes oyendo esto, fueron gozosas, y glorificaban la palabra del Señor; y creyeron todos los que estaban antes ordenados para vida eterna.

13:49- Y la palabra del Señor era sembrada por toda aquella provincia.

13:50- Mas los judíos concitaron mujeres pías y honestas, y a los principales de la ciudad, y levantaron persecución contra Pablo y Barnabás, a los cuales echaron de sus términos.

13:51- Ellos entonces, sacudiendo en ellos el polvo de sus pies, viniéronse a Iconio.

13:52- Y los discípulos eran llenos de gozo, y de Espíritu Santo.

14:1- Y aconteció en Iconio, que entrados juntamente en la sinagoga de los judíos, hablaron de tal manera que creyó una grande multitud de judíos y asimismo de griegos.

14:2- Mas los judíos que fueron incrédulos incitaron y corrompieron los ánimos de las gentes contra los hermanos.

14:3- Con todo eso se detuvieron allí mucho tiempo confiados en el Señor, el cual daba testimonio a la palabra de su gracia, dando que señales y milagros fuesen hechos por las manos de ellos.

14:4- Y el vulgo de la ciudad fue diviso; y unos eran con los judíos, y otros con los apóstoles.

14:5- Y haciendo ímpetu los judíos y las gentes juntamente con sus príncipes para afrentarlos y apedrearlos,

14:6- Entendiéndolo huyéronse a Listra y Derbe, ciudades de Licaonia, y por toda la tierra alderredor.

14:7- Y allí predicaban el evangelio.

14:8- Y un varón de Listra, impotente de los pies, estaba sentado, cojo desde el vientre de su madre, que jamás había andado.

14:9- Éste oyó hablar a Pablo; el cual, como puso los ojos en él, y vio que tenía fe para ser sano,

14:10- Dijo a gran voz: Levántate derecho sobre tus pies. Y él saltó, y anduvo.

14:11- Entonces las compañas, visto lo que Pablo había hecho, alzaron la voz diciendo en lengua licaónica: Dioses semejantes a hombres han descendido a nosotros.

14:12- Y a Barnabás llamaban Júpiter, y a Pablo Mercurio, porque éste era el que hablaba.

14:13- Y el sacerdote de Júpiter, que estaba delante de la ciudad de ellos, trayendo toros y coronas delante de las puertas quería con el pueblo sacrificarlos.

14:14- Lo cual como oyeron los apóstoles Barnabás y Pablo, saltaron a las compañas rotas sus ropas, dando voces,

14:15- Y diciendo: Varones, ¿por qué hacéis esto?. Nosotros también somos hombres semejantes a vosotros, que os anunciamos que de estas vanidades os convirtáis al Dios vivo, que hizo el cielo, y la tierra, y la mar, y todo lo que está en ellos.

14:16- El cual en las edades pasadas ha dejado a todas las gentes andar en sus caminos;

14:17- Aunque no se dejó a sí mismo sin testimonio, bien haciendo, dándonos lluvias del cielo y tiempos fructíferos, hinchiendo de mantenimiento y de alegría nuestros corazones.

14:18- Y diciendo estas cosas apenas apaciguaron las compañas a que no les sacrificasen.

14:19- Entonces sobrevinieron unos judíos de Antioquía y de Iconio que persuadieron a la multitud; y habiendo apedreado a Pablo, trajéronlo arrastrando fuera de la ciudad, pensando que ya estaba muerto.

14:20- Mas rodeándolo los discípulos, levantóse, y entróse en la ciudad; y un día después se partió con Barnabás a Derbe.

14:21- Y como hubieron anunciado el evangelio a aquella ciudad, y enseñado a muchos, volviéronse a Listra, y a Iconio, y a Antioquía,

14:22- Confirmando los ánimos de los discípulos, exhortándolos que permaneciesen en la fe; y enseñándoles que es menester que por muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios.

14:23- Y habiéndoles constituído ancianos en cada una de las iglesias, y habiendo orado con ayunos, encomendáronlos al Señor en el cual habían creído.

14:24- Y pasando por Pisidia vinieron a Pamphylia.

14:25- Y habiendo hablado la palabra del Señor en Perges, descendieron a Attalia.

14:26- Y de allí navegaron a Antioquía, donde habían sido encomendados a la gracia de Dios para la obra que ya habían acabado.

14:27- Y como vinieron, y juntaron la iglesia, relataron cuán grandes cosas había Dios hecho por medio de ellos, y cómo había abierto a las gentes la puerta de la fe.

14:28- Y quedáronse allí mucho tiempo con los discípulos.