Reina Valera 1602

LOS ACTOS DE LOS APÓSTOLES 15-28

15:1-Entonces algunos que venían de Judea enseñaban a los hermanos: Que si no os circuncidáreis, conforme al rito de Moisés, no podéis ser salvos.

15:2- Así que, hecha una sedición y contienda no pequeña a Pablo y a Barnabás contra ellos, determinaron que subiesen Pablo y Barnabás y algunos otros de ellos a los apóstoles y a los ancianos a Jerusalem sobre esta cuestión.

15:3- Ellos pues, acompañados de algunos de la iglesia, pasaron por Fenicia y Samaria, contando la conversión de las gentes; y hacían gran gozo a todos los hermanos.

15:4- Y venidos a Jerusalem, fueron recibidos de la iglesia y de los apóstoles, y de los ancianos; e hiciéronles saber todas las cosas que Dios había hecho por medio de ellos.

15:5- Mas algunos de la secta de los fariseos, que habían creído, se levantaron diciendo: Que es menester circuncidarlos, y mandarles que guarden la ley de Moisés.

15:6- Y juntáronse los apóstoles y los ancianos para conocer de este negocio.

15:7- Y habiendo habido grande contienda, levantándose Pedro, díjoles: Varones hermanos, vosotros sabéis como ya ha algún tiempo que Dios escogió que las gentes oyesen por mi boca la palabra del evangelio, y creyesen.

15:8- Y Dios, que conoce los corazones, les dio testimonio, dándoles el Espíritu Santo también como a nosotros;

15:9- Y ninguna diferencia hizo entre nosotros y ellos, purificando con la fe sus corazones.

15:10- Ahora pues, ¿por qué tentáis a Dios poniendo yugo sobre la cerviz de los discípulos, que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar?

15:11- Antes por la gracia del Señor Jesu Cristo creemos que seremos salvos, como también ellos.

15:12- Entonces toda la multitud calló, y oyeron a Barnabás y a Pablo que contaban cuán grandes maravillas y señales Dios había hecho por medio de ellos entre las gentes.

15:13- Y después que hubieron callado, Jacobo respondió diciendo: Varones hermanos, oídme.

15:14- Simón ha contado como primero Dios visitó las gentes para tomar de ellas pueblo para su nombre.

15:15- Y con esto concuerdan las palabras de los profetas, como está escrito:

15:16- Después de esto volveré, y restauraré la cabaña de David que estaba caída; e instauraré sus ruinas, y volverla he a levantar;

15:17- Para que la resta de los hombres busque al Señor; y todas las gentes sobre las cuales es llamado mi nombre, dice el Señor, que hace todas estas cosas.

15:18- Notorias son a Dios desde el siglo todas sus obras.

15:19- Por lo cual yo juzgo, que los que de las gentes se convierten a Dios, no han de ser inquietados;

15:20- Sino escribirles que se aparten de las contaminaciones de los ídolos, y de fornicación, y de ahogado, y de sangre.

15:21- Porque Moisés desde los tiempos antiguos tiene en cada ciudad quien lo predique en las sinagogas, donde es leído cada sábado.

15:22- Entonces pareció bien a los apóstoles, y a los ancianos con toda la iglesia, elegir varones de ellos y enviarlos a Antioquía con Pablo y Barnabás, a Judas que tenía por sobrenombre Barsabas, y a Silas, varones principales entre los hermanos.

15:23- Y escribir por mano de ellos así: Los apóstoles, y los ancianos, y los hermanos, a los hermanos de las gentes que están en Antioquía, y en Siria, y en Cilicia, salud.

15:24- Por cuanto hemos oído que algunos que han salido de nosotros os han inquietado con palabras trastornando vuestras ánimas, mandando circuncidaros y guardar la ley, a los cuales no mandamos, 

15:25- Ha nos parecido, ayuntados en uno, de elegir varones, y enviarlos a vosotros con nuestros amados Barnabás y Pablo.

15:26- Hombres que han entregado sus vidas por el nombre de nuestro Señor Jesu Cristo.

15:27- Así que enviamos a Judas, y a Silas, los cuales también por palabra os harán saber lo mismo.

15:28- Que ha parecido bien al Espíritu Santo, y a nosotros, de ninguna carga os poner, mas que estas cosas necesarias:

15:29- Que os apartéis de las cosas sacrificadas a ídolos, y de sangre, y de ahogado, y de fornicación; de las cuales cosas, si os guardáreis, haréis bien. Bien hayáis.

15:30- Ellos entonces enviados descendieron a Antioquía, y juntando la multitud dieron la carta.

15:31- La cual como leyeron, fueron gozosos de la consolación.

15:32- Judas también y Silas, como ellos también eran profetas, consolaron y confirmaron los hermanos con abundancia de palabra.

15:33- Y pasando allí algún tiempo fueron enviados de los hermanos a los apóstoles en paz.

15:34- Mas a Silas pareció bien de quedarse allí.

15:35- Y Pablo y Barnabás se estaban en Antioquía enseñando la palabra del Señor, y anunciando el evangelio con otros muchos.

15:36- Y después de algunos días Pablo dijo a Barnabás: Volvamos a visitar los hermanos por todas las ciudades en las cuales hemos anunciado la palabra del Señor, cómo están.

15:37- Y Barnabás quería que tomasen consigo a Juan, el que tenía por sobrenombre Marcos;

15:38- Mas a Pablo parecíale que no iba a ser tomado el que se había apartado de ellos desde Pamphylia, y no había ido con ellos a la obra.

15:39- Y hubo tal contención entre ellos que se apartaron el uno del otro; y Barnabás tomando a Marcos navegó a Cypro.

15:40- Y Pablo escogiendo a Silas, partióse encomendado de los hermanos a la gracia de Dios.

15:41- Y anduvo la Siria y la Cilicia confirmando las iglesias.

16:1- Y vino hasta Derbe, y Listra; y he aquí estaba allí un discípulo llamado Timoteo, hijo de una mujer judía fiel, mas de padre griego.

16:2- De éste daban buen testimonio los hermanos que estaban en Listra y en Iconio.

16:3- Éste quiso Pablo que fuese con él, y tomándolo circuncidólo, por causa de los judíos que estaban en aquellos lugares, porque todos sabían que su padre era griego.

16:4- Y como pasaban por las ciudades, dábanles que guardasen los decretos que habían sido determinados por los apóstoles y los ancianos que estaban en Jerusalem.

16:5- Así que las iglesias eran confirmadas en fe y eran aumentadas en número cada día.

16:6- Y pasando a Phrygia, y la provincia de Galacia, fueles defendido por el Espíritu Santo de hablar la palabra en Asia.

16:7- Y como vinieron en Misia, tentaron de ir a Bithinia, mas no los dejó el Espíritu ir.

16:8- Y pasando a Misia, descendieron a Troas.

16:9- Y fue mostrada a Pablo de noche una visión: Un varón macedonio se puso delante, rogándole, y diciendo: Pasa a Macedonia y ayúdanos.

16:10- Y como vio la visión, luego procuramos partir a Macedonia, certificados que Dios nos llamaba para les anunciásemos el evangelio.

16:11- Y partidos de Troas, venimos camino derecho a Samotracia, y el día siguiente a Nápoles.

16:12- Y de allí a Filipos, que es la primera ciudad de la parte de Macedonia, y es colonia, y estuvimos en aquella ciudad algunos días.

16:13- Y un día de los sábados salimos de la ciudad al río, donde solía ser la oración; y sentándonos hablamos a las mujeres que se habían juntado.

16:14- Entonces una mujer llamada Lidia, que vendía púrpura en la ciudad de los tiatireos, temerosa de Dios, oyó; el corazón de la cual abrió el Señor para que estuviese atenta a lo que Pablo decía.

16:15- Y como fue bautizada, con su casa, rogó nos diciendo: Si habéis juzgado que yo sea fiel al Señor entrad en mi casa, y posad, y constriñónos. 

16:16- Y aconteció que yendo nosotros a la oración, una muchacha que tenía espíritu pitónico nos salió delante, la cual daba grande ganancia a sus amos adivinando.

16:17- Ésta, siguiendo a Pablo y a nosotros, daba voces diciendo: Estos hombres son siervos del Dios Alto, los cuales os anuncian el camino de salud.

16:18- Y esto hacía por muchos días, mas desagradando esto a Pablo, volvióse y dijo al espíritu: Mándote en el nombre de Jesucristo que salgas de ella. Y salió en la misma hora.

16:19- Y viendo sus amos que había salido la esperanza de su ganancia, prendieron a Pablo y a Silas, y trajéronlos a la audiencia, al magistrado.

16:20- Y presentándolos a los magistrados, dijeron: Estos hombres alborotan nuestra ciudad, siendo judíos.

16:21- Y predican ritos, los cuales no nos es lícito recibir ni hacer, pues somos romanos.

16:22- Y concurrió el pueblo contra ellos, y los magistrados rompiéndoles sus ropas mandáronlos azotar con vergas.

16:23- Y después que los hubieron herido de muchos azotes, echáronlos en la cárcel, mandando al carcelero que los guardase con diligencia.

16:24- El cual, recibido este mandamiento, metiólos en la cárcel de más adentro, y apretóles los pies en el cepo.

16:25- Mas a media noche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos; y los que estaban presos los oían.

16:26- Entonces fue hecho de repente un gran terremoto, de tal manera que los cimientos de la cárcel se movían; y luego todas las puertas se abrieron, y las prisiones de todos se soltaron.

16:27-Y despertado el carcelero, como vio abiertas las puertas de la cárcel, sacando el espada queríase matar, pensando que los presos se habían huído.

16:28- Entonces Pablo clamó a gran voz, diciendo: No te hagas ningún mal, que todos estamos aquí.

16:29- Él entonces, pidiendo lumbre, entró dentro; y temblando derribóse a los pies de Pablo y de Silas.

16:30- Y sacándolos fuera, díceles: Señores, ¿qué es menester que yo haga para ser salvo?

16:31- Y ellos le dijeron: Cree en el Señor Jesu Cristo, y serás salvo tu, y tu casa.

16:32- Y habláronle la palabra del Señor, y a todos los que estaban en su casa.

16:33- Y tomándolos él en aquella misma hora de la noche, lavóles los azotes, y bautizóse luego él y todos los suyos.

16:34- Y llevándolos a su casa, púsoles la mesa; y gozóse de que con toda su casa había creído a Dios.

16:35- Y como fue de día, los magistrados enviaron los alguaciles, diciendo: Envía a aquellos hombres.

16:36- Y el carcelero hizo saber estas palabras a Pablo: Que los magistrados han enviado que seáis sueltos, así que ahora salid e id os en paz.

16:37- Entonces Pablo les dijo: Azotados públicamente sin habernos oído, siendo hombres romanos, nos echaron en la cárcel; ¿y ahora nos echan encubiertamente?. No, cierto, sino vengan ellos y sáquennos.

16:38- Y los alguaciles volvieron a decir a los magistrados estas palabras, y hubieron miedo, oído que eran romanos.

16:39- Y viniendo pidiéronles perdón, y sacándolos rogáronles que se saliesen de la ciudad.

16:40- Entonces, salidos de la cárcel, entraron en casa de Lidia, y visitados los hermanos, consoláronlos, y saliéronse.

17:1- Y pasando por Amphipolis y por Apolonia, vinieron a Tesalónica, donde había sinagoga de judíos.

17:2- Y Pablo, como acostumbraba, entró a ellos, y por tres sábados disputó con ellos de las Escrituras.

17:3- Declarando y proponiendo, que convenía que el Cristo padeciese y resucitase de los muertos; y que éste era Jesu Cristo, el cual yo os anuncio.

17:4- Y algunos de ellos creyeron, y se juntaron con Pablo y con Silas; y de los griegos religiosos grande multitud; y mujeres nobles no pocas.

17:5- Entonces los judíos que eran incrédulos, celosos, tomando a algunos ociosos, malos hombres, y juntando compaña, alborotaron la ciudad; y acometiendo la casa de Jasón, procuraban sacarlos al pueblo.

17:6- Y no hallándolos, trajeron a Jasón y a algunos hermanos a los gobernadores de la ciudad dando voces: Que estos son los que alborotan el mundo, y han venido acá.

17:7- A los cuales Jasón ha recibido, y todos estos hacen contra los decretos de César, diciendo que Jesús es otro rey.

17:8- Y alborotaron el pueblo y a los gobernadores de la ciudad oyendo estas cosas.

17:9- Mas recibida satisfacción de Jasón y de los demás, soltáronlos.

17:10- Entonces los hermanos, luego de noche, enviaron a Pablo y a Silas a Berea, los cuales como llegaron, entraron en la sinagoga de los judíos.

17:11- Y fueron éstos más nobles que los judíos que estaban en Tesalónica, que recibieron la Palabra con toda codicia, escudriñando cada día las Escrituras, si estas cosas eran así.

17:12- Así que creyeron muchos de ellos; y mujeres griegas honestas, y varones no pocos.

17:13- Mas como entendieron los judíos de Tesalónica que también en Berea era anunciada la Palabra de Dios por Pablo, vinieron también allá alborotando el pueblo.

17:14- Empero luego los hermanos enviaron a Pablo que fuese como a la mar; y Silas y Timoteo se quedaron allí.

17:15- Y los que habían tomado a cargo a Pablo, lo llevaron hasta Atenas; y tomando mandado de él para Silas y Timoteo, que viniesen a él lo más presto que pudiesen, se partieron.

17:16- Y esperándolos Pablo en Atenas, su espíritu se deshacía en él, viendo la ciudad dada a idolatría.

17:17- Así que disputaba en la sinagoga con los judíos y religiosos, y en la plaza cada día con los que le ocurrían.

17:18- Y algunos filósofos de los epicúreos y de los estóicos disputaban con él, y unos decían: ¿Qué quiere decir este palabrero?. Y otros: Parece que es predicador de nuevos dioses; porque les predicaba a Jesús y la resurrección.

17:19- Y tomándolo, trajéronlo al Aerópago, diciendo: ¿Podemos saber qué sea esta nueva doctrina que dices?

17:20- Porque metes en nuestras orejas unas nuevas cosas; queremos pues saber qué quiere ser esto.

17:21- Entonces todos los atenienses y los huéspedes extranjeros, en ninguna otra cosa entendían, sino o en decir o en oir alguna cosa nueva.

17:22- Estando pues Pablo en medio del Aerópago, dijo: Varones atenienses, en todo os veo como más supersticiosos.

17:23- Porque pasando y mirando vuestros santuarios, hallé también un altar en el cual estaba esta inscripción: Al Dios no conocido. Aquél pues que vosotros honráis sin conocerlo, a éste os anuncio yo.

17:24- El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él son, éste como sea Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos de manos.

17:25- Ni es honrado con manos de hombres, necesitado de algo; pues él da a todos vida y respiración, y todas las cosas.

17:26- El cual hizo de uno a todo el linaje de los hombres, para que habitasen sobre toda la haz de la tierra, determinando las sazones (las cuales limitó), y puestos los términos de la habitación de ellos.

17:27- Para que buscasen a Dios, si en alguna manera palpando lo hallen; aunque cierto no está lejos de cada uno de nosotros.

17:28- Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos; como también algunos de vuestros poetas dijeron: Porque linaje de éste somos también.

17:29- Siendo pues linaje de Dios, no habemos de estimar la Divinidad ser semejante o a oro, o a plata o a piedra, o a escultura de artificio, o de imaginación de hombres.

17:30- Así que, disimulando Dios los tiempos de esta ignorancia, ahora denuncia a todos los hombres que se arrepientan.

17:31- Por cuanto ha establecido un día en el cual ha de juzgar con justicia a todo el mundo por aquél varón al cual determinó, dando fe a todos levantándolo de los muertos.

17:32- Y como oyeron la resurrección de los muertos, unos entonces se burlaban, y otros decían: Oirte hemos acerca de esto otra vez.

17:33- Y así Pablo se salió en medio de ellos.

17:34- Mas algunos creyeron, juntándose con él; entre los cuales también fue Dionisio el del Aerópago, y una mujer llamada Damaris, y otros con ellos.

18:1- Pasadas estas cosas, Pablo se partió de Atenas, y vino a Corinto.

18:2- Y hallando a un judío llamado Aquila, natural del Ponto, que había poco que había venido de Italia, y a Priscila su mujer (porque Claudio había mandado que todos los judíos saliesen de Roma) vinose a ellos.

18:3- Y porque era de su oficio, posó con ellos, y trabajaba; porque el oficio de ellos era hacer tiendas.

18:4- Y disputaba en la sinagoga todos los sábados, y persuadía a judíos y a griegos.

18:5- Y como Silas y Timoteo vinieron de Macedonia, Pablo era constreñido del espíritu, testificando a los judíos que Jesús era el Cristo.

18:6- Y contradiciendo y blasfemando ellos, díjoles sacudiendo sus vestidos: Vuestra sangre sea sobre vuestra cabeza; yo limpio, desde ahora me iré a las gentes.

18:7- Y partiendo de allí, entró en cada de uno llamado Justo, temeroso de Dios, la casa del cual estaba junto a la sinagoga.

18:8- Y Crispo, el prepósito de la sinagoga, creyó al Señor con toda su casa; y muchos de los corintios oyendo creían, y eran bautizados.

18:9- Entonces el Señor dijo de noche en visión a Pablo: No temas, sino habla, y no calles.

18:10- Porque yo estoy contigo, y ninguno te podrá hacer mal, porque yo tengo mucho pueblo en esta ciudad.

18:11- Y asentó allí un año y seis meses enseñándoles la Palabra de Dios.

18:12- Y siendo Galión procónsul de Acaya, los judíos se levantaron de un ánimo contra Pablo, y trajéronlo al tribunal,

18:13- Diciendo: Que éste persuade a los hombres honrar a Dios contra la ley.

18:14- Y comenzando Pablo a abrir la boca, Galión dijo a los judíos: Si fuera algún agravio, o algún crímen enorme, o judíos, conforme a derecho yo os tolerara,

18:15- Mas si son cuestiones de palabras, y de nombres, y de vuestra ley, vedlo vosotros; porque yo no quiero ser juez de estas cosas.

18:16- Y echólos del tribunal.

18:17- Entonces todos los griegos, tomando a Sóstenes, prepósito de la sinagoga, heríanlo delante del tribunal; y a Galión nada se le daba de ello.

18:18- Mas Pablo, habiendo esperado aún allí muchos días, despidiéndose de los hermanos, navegó en Siria, y con él Priscila y Aquila, habiéndo trasquilándose la cabeza en Cencreas, porque tenía voto.

18:19- Y llegó a Efesos, y dejólos allí; y él, entrando en la sinagoga, disputó con los judíos.

18:20- Los cuales, rogándole que se quedase con ellos más tiempo, no se lo concedió.

18:21- Antes se despidió de ellos, diciendo: Es menester que en todo caso tenga la fiesta que viene en Jerusalem; mas otra vez volveré a vosotros, queriendo Dios. Y partióse de Efeso.

18:22- Y descendido a Cesarea, subió a Jerusalem y saludó a la iglesia, y descendió a Antioquía.

18:23- Y habiendo estado allí algún tiempo, partióse, andando por orden la provincia de Galacia, y la Frigia, confirmando a todos los discípulos.

18:24- Llegó entonces a Efeso un judío llamado Apolos, natural de Alejandría, varón elocuente, poderoso en las Escrituras.

18:25- Éste era instruído en el camino del Señor, y ferviente de espíritu hablaba y enseñaba diligentemente las cosas que son del Señor, enseñado solamente en el bautismo de Juan.

18:26- Y comenzó a tratar confiadamente en la sinagoga, al cual como oyeron Priscila y Aquila, tomáronlo, y declaráronle más particularmente el camino de Dios.

18:27- Y queriendo él pasar en Acaya, los hermanos exhortados escribieron a los discípulos que lo recibiesen; y venido él, aprovechó mucho por la gracia a los que habían creído.

18:28- Porque con gran vehemencia convencía públicamente a los judíos, mostrando por las Escrituras que era el Cristo.

19:1- Y aconteció, que entretanto que Apolos estaba en Corinto, Pablo, andadas las regiones superiores, vino a Efeso, donde hallando ciertos discípulos,

19:2- díjoles: ¿Habéis recibido al Espíritu Santo después que creísteis?. Y ellos le dijeron: Antes ni aún hemos oído si hay Espíritu Santo.

19:3- Entonces les dijo: ¿En qué pues sois bautizados?. Y ellos dijeron: En el bautismo de Juan.

19:4- Y dijo Pablo: Juan bautizó con bautismo de penitencia, diciendo al pueblo que creyesen en el que había de venir después de él, es a saber, en Jesús el Cristo.

19:5- Oídas estas cosas, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús.

19:6- Y como Pablo les puso las manos encima, vino sobre ellos el Espíritu Santo, y hablaban en lenguas y profetizaban.

19:7- Y eran estos varones todos como doce.

19:8- Y entrado él dentro de la sinagoga, hablaba libremente por espacio de tres meses, disputando y persuadiendo del reino de Dios.

19:9- Mas endureciéndose algunos, y no creyendo, maldiciendo el camino del Señor delante de la multitud, apartándose de ellos apartó los discípulos, disputando cada día en la escuela de un señor (de nombre Tyranno según notas de Cipriano de Valera).

19:10- Y esto por dos años, de tal manera que todos los que habitaban en Asia, judíos y griegos, oyeron la palabra del Señor Jesús.

19:11- Y hacía Dios maravillas no cualesquiera por la mano de Pablo.

19:12- De tal manera que aún se llevasen sobre los enfermos los sudarios y los pañuelos de su cuerpo, y las enfermedades se iban de ellos, y los malos espíritus salían de ellos.

19:13- Y algunos de los judíos, exorcistas vagabundos, tentaron a invocar el nombre del Señor Jesús sobre los que tenían espíritus malos, diciendo: Conjuramos os por Jesús, el que Pablo predica.

19:14- Y había unos siete hijos de un Sceva, judío príncipe de los sacerdotes, que hacían esto.

19:15- Y respondiendo el espíritu malo, dijo: A Jesús conozco, y a Pablo sé; mas vosotros ¿quién sois?.

19:16- Y el hombre en quien estaba el espíritu malo, saltando en ellos y enseñoreándose de ambos, pudo más que ellos; de tal manera que huyeron de aquella casa desnudos y heridos.

19:17- Y esto fue notorio a todos, así judíos como griegos, los que habitaban en Efeso; y cayó temor sobre todos ellos, y era ensalzado el nombre del Señor Jesús.

19:18- Y muchos de los que habían creído venían confesando y dando cuenta de sus hechos.

19:19- Asimismo, muchos de los que habían seguido curiosidades, trajeron los libros, y quemáronlos delante de todos; y echada cuenta del precio de ellos, hallaron que montaban cincuenta mil dineros.

19:20- Así crecía poderosamente la palabra del Señor, y prevalecía.

19:21- Y acabadas estas cosas, propuso Pablo por Espíritu de, andada Macedonia y Acaya, partirse a Jerusalem, diciendo: Después que hubiere estado allá me será menester ver también a Roma.

19:22- Y enviando a Macedonia a dos de los que le ayudaban, es a saber Timoteo y Erasto, él se estuvo por algún tiempo en Asia.

19:23- Entonces hubo un alboroto no pequeño acerca del camino del Señor.

19:24- Porque un platero llamado Demetrio, el cual hacía de plata templos de Diana, daba a los artífices no poca ganancia.

19:25- A los cuales juntados con los oficiales de semejante oficio, dijo: Varones, ya sabéis que de este oficio tenemos ganancia.

19:26- Y veis y oís que este Pablo, no solamente en Efeso, mas aún grande multitud de casi toda la Asia, aparta con persuasión diciendo: Que no son dioses los que se hacen con las manos.

19:27- Y no solamente hay peligro que esta ganancia se nos vuelva en reproche, mas aún también que el templo de la grande diosa Diana sea estimado en nada, y comience a ser destruída su majestad, la cual honra toda la Asia y el mundo.

19:28- Oídas estas cosas, hinchiéronse de ira, y dieron alarido, diciendo: ¡Grande Diana de los efesios!

19:29- Y toda la ciudad de hinchió de confusión, y unánimes arremetieron al teatro, arrebatando a Gayo y a Aristarco, macedonios compañeros de Pablo.

19:30- Y queriendo Pablo salir al pueblo, los discípulos no lo dejaron.

19:31- También algunos de los principales de Asia, que eran sus amigos, enviaron a él rogando que no se presentase en el teatro.

19:32- Y otros gritaban otro, porque el ayuntamiento era confuso, y los más no sabían por qué se habían juntado.

19:33- Y sacaron de entre la multitud a Alejandro, reempujándolo los judíos. Entonces Alejandro, pedido silencio con la mano, quería dar razón al pueblo.

19:34- Al cual como conocieron que era judío, fue hecha una voz de todos que gritaron casi por dos horas: Grande Diana de los efesios.

19:35- Entonces el escribano, apaciguando las compañas, dijo: Varones efesios, porque ¿quién hay de los hombres que no sepa que la ciudad de los efesios es honradora de la grande diosa Diana, y de la imágen venida de Júpiter?

19:36- Así que pues esto no puede ser contradicho, conviene que os apacigüeis, y que nada hagáis temerariamente.

19:37- Que habéis traído a estos hombres, ni sacrílegos ni blasfemadores de vuestra diosa.

19:38- Que si Demetrio y los oficiales que están con él tienen negocio con alguno, audiencias se hacen, y procónsules hay, acúsense los unos a los otros.

19:39- Y si demandáis alguna otra cosa, en legítimo ayuntamiento se puede despachar.

19:40- Que peligro hay de que no seamos argüidos de sedición por hoy, no habiendo ninguna causa por la cual podamos dar razón de este concurso. Y habiendo dicho esto despidió el ayuntamiento.

20:1- Y después que cesó el alboroto, llamando Pablo los discípulos, habiéndolos exhortado, despidióse y partióse para ir a Macedonia.

20:2- Y después que hubo andado aquellas partes, y exhortándolos con abundancia de palabra, vino a Grecia.

20:3- Donde habiendo estado tres meses, habiendo de navegar en Siria, fueronle puestas asechanzas por los judíos; y tomó consejo de volverse por Macedonia.

20:4- Y acompañáronlo hasta Asia Sopater bereense, y tesalonicenses Aristarco y Segundo, y Gayo derbeo, y Timoteo, y asianos Tíquico y Trofimo.

20:5- Éstos, yendo delante, esperaron nos en Troas.

20:6- Y nosotros, pasados los días de los panes sin levadura, navegamos de Filipos, y vinimos a ellos a Troas en cinco días, donde estuvimos siete días.

20:7- Y el primero de los sábados (Nota de Cipriano de Valera: "que es nuestro domingo"), juntos los discípulos a partir el pan, Pablo les enseñaba, habiendo de partirse el día siguiente; y alargó el sermon hasta la media noche.

20:8- Y había muchas lámparas en el cenadero donde estaban ayuntados.

20:9- Y un mancebo llamado Eutico, que estaba sentado en una ventana, tomado de un sueño profundo, como Pablo disputaba luengamente, derribado del sueño cayó desde el tercer cenadero abajo, y fue alzado muerto.

20:10- Al cual como Pablo descendiese, derribóse sobre él, y abrazándolo dijo: No os alborotéis, que su alma está en él.

20:11- Y subiendo, y partiendo el pan, y gustando, habló luengamente hasta el alba, y así se partió.

20:12- Y trajeron al mozo vivo, y fueron consolados no poco.

20:13- Y nosotros, subiendo en el navío, navegamos a Asón para recibir de allí a Pablo; porque así había determinado de venir por tierra.

20:14- Y como se juntó con nosotros en Asón, tomándolo vinimos a Mitilene.

20:15- Y navegando de allí, el día siguiente vinimos delante de Chio, y otro día tomamos puerto en Samo; y habiendo reposado en Trogilio, el día siguiente vinimos a Mileto.

20:16- Porque Pablo había propuesto de pasar adelante de Efeso, por no detenerse en Asia; porque se apresuraba por hacer el día de Pentecostés, si le fuese posible, en Jerusalem.

20:17- Y enviando desde Mileto a Efeso, hizo llamar a los ancianos de la iglesia.

20:18- Los cuales como vinieron a él, díjoles: Vosotros sabéis que desde el primer día que entré en Asia, cómo he sido con vosotros por todo el tiempo.

20:19- Sirviendo al Señor con toda humildad, y con muchas lágrimas y tentaciones que me han venido por las asechanzas de los judíos.

20:20- Cómo nada que os fuese útil he rehuído de anunciaros y enseñaros públicamente, y por las casas;

20:21- Testificando a los judíos y a las gentes la conversión a Dios, y la fe en nuestro Señor Jesucristo.

20:22- Y ahora he aquí, que yo atado del Espíritu, voy a Jerusalem sin saber lo que allá me ha de acontecer.

20:23- Mas que el Espíritu Santo por todas las ciudades me da testimonio, diciendo: Que prisiones y tribulaciones me esperan.

20:24- Mas de ninguna cosa hago caso ni estimo mi vida mas que a mi; solamente que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios.

20:25- Y ahora he aquí, yo sé que ninguno de todos vosotros, por quien ha pasado predicando el reino de Dios, verá más mi rostro.

20:26- Por tanto yo os protesto el día de hoy, que yo soy limpio de la sangre de todos.

20:27- Porque no he rehuído de anunciaros todo el consejo de Dios.

20:28- Por tanto mirad por vosotros y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia de Dios, la cual ganó por su sangre.

20:29- Porque yo sé, que después de mi partida, entrarán en vosotros graves lobos que no perdonarán al ganado.

20:30- Y que de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas, para llevar discípulos tras sí.

20:31- Por tanto, velad, acordando os que por tres años, de noche y de día, no he cesado de amonestar con lágrimas a cada uno de vosotros.

20:32- Y ahora también, hermanos, encomiendo os a Dios, y a la palabra de su gracia; el cual es poderoso para sobreedificar y daros heredad con todos los santificados.

20:33- La plata, o el oro, o el vestido, de nadie he codiciado.

20:34- Antes vosotros sabéis que para lo que me ha sido necesario, y a los que están conmigo, estas manos me han servido.

20:35- En todo os he enseñado: Que trabajando así es necesario sobrellevar a los enfermos; y acordarnos del dicho del Señor Jesús, el cual dijo: Bienaventurada cosa es dar antes que recibir.

20:36- Y como hubo dicho estas cosas, puesto de rodillas, oró con todos ellos.

20:37- Entonces hubo un gran lloro de todos, y derribándose sobre el cuello de Pablo, besábanlo,

20:38- Doliéndose en gran manera por la palabra que dijo, que no habían de ver más su rostro. Y acompañáronlo al navío.

21:1- Y como navegamos arrancados de ellos, vinimos camino derecho a Cos, y el día siguiente a Rodas, y de allí a Patara.

21:2- Y hallando un navío que pasaba a Fenicia, embarcámonos en él y partimos.

21:3- Y como comenzó a mostrarsenos Cipro (Chipre), dejándola a mano izquierda, navegamos a Siria, y vinimos a Tiro; porque la nao había de descargar allí su carga.

21:4- Y quedamos nos allí siete días, hallados los discípulos, los cuales decían a Pablo por Espíritu que no subiese a Jerusalem.

21:5- Y cumplidos aquellos días, partímosnos, acompañándonos todos con sus mujeres e hijos hasta fuera de la ciudad; y puestos de rodillas en la ribera, oramos.

21:6- Y abrazándonos los unos a los otros, subimos en el navío, y ellos se volvieron a sus casas.

21:7- Y nosotros, cumplida la navegación, vinimos de Tiro a Tolemaida; y habiendo saludado a los hermanos, quedámosnos con ellos un día.

21:8- Y otro día, partidos Pablo y los que con él estábamos, vinimos a Cesárea; y entrando en casa de Felipe el evangelista, el cual era uno de los siete, posamos con él.

21:9- Y éste tenía cuatro hijas doncellas que profetizaban.

21:10- Y reposando nosotros allí por muchos días, descendió de Judea un profeta llamado Agabo.

21:11- El cual como vino a nosotros, tomó la cinta de Pablo, y atándose los pies y las manos, dijo: Esto dice el Espíritu Santo: Al varón cuya es esta cinta, así lo atarán los judíos en Jerusalem, y lo entregarán en manos de las gentes.

21:12- Lo cual como oímos, rogamos nosotros, y los que estaban en aquel lugar, que no subiese a Jerusalem.

21:13- Entonces Pablo respondió: ¿Qué hacéis llorando y afligiéndome el corazón?, porque yo no solo a ser atado, mas aún a morir en Jerusalem estoy presto por el nombre del Señor Jesús.

21:14- Y como no le pudimos persuadir, reposámosnos, diciendo: Hágase la voluntad del Señor.

21:15- Y después de estos días, apercibidos, subimos a Jerusalem.

21:16- Y vinieron también con nosotros de Cesárea algunos de los discípulos, trayendo consigo a un Mnasón ciprio (chipriota), discípulo antiguo con el cual posásemos.

21:17- Y como llegamos a Jerusalem, los hermanos nos recibieron de buena voluntad.

21:18- Y el día siguiente Pablo entró con nosotros a Jacobo, y todos los ancianos se juntaron.

21:19- A los cuales, como los hubo saludado, contó por menudo lo que Dios había hecho entre las gentes por su ministerio.

21:20- Y ellos, como lo oyeron, glorificaron al Señor; y dijéronle: Ya ves, hermano, cuántos millares de judíos son los que han creído, mas todos son celadores de la ley.

21:21- Y han oído de ti por relación de otros, que enseñas a apartarse de Moisés a todos los judíos que están entre las gentes, y que dices que no han de circuncidar sus hijos, ni andar según la costumbre.

21:22- ¿Qué hay pues?. En todo caso es menester que la multitud se junte, porque oirán que has venido.

21:23- Haz pues esto que te decimos: Hay entre nosotros cuatro varones que tienen voto sobre sí.

21:24- Tomando a éstos, santifícate con ellos, y gasta con ellos para que se raigan sus cabezas, y que todos entiendan que no hay nada de lo que de ti han oído por fama; mas que tu también andas guardando la ley.

21:25- Empero cuanto a los que de las gentes han creído, nosotros hemos escrito; y determinamos que no guarden nada de esto; solamente que se abstengan de lo que fuere sacrificado a los ídolos, y de sangre, y de ahogado, y de fornicación.

21:26- Entonces Pablo, tomando a aquellos varones, santificado el día siguiente, entró en el templo, denunciando ser cumplidos los días de la santificación, hasta ser ofrecida ofrenda por cada uno de ellos.

21:27- Y como se acababan los siete días, unos judíos de Asia, como lo vieron en el templo, alborotaron todo el pueblo y echáronle mano.

21:28- Dando voces: Varones israelitas, ayudad; este es el hombre que por todas partes enseña a todos contra el pueblo y la ley y este lugar; y aún de más de esto ha metido los gentiles en el templo, y ha contaminado este santo lugar.

21:29- (Porque antes habían visto a Trofimo, efesio, en la ciudad con él, el cual pensaban que Pablo había metido en el templo).

21:30- Así que toda la ciudad se alborotó, e hízose un concurso de pueblo; y tomando a Pablo, traíanlo arrastrando fuera del templo, y luego las puertas fueron cerradas.

21:31- Y procurando ellos de matarlo, fue dado aviso al tribuno de la compañía, que toda la ciudad de Jerusalem estaba alborotada.

21:32- El cual luego tomando soldados y centuriones, corrió a ellos. Y ellos, como vieron al tribuno y a los soldados, cesaron de herir a Pablo.

21:33- Entonces llegando el tribuno, prendiólo, y mandólo atar con dos cadenas; y preguntóle quién era, y qué había hecho.

21:34- Y otros daban voces de otra manera en la compaña; y como no podía entender nada de cierto a causa del alboroto, mandólo llevar al real (Nota de Cipriano de Valera: a la fortaleza).

21:35- Y como llegó a la gradas, aconteció que fue llevado acuestas de los soldados, a causa de la violencia del pueblo.

21:36- Porque multitud de pueblo venía detrás dando voces: Mátalo.

21:37- Y como comenzaron a meter a Pablo en el real, dice al tribuno: ¿Serme ha lícito hablarte algo?. Y él dijo: ¿Griego sabes?

21:38- ¿No eres tu aquel egipcio que levantaste una sedición antes de estos días, y sacaste al desierto cuatro mil hombres salteadores?

21:39- Entonces Pablo le dijo: Yo cierto soy hombre judío, vecino de Tarso, ciudad célebre de Cilicia; empero ruegote que me permitas que hable al pueblo.

21:40- Y como él se lo permitió, Pablo, estando en pie en las gradas, hizo señal con la mano al pueblo; y hecho grande silencio habló en lengua hebrea, diciendo:

22:1- Varones hermanos, y padres, oíd la razón que ahora os doy.

22:2- (Y como oyeron que les hablaba en lengua hebrea, diéronle más silencio, y dijo:)

22:3- Yo cierto soy judío, nacido en Tarso de Cilicia, mas criado en esta ciudad a los pies de Gamaliel, enseñado conforme a la verdad de la ley de la patria, celoso de la ley, como todos vosotros sois hoy.

22:4- Que he perseguido este camino hasta la muerte, prendiendo y entregando en cárceles varones y mujeres.

22:5- Como también el príncipe de los sacerdotes me es testigo, y todos los ancianos; de los cuales tomando letras a los hermanos, iba a Damasco para traer también presos a Jerusalem, a los que estuviesen allí, para que fuesen punidos.

22:6- Mas aconteció que yendo yo, y llegando cerca de Damasco, como a medio día, de repente me rodeó mucha luz del cielo.

22:7- Y caí en el suelo, y oí una voz que me decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?

22:8- Yo entonces respondí: ¿Quien eres, Señor?. Y díjome: Yo soy Jesús el nazareno, a quien tu persigues.

22:9- Y los que estaban conmigo vieron a la verdad la luz y se espantaron, mas no oyeron la voz del que hablaba conmigo.

22:10- Y dije: ¿Qué haré, Señor?. Y el Señor me dijo: Levántate, y ve a Damasco, y allí te será dicho todo lo que te conviene hacer.

22:11- Y como yo no veía por causa de la claridad de la luz, llevado de la mano por los que estaban conmigo, vine a Damasco.

22:12- Entonces un Ananías, varón pío conforme a la ley, que tenía tal  testimonio de todos los judíos que allí moraban,

22:13- Viniendo a mi y presentándose, díjome: Saulo, hermano, recibe la vista. Y yo en aquella hora lo miré.

22:14- Y él dijo: El Dios de nuestros padres te ha predestinado para que conocieses su voluntad, y vieses a aquel Justo, y oyeses la voz de su boca.

22:15- Porque has de ser testigo suyo a todos los hombres de lo que has visto y oído.

22:16- Ahora pues, ¿por qué te detienes?. Levántate y bautízate, y lava tus pecados invocando su nombre.

22:17- Y acontecióme, vuelto a Jerusalem, que orando en el templo, fui arrebatado fuera de mi.

22:18- Y lo vi que me decía: Date prisa, y sal prestamente fuera de Jerusalem; porque no recibirán tu testimonio de mi.

22:19- Y yo dije: Señor, ellos saben que yo encerraba en cárcel, y hería por las sinagogas a los que creían en ti;

22:20- Y cuando se derramaba la sangre de Esteban tu testigo, yo también estaba presente y consentía a su muerte, y guardaba las ropas de los que lo mataban.

22:21- Y díjome: Ve, porque yo te tengo de enviar lejos a las gentes.

22:22- Y oyéronlo hasta esta palabra; entonces alzaron la voz, diciendo: Quita de la tierra a un tal hombre, porque no conviene que viva.

22:23- Y dando ellos voces, y arrojando sus ropas, y echando polvo al aire.

22:24- Mandó el tribuno que lo llevasen al real, y mandó que fuese examinado con azotes, para saber por qué causa clamaban así contra él.

22:25- Y como lo ataron con correas, Pablo dijo al centurión que estaba presente: ¿Es os lícito azotar a un hombre romano sin ser condenado?

22:26- Y como el centurión oyó esto, fue al tribuno y dióle aviso, diciendo: ¿Qué has de hacer?, porque este hombre es romano.

22:27- Y viniendo el tribuno, díjole: Dime, ¿eres tu romano?. Y él dijo: Sí.

22:28- Y respondió el tribuno: Yo con mucha suma alcancé esta ciudad. Entonces Pablo dijo: Y yo aún soy nacido.

22:29- Así que luego se apartaron de él los que lo habían de atormentar; y aún el tribuno también tuvo temor, entendido que era romano, por haberlo atado.

22:30- Y el día siguiente, queriendo saber de cierto la causa porque era acusado de los judíos, soltólo de las prisiones, y mandó venir a los príncipes de los sacerdotes y a todo su concilio; y sacando a Pablo, presentólo delante de ellos.

23:1- Entonces Pablo, poniendo los ojos en el concilio, dice: Varones hermanos, yo con toda buena conciencia he conversado delante de Dios hasta el día de hoy.

23:2- El príncipe de los sacerdotes, Ananías, entonces mandó a los que estaban delante de él que lo hiriesen en la boca.

23:3- Entonces Pablo le dijo: Herirte ha Dios, pared blanqueada, ¿y tu estás sentado juzgándome conforme a la ley, y contra la ley me mandas herir?

23:4- Y los que estaban presentes dijeron: ¿Al sumo sacerdote de Dios maldices?

23:5- Y Pablo dijo: No sabía, hermanos, que era el príncipe de los sacerdotes; que escrito está: Al príncipe de tu pueblo no maldecirás.

23:6- Entonces Pablo, sabiendo que la una parte era de saduceos, y la otra de fariseos, clamó en el concilio: Varones hermanos, yo fariseo soy, hijo de fariseo, de la esperanza y de la resurrección de los muertos soy yo juzgado.

23:7- Y como hubo dicho esto, fue hecha disensión entre los fariseos y los saduceos; y la multitud fue divisa (dividida).

23:8- (Porque los saduceos dicen que no hay resurrección, ni ángel, ni espíritu; mas los fariseos confiesan ambas cosas).

23:9- Y lenvatóse un gran clamor; y levantándose los escribas de la parte de los fariseos, contendían diciendo: Ningún mal hallamos en este hombre, que si espíritu le ha hablado, o ángel, no repugnemos a Dios.

23:10- Y habiendo grande disensión, el tribuno, habiendo temor que Pablo no fuese despedazado de ellos, mandó venir una compañía de soldados y arrebatarlo de en medio de ellos, y llevarlo al real.

23:11- Y la noche siguiente, presentándosele el Señor, díjole: Confía Pablo, que como has testificado de mi en Jerusalem, así te conviene testificar también en Roma.

23:12- Y venido el día, algunos de los judíos se juntaron y prometieron debajo de maldición, diciendo que ni comerían ni beberían hasta que hubiesen muerto a Pablo.

23:13- Y eran más de cuarenta los que habían hecho esta conjuración.

23:14- Los cuales se fueron a los príncipes de los sacerdotes y a los ancianos, y dijeron: Nosotros hemos hecho voto debajo de maldición, que no hemos de gustar nada hasta que hayamos muerto a Pablo.

23:15- Ahora pues vosotros con el concilio, haced saber al tribuno que lo saque mañana a vosotros, como que queréis entender de él alguna cosa más cierta; y nosotros, antes que él llegue, estamos aparejados para matarlo.

23:16- Entonces un hijo de la hermana de Pablo, oyendo las asechanzas, vino y entró en el real, y dió aviso a Pablo.

23:17- Y Pablo, llamando a uno de los centuriones, dice: Lleva a este mancebo al tribuno, porque tiene cierto aviso que darle.

23:18- Él entonces tomándolo, llevólo al tribuno, y dijo: El preso Pablo, llamándome, me rogó que trajese a ti este mancebo, que tiene algo que hablarte.

23:19- Y el tribuno, tomándolo de la mano y apartándose aparte con él, preguntóle: ¿Qué es lo que tienes de que darme aviso?

23:20- Y él dijo: Los judíos han concertado de rogarte que mañana saques a Pablo al concilio, como que han de inquirir de él alguna cosa más cierta.

23:21- Mas tu no los creas; porque más de cuarenta varones de ellos lo asechan, los cuales han hecho voto, debajo de maldición, de no comer ni beber hasta que lo hayan muerto; y ahora están apercibidos esperando tu promesa.

23:22- Entonces el tribuno despidió al mancebo, mandándole que a nadie dijese que le había dado aviso de esto.

23:23- Y llamados dos centuriones, mandóles que apercibiesen doscientos soldados, que fuesen hasta Cesárea, y setenta de caballo con los doscientos (lanceros - Nota de Cipriano de Valera) que lo acompañasen desde las tres horas de la noche.

23:24- Y que aparejasen cabalgaduras para en que poniendo a Pablo, lo llevasen en salvo a Félix el presidente.

23:25- Escribiendo una letra, que en suma contenía esto:

23:26- Claudio Lisias a Félix gobernador excelente, salud.

23:27- A este varón, tomado de los judíos, y que lo comenzaban a matar, libré yo, sobreviniendo con una compañía de soldados, entendiendo que era romano.

23:28- Y queriendo saber la causa porque lo acusaban, llevélo al concilio de ellos.

23:29- Y hallé que lo acusaban de algunas cuestiones de la ley de ellos, y que ningún crímen tenía digno de muerte o de prisión.

23:30- Mas siéndome dado aviso de asechanzas que le habían aparejado los judíos, en la misma hora lo envié a ti; y he denunciado también a los acusadores que traten delante de ti lo que tienen contra él. Bien hayas.

23:31- Y los soldados, tomando a Pablo como les era mandado, trajéronlo de noche a Antipatris.

23:32- Y el día siguiente, dejando a los de caballo que fuesen con él, se volvieron al real.

23:33- Y como llegaron a Cesárea, y dieron la carta al presidente, presentaron también a Pablo delante de él.

23:34- Y el presidente, leída la carta, preguntó de qué provincia era; y entendiendo que de Cilicia,

23:35- Oirte he, dice, cuando vinieren también tus acusadores. Y mandó que lo encarcelasen en el audiencia de Herodes.

24:1-Y cinco días después descendió el príncipe de los sacerdotes Ananías, con los ancianos; y Tertulo, un orador; y parecieron delante del presidente contra Pablo.

24:2- Y citándolo, Tertulo comenzó de acusar, diciendo:

24:3- Como sea así que por causa tuya vivamos en grande paz, y muchas cosas sean bien gobernadas en el pueblo por tu prudencia, siempre y en todo lugar lo recibimos con todo hacimiento de gracias, oh excelente Félix.

24:4- Empero por no impedirte más luengamente, ruégote que nos oigas brevemente conforme a tu equidad.

24:5- Porque hemos hallado que este hombre es pestilencial, y levantador de sediciones a todos los judíos por todo el mundo, y príncipe de la sediciosa secta de los nazarenos.

24:6- El cual también tentó a violar el templo; y prendiéndolo quisímoslo juzgar conforme a nuestra ley.

24:7- Mas interviniendo el tribuno Lisias, con grande violencia lo quitó de nuestras manos.

24:8- Mandando a sus acusadores que viniesen a ti, del cual tu mismo juzgando podrás entender todas estas cosas de que lo acusamos.

24:9- Y añadieron los judíos, diciendo estas cosas ser así.

24:10- Entonces Pablo, haciéndole señal el presidente que hablase, respondió: Porque sé que ha muchos años que eres gobernador de esta nación, con buen ánimo satisfaré por mi.

24:11- Que tu puedes entender que no ha más de doce días que subí a adorar a Jerusalem.

24:12- Y ni me hallaron en el templo disputando con ninguno, ni haciendo concurso de multitud, ni en sinagogas, ni en la ciudad.

24:13- Ni te pueden probar las cosas de que ahora me acusan.

24:14- Esto empero te confieso, que conforme a aquel camino que llaman secta, así sirvo al Dios de mi patria, creyendo todas las cosas que en la ley y en los profetas están escritas,

24:15- Teniendo esperanza en Dios que ha de haber resurrección de los muertos, así de justos e injustos, que ellos esperan.

24:16- Y por esto yo procuro tener conciencia sin escrúpulo siempre acerca de Dios y acerca de los hombres.

24:17- Mas pasados muchos años, vine a hacer limosnas y ofrendas a mi nación,

24:18- Cuando me hallaron santificado en el templo (no con multitud, ni con alboroto) unos judíos de Asia;

24:19- Los cuales convenía que fueran presentes delante de ti, y acusar, si contra mi tenían algo.

24:20- O estos mismos digan si hallaron en mi alguna cosa mal hecha cuando yo estuve en el concilio.

24:21- Sino de esta sola voz que clamé estando entre ellos: Que de la resurrección de los muertos soy hoy juzgado de vosotros.

24:22- Entonces oídas estas cosas, Félix les puso dilación, diciendo: Después que sea más informado de esta secta, cuando descendiere el tribuno Lisias, acabaré de conocer de vuestro negocio.

24:23- Y mandó al centurión que Pablo fuese guardado, suelto de las prisiones, y que no defendiese a ninguno de sus familiares de servirle o venir a él.

24:24- Y algunos días después, viniendo Félix con Drusila su mujer, la cual era judía, llamó a Pablo, y oyó de él la fe que es en Cristo.

24:25- Y disputando él de la justicia, y de la continencia, y del juicio venidero, espantado Félix, respondió: Ahora vete, mas en teniendo oportunidad te llamaré.

24:26- Esperando también con esto, que de parte de Pablo le serían dados dineros, porque lo soltase; por lo cual haciéndolo venir muchas veces, hablaba con él.

24:27- Mas cumplidos los dos años, Félix recibió por sucesor a Porcio Festo; y queriendo Félix ganar la gracia de los judíos, dejó preso a Pablo.

25:1- Festo pues, entrado en la provincia, tres días después subió de Cesárea a Jerusalem.

25:2- Y vinieron a él el príncipe de los sacerdotes y los principales de los judíos contra Pablo, y rogáronle,

25:3- Pidiendo gracia contra él, que lo hiciese traer a Jerusalem, poniéndole asechanzas para matarlo en el camino.

25:4- Mas Festo respondió que Pablo era guardado en Cesárea, y que él se partiría presto.

25:5- Los que de vosotros pueden, dice, desciendan juntamente; y si hay algún crímen en este varón, acúsenlo.

25:6- Y deteniéndose entre ellos no más de diez días, venido a Cesárea, el siguiente día se asentó en el tribunal, y mandó que Pablo fuese traído.

25:7- El cual venido, rodeáronlo los judíos que habían venido de Jerusalem, poniendo contra Pablo muchas y graves acusaciones, las cuales no podían probar;

25:8- Dando Pablo razón: Que ni contra la ley de los judíos, ni contra el templo, ni contra César he pecado en algo.

25:9- Mas Festo, queriendo congraciarse con los judíos, respondiendo a Pablo, dijo: ¿Quieres subir a Jerusalem y allá ser juzgado de estas cosas delante de mi?

25:10- Y Pablo dijo: Al tribunal de César estoy, donde conviene que sea juzgado. A los judíos no he hecho injuria ninguna, como tu sabes muy bien.

25:11- Porque si alguna injuria, o cosa alguna digna de muerte he hecho, no recuso de morir; mas si nada hay de las cosas de que estos me acusan, nadie me puede dar a ellos. A César apelo.

25:12- Entonces Festo, habiendo hablado con el consejo, respondió: ¿A César has apelado?, a César irás.

25:13- Y pasados algunos días, el rey Agripa y Bernice vinieron a Cesárea a saludar a Festo.

25:14- Y como estuvieron allí muchos días, Festo declaró al rey de Pablo, diciendo: Un varón ha sido dejado preso por Félix.

25:15- Por el cual como vine a Jerusalem, vinieron a mi los príncipes de los sacerdotes y los ancianos de los judíos, pidiendo condenación contra él.

25:16- A los cuales respondí, no ser costumbre de los romanos dar alguno a condenación, antes que el que es acusado tenga presentes sus acusadores, y haya lugar de defenderle de la acusación.

25:17- Así que, habiendo venido juntos acá, sin ninguna dilación. el día siguiente, sentado en el tribunal, mandé traer al hombre.

25:18- Y estando presentes sus acusadores, ningún crímen le opusieron de los que yo sospechaba.

25:19- Solamente tenían ciertas cuestiones acerca de su superstición contra él, y de un cierto Jesús difunto, el cual Pablo afirmaba vivir.

25:20- Y yo, dudando en cuestión semejante, dije si quería ir a Jerusalem y allá ser juzgado de estas cosas.

25:21- Mas apelando Pablo a ser guardado al conocimiento de Augusto, mandé que lo guardasen hasta que lo envié a César.

25:22- Entonces Agripa dijo a Festo: Yo también querría oír a ese hombre. Y él, Mañana, dice, lo oirás.

25:23- Y otro día, viniendo Agripa y Bernice con mucho aparato, y entrado en el auditorio con los tribunos y los varones más principales de la ciudad, mandándolo Festo, fue traído Pablo.

25:24- Entonces Festo dice: Rey Agripa, y todos los varones que estáis aquí juntos con nosotros; veis a éste, por el cual toda la multitud de los judíos me ha demandado en Jerusalem, y aquí, dando voces que no conviene que viva más.

25:25- Mas yo, hallando que ninguna cosa digna de muerte ha hecho, y él mismo apelando a Augusto, he determinado de enviarlo.

25:26- Del cual no tengo cosa cierta que escriba al señor, por lo cual lo he sacado a vosotros, y mayormente a ti, oh rey Agripa, para que hecha información, tenga qué escribir.

25:27- Porque fuera de razón me parece enviar un preso, y no informar de las causas.

26:1- Entonces Agripa dijo a Pablo: Permítesete hablar por ti. Pablo entonces, extendiendo la mano, comenzó a dar razón de sí, diciendo:

26:2- Acerca de todas las cosas de que soy acusado de los judíos, oh rey Agripa, téngome por dichoso de que delante de ti me haya hoy de defender.

26:3- Mayormente sabiendo tu todas las costumbres y cuestiones que hay entre los judíos, por lo cual te ruego que me oigas con paciencia.

26:4- Mi vida pues desde la mocedad, la cual desde el principio fue en mi nación en Jerusalem, todos los judíos la saben;

26:5- Los cuales tienen ya conocido, que yo desde el principio, si quieren testificarlo, conforme a la más perfecta secta de nuestra religión he vivido fariseo.

26:6- Y ahora, por la esperanza de la promesa que hizo Dios a nuestros padres, soy llamado en juicio.

26:7- A la cual nuestras doce tribus, sirviendo perpetuamente de día y de noche, esperan que han de venir; de la cual esperanza, oh rey Agripa, soy acusado de los judíos.

26:8- ¿Cómo júzgase cosa increíble entre vosotros que Dios resucite los muertos?

26:9- Yo ciertamente había pensado de hacer contra el nombre de Jesús el nazareno muchas cosas contrarias.

26:10- Lo cual también hice en Jerusalem, y yo encerré en cárceles a muchos de los santos, recibida potestad de los príncipes de los sacerdotes; y cuando eran matados, yo di mi voto.

26:11- Y muchas veces por las sinagogas puniéndolos, los forcé a blasfemar; y enfurecido sobremanera contra ellos, los perseguí hasta en las ciudades extrañas.

26:12- Donde aún yendo a Damasco con potestad y comisión de los príncipes de los sacerdotes,

26:13- En mitad del día, oh rey, vi en el camino una luz que sobrepujaba el resplandor del sol; la cual me rodeó, y a los que iban conmigo.

26:14- Y habiendo caído todos nosotros en tierra, oí una voz que me hablaba y decía en lengua hebraica: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?. Dura cosa te es dar coces contra los aguijones.

26:15- Yo entonces dije: ¿Quién eres, Señor?. Y él dijo: Yo soy Jesús, a quien tu persigues.

26:16- Mas levántate y ponte sobre tus pies, porque por esto te he aparecido, para ponerte por ministro y testigo de las cosas que has visto, y de las que te mostraré.

26:17- Librándote de este pueblo y de las gentes, a las cuales ahora te envío.

26:18- Para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban por la fe que es en mi, remisión de pecados y suerte entre los santificados.

26:19- Por lo cual, oh rey Agripa, no fui rebelde a la visión celestial.

26:20- Antes, primeramente a los que están en Damasco, y Jerusalem, y por toda la tierra de Judea, y a las gentes, anunciaba que se enmendacen y se convirtiesen a Dios, haciendo obras dignas de conversión.

26:21- Por causa de esto los judíos, tomándome en el templo, tentaron de matarme.

26:22- Mas ayudado de la ayuda de Dios, persevero hasta el día de hoy, dando testimonio a chicos y a grandes, no diciendo nada fuera de las cosas que los profetas y Moisés dijeron que habían de venir:

26:23- Que el Cristo había de padecer, que había de ser el primero de la resurrección de los muertos, que había de anunciar luz a este pueblo y a las gentes.

26:24- Y diciendo él estas cosas en su defensa, Festo a gran voz dijo: Estás loco, Pablo; las muchas letras te tornan loco.

26:25- Y Pablo: No estoy loco, dice, excelente Festo, sino hablo palabra de verdad y de templanza.

26:26- Porque el rey sabe estas cosas, delante del cual también hablo constantemente. Porque no pienso que ignora nada de esto, que esto no ha sido hecho por rincones.

26:27- ¿Crees, rey Agripa, a los profetas?. Yo sé que crees.

26:28- Entonces Agripa dijo a Pablo: Por poco me persuadirás que me haga cristiano.

26:29- Y Pablo dijo: Deseo delante de Dios que por poco y por mucho; no solamente tu, mas también todos los que hoy me oyen fuesen hechos tales cual yo soy, exceptas estas prisiones.

26:30- Y como hubo dicho estas cosas, levantóse el rey, y el presidente, y Bernice, y los que se habían asentado con ellos.

26:31- Y como se apartaron aparte, hablaban los unos a los otros, diciendo: Que ninguna cosa digna ni de muerte, ni de prisión, hace este hombre.

26:32- Y Agripa dijo a Festo: Podía este hombre ser suelto, si no hubiera apelado para César.

27:1- Mas como fue determinado que habíamos de navegar para Italia, entregaron a Pablo y a algunos otros presos a un centurión llamado Julio, de la compañía Augusta.

27:2- Así que, embarcándonos en una nao adramitena, nos partimos estando con nosotros Aristarco, macedonio de Tesalónica, para navegar junto a los lugares de Asia.

27:3- Y otro día llegamos a Sidón; y Julio, tratando a Pablo humanamente, permitióle que fuese a los amigos, para ser de ellos bien tratado.

27:4- Y alzando velas de allí, navegamos bajo de Chipre, porque los vientos eran contrarios.

27:5- Y habiendo pasado la mar que está junto a Cilicia y Panfilia, vinimos a Mira, que es ciudad de Licia.

27:6- Y hallando allí el centurión una nao alejandrina, que navegaba a Italia, puso nos en ella.

27:7- Y navegando muchos días despacio, y habiendo apenas llegado delante de Gnido, no dejándonos el viento, navegamos bajo de Creta junto a Salmón.

27:8- Y costeándola apenas, vinimos a un lugar que llaman Buenos Puertos, cerca del cual estaba la ciudad de Lasea.

27:9- Y pasado mucho tiempo, y siendo ya peligrosa la navegación, porque ya era pasado el ayuno, Pablo amonestaba,

27:10- Diciendo: Varones, yo veo que con incómodo y mucho daño, no solo de la cargazón y de la nao, mas aún de nuestras personas, habrá de ser la navegación.

27:11- Mas el centurión creía más al maestro y al piloto que a lo que Pablo decía.

27:12- Y no habiendo puerto cómodo para invernar, muchos acordaron de pasar aún de allí, por ver si pudiesen tomar a Fenice e invernar allí; que es un puerto de Creta al áfrico y al poniente.

27:13- Y ventando el austro, pareciéndoles que ya tenían lo que deseaban, alzando velas tenían de cerca la costa de Creta.

27:14- Mas no mucho después dio en ella un viento repentino que se llama euroclidón.

27:15- Y siendo arrebatada de él la nao, que no podía resistir contra el viento, dejada la nao a los vientos eramos llevados.

27:16- Y llevados de la corriente hacia una pequeña isla que se llama Clauda, apenas pudimos ganar el batel,

27:17- El cual tomado, usaban de remedios ciñendo el navío, y teniendo temor que no diesen en la Sirte, abajadas las velas, eran así llevados.

27:18- Y habiendo sido atormentados de una vehemente tempestad, el siguiente día echaron a la mar (parte de la carga para aliviar la nao).

27:19- Y al tercero día, nosotros con nuestras manos echamos las obras muertas de la nao.

27:20- Y no pareciendo sol ni estrellas por muchos días, y viniendo una tempestad no pequeña, ya era perdida toda esperanza de nuestra salud.

27:21- Y habiendo ya mucho que no comíamos, entonces Pablo, puesto en pie en medio de ellos, dijo: Fuera cierto conveniente, oh varones, oírme a mi, y no partir de Creta, y evitar este inconveniente y el daño.

27:22- Mas ahora os amonesto que tengáis buen ánimo, porque ninguna pérdida habrá de persona de vosotros, sino solamente del navío.

27:23- Porque esta noche ha estado conmigo el ángel del Dios del cual yo soy y al cual sirvo,

27:24- Diciendo: Pablo, no tengas temor; es menester que seas presentado delante de César; y he aquí Dios te ha dado a todos los que navegan contigo.

27:25- Por tanto, oh varones, tened buen ánimo; porque yo confío en Dios que será así como me ha sido dicho,

27:26- Mas es menester que demos en una isla.

27:27-Empero venida la catorcena noche, y siendo llevados en el Adria (por el mar adriático), los marineros a la media noche sospecharon que estaban cerca de alguna tierra.

27:28- Y echando la sonda, hallaron veinte pasos; y pasando un poquito más adelante, volviendo a echar la sonda, hallaron quince pasos.

27:29- Y teniendo temor de dar en lugares ásperos, echando cuatro anclas de la popa, deseaban que se hiciese de día.

27:30- Entonces procurando los marineros de huirse del navío, echando el batel a la mar, con parecer como que querían largar las anclas de proa,

27:31- Pablo dijo al centurión y a los soldados: Si éstos no quedan en el navío, vosotros no podéis salvaros.

27:32- Entonces los soldados cortaron los cabos del batel y dejáronlo perder.

27:33- Y como se comenzó a hacer de día, Pablo exhortaba a todos que comiesen, diciendo: Este es el catorceno día que esperáis y permanecéis ayunos, no comiendo nada.

27:34- Por tanto, ruego os que comáis por vuestra salud; que ni aún un cabello de la cabeza de ninguno de vosotros perecerá.

27:35- Y habiendo dicho esto, tomando el pan, dio gracias a Dios en presencia de todos, y partiendo, comenzó a comer.

27:36- Entonces todos teniendo ya mejor ánimo, comieron ellos también.

27:37- Y éramos todas las personas en el navío doscientas y setenta y seis.

27:38- Y hartados de comida, aliviaban el navío, echando el grano a la mar.

27:39- Y como se hizo de día, no conocían la tierra, mas veían un golfo que tenía orilla, al cual acordaban de echar, si pudiesen, el navío.

27:40- Alzando las anclas, dejáronse a la mar, largando también las ataduras de los gobernalles; y alzada la vela mayor al soplo del viento, íbanse a la orilla.

27:41- Mas dando en un lugar de dos aguas, la nao dio al través; y la proa, hincada, estaba sin moverse, y la popa se abría con la fuerza de la mar.

27:42- Entonces el acuerdo de los soldados era que matasen los presos, porque ninguno huyese escapándose nadando.

27:43- Mas el centurión, queriendo salvar a Pablo, estorbó este acuerdo, y mandó que los que pudiesen nadar, se echasen los primeros, y saliesen a tierra.

27:44- Y los demás, parte en tablas, parte en cosas del navío; y así aconteció que todos se salvaron a tierra.

28:1- Y como escapamos, entonces conocimos la isla, que se llamaba Melita (y ahora se llama Malta).

28:2- Mas los bárbaros nos tenían no poca humanidad; porque encendido un gran fuego nos recibieron a todos, a causa de la lluvia que venía, y del frío.

28:3- Entonces, habiendo Pablo allegado algunos sarmientos, y puéstolos en el fuego, una víbora huyendo del calor le acometió a la mano.

28:4- Y como los bárbaros vieron la víbora colgando de su mano, decían los unos a los otros: Ciertamente este hombre es homicida, que escapado de la mar, el castigo no lo deja vivir.

28:5- Mas él, sacudiendo la víbora en el fuego, ningún mal padeció.

28:6- Empero ellos estaban esperando cuándo se había de hinchar, o de caer muerto de repente; mas habiendo esperado mucho, y viendo que ningún mal le venía, mudados, decían que era Dios.

28:7- En aquellos lugares había heredades de un principal de la isla, llamado Publio, el cual nos recibió y nos hospedó tres días humanamente.

28:8- Y aconteció que el padre de Publio estaba en cama enfermo de fiebres y de cámaras; al cual Pablo entró, y después de haber orado, púsole las manos encima, y sanólo.

28:9- Y esto hecho, también los otros que en la isla tenían enfermedades, llegaban y eran sanados.

28:10- Los cuales también nos honraron de muchas honras; y habiendo de navegar, nos cargaron de las cosas necesarias.

28:11- Así que, pasados tres meses, navegamos en una nao alejandrina que había invernado en la isla, la cual tenía por enseña a Cástor y Pólux.

28:12- Y venidos a Siracusa, estuvimos allí tres días.

28:13- De donde costeando alderredor, vinimos a Regio; y otro día después ventando el austro, vinimos al segundo día a Puteolos;

28:14- Donde hallados los hermanos, rogáronnos que quedásemos con ellos siete días; y así vinimos a Roma,

28:15- De donde oyendo de nosotros los hermanos, salieron nos a recibir hasta la plaza de Appio, y las Tres Tiendas; a los cuales como Pablo vio, haciendo gracias a Dios, tomó esfuerzo.

28:16- Y como llegamos a Roma, el centurión entregó los presos al general de los ejércitos; mas a Pablo fue permitido de estar por sí, con un soldado que lo guardase.

28:17- Y aconteció que tres días después, Pablo convocó los principales de los judíos; los cuales como fueron juntos, díjoles: Yo, varones hermanos, no habiendo hecho nada contra el pueblo ni los ritos de la patria, he sido entregado preso desde Jerusalem en manos de los romanos.

28:18- Los cuales, habiéndome examinado, me querían soltar, por no haber en mi ninguna causa de muerte.

28:19- Mas contradiciendo los judíos, fui forzado de apelar a César; no que tenga de qué acusar a mi nación.

28:20- Así que por esta causa os he llamado, para veros y hablaros, porque por la esperanza de Israel estoy rodeado de esta cadena.

28:21- Entonces ellos le dijeron: Nosotros ni hemos recibido letras de ti de Judea, ni viniendo alguno de los hermanos nos ha denunciado ni hablado algún mal de ti.

28:22- Mas querríamos oír de ti lo que sientes, porque de esta secta notorio nos es que en todos lugares es contradicha.

28:23- Y habiéndole señalado un día, vinieron a él muchos a la posada, a los cuales declaraba testificando el reino de Dios, procurando persuadirles lo que es de Jesús por la ley de Moisés y por los profetas, desde la mañana hasta la tarde.

28:24- Y algunos acordaban a lo que se decía, mas algunos no creían.

28:25- Y como fueron entre sí discordes, fueronse, diciendo Pablo esta palabra: Que bien ha hablado el Espíritu Santo por el profeta Isaías a nuestros padres,

28:26- Diciendo: Ve a este pueblo, y diles: De oído oiréis y no entenderéis; y viendo veréis, y no miraréis.

28:27- Porque el corazón de este pueblo fue engrosado, y de los oídos oyeron pesadamente, y de sus ojos guiñaron; porque no vean de los ojos, y oigan de los oídos, y entiendan de corazón, y se conviertan, y yo los sane.

28:28- Séaos pues notorio que a las gentes es enviada esta salud de Dios, y ellos oirán.

28:29- Y habiendo dicho esto, los judíos se salieron teniendo entre sí gran contienda.

28:30- Pablo, empero, quedó dos años enteros en su alquiler; y recibía a todos los que entraban a él,

28:31- Predicando el reino de Dios y enseñando lo que es del Señor Jesu Cristo con toda libertad, sin impedimento.