Reina Valera 1602

S. JUAN 1-11

1:1- En el principio ya era la Palabra; y la Palabra era acerca de Dios, y Dios era la Palabra.

1:2- Ésta era en el principio acerca de Dios.

1:3- Todas las cosas por ésta fueron hechas; y sin ella nada de lo que es hecho, fue hecho.

1:4- En ella estaba la vida, y la vida era la Luz de los hombres.

1:5- Y la Luz en las tinieblas resplandece; mas las tinieblas no la comprehendieron.

1:6- Fue un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan.

1:7- Éste vino por testimonio, para que diese testimonio de la Luz, para que todos creyesen por él.

1:8- Él no era la Luz; sino para que diese testimonio de la Luz.

1:9- Aquella Palabra era la Luz verdadera, que alumbra a todo hombre que viene en este mundo.

1:10- En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por él, y el mundo no lo conoció.

1:11- A lo que era suyo vino; y los suyos no lo recibieron.

1:12- Mas a todos los que lo recibieron, dioles postestad de ser hechos hijos de Dios, a los que creen en su Nombre;

1:13- Los cuales no son engendrados de sangres, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, mas de Dios.

1:14- Y aquella Palabra fue hecha carne, y habitó entre nosotros; y vimos su gloria, gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.

1:15- Juan dio testimonio de él; y clamó, diciendo: Este es del que yo decía: El que viene tras mi, es antes de mi, porque es primero que yo.

1:16- Y de su plenitud tomamos todos, y gracia por gracia.

1:17- Porque la Ley por Moisés fue dada; mas la gracia y la verdad por Jesu Cristo fue hecha.

1:18- A Dios nadie lo vio jamás; el Unigénito Hijo que está en el seno del Padre, él nos lo declaró.

1:19- Y este es el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron de Jerusalem sacerdotes y levitas, que le preguntasen: ¿Tu, quien eres?

1:20- Y confesó, y no negó; confesó que él no era el Cristo.

1:21- Y preguntáronle: ¿Qué, pues?, ¿eres tu Elías?. Dijo: No soy. ¿Eres tu profeta?. Y respondió: No.

1:22- Dijéronle pues: ¿Quien eres?, para que demos respuesta a los que nos enviaron. ¿Qué dices de ti mismo?

1:23- Dijo: Yo, voz del que clama en el desierto: Enderezad el camino del Señor, como dijo Isaías profeta.

1:24- Y los que habían sido enviados eran de los fariseos.

1:25- Y preguntáronle, y dijéronle: ¿Por qué, pues, bautizas, si tu no eres el Cristo, ni Elías, ni profeta?

1:26- Y Juan les respondió, diciendo: Yo bautizo con agua, mas en medio de vosotros ha estado quien vosotros no conocéis.

1:27- Éste es el que ha de venir tras mi, el cual es antes de mi; del cual yo no soy digno de desatar la correa del zapato.

1:28- Estas cosas acontecieron en Beth-abara, de la otra parte del Jordán, donde Juan bautizaba.

1:29- El siguiente día ve Juan a Jesús que venía a él, y dice: He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.

1:30- Éste es del que dije: Tras mi viene un varón, el cual es antes de mi, porque era primero que yo.

1:31- Y yo no lo conocía, mas para que fuese manifestado a Israel, por eso vine yo bautizando con agua.

1:32- Y Juan dio testimonio, diciendo: Que vi al Espíritu que descendía del cielo como paloma, y reposó sobre él.

1:33- Y yo no lo conocía, mas el que me envió a bautizar con agua, aquel me dijo: Sobre aquel que vieres descender el Espíritu, y que reposa sobre él, éste es el que bautiza con Espíritu Santo.

1:34- Y yo vi, y he dado testimonio que éste es el Hijo de Dios.

1:35- El siguiente día otra vez estaba Juan, y dos de sus discípulos.

1:36- Y mirando a Jesús que andaba por allí, dijo: He aquí el Cordero de Dios.

1:37- Y oyéronlo los dos discípulos hablar, y siguieron a Jesús.

1:38- Y volviéndose Jesús, y viéndolos seguirle, díceles: ¿Qué buscáis?. Y ellos le dijeron: Rabbi, que declarado quiere decir: Maestro, ¿dónde moras?

1:39- Díceles: Venid y ved. Vinieron y vieron donde moraba; y quedáronse con él aquel día; porque era como la hora de las diez.

1:40- Era Andrés, el hermano de Simón Pedro, uno de los dos que habían oído de Juan, y lo habían seguido.

1:41- Éste halló primero a su hermano Simón, y díjole: Hemos hallado al Mesías, que declarado es: el Cristo.

1:42- Y trájolo a Jesús. Y mirándolo Jesús, dijo: Tu eres Simón, hijo de Jonás; tu serás llamado Cephas, que quiere decir: Piedra.

1:43- El día siguiente quiso Jesús ir a Galilea, y halla a Felipe; al cual dice: Sígueme.

1:44- Y era Felipe de Betsaida, la ciudad de Andrés y de Pedro.

1:45- Felipe halló a Natanael, y dícele: Hemos hallado a aquel de quien escribió Moisés en la ley, y los profetas: Jesús, el hijo de Josef, de Nazaret.

1:46- Y díjole Natanael: ¿De Nazaret puede haber algo de bueno?. Dícele Felipe: Ven y ve.

1:47- Jesús vio venir a sí a Natanael, y dijo de él: He aquí un verdaderamente Israelita, en el cual no hay engaño.

1:48- Dícele Natanael: ¿De dónde me conoces?. Respóndele Jesús, y díjole: Antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi.

1:49- Respondió Natanael, y díjole: Rabbi, tu eres el Hijo de Dios; tu eres el Rey de Israel.

1:50- Respondió Jesús, y díjole: ¿Porque te dije: Vi te debajo de la higuera, crees?, cosas mayores que éstas verás.

1:51- Y dícele: De cierto, de cierto os digo: De aquí adelante veréis el cielo abierto, y ángeles de Dios que suben y descienden sobre el Hijo del hombre.

2:1- Al tercero día hiciéronse unas bodas en Caná de Galilea; y estaba allí la madre de Jesús.

2:2- Y fue también llamado Jesús y sus discípulos a las bodas.

2:3- Y faltando el vino, la madre de Jesús le dijo: Vino no tienen.

2:4- Y dícele Jesús: ¿Qué tengo yo contigo, mujer?, aún no ha venido mi hora.

2:5- Su madre dice a los que servían: Haced todo lo que os dijere.

2:6- Y estaban allí seis tinajuelas de agua de piedra, conforme a la purificación de los judíos, que cabía en cada una dos o tres cántaros.

2:7- Díceles Jesús: Henchid estas tinajuelas de agua. E hinchiéronlas hasta arriba.

2:8- Y díceles: Sacad ahora, y presentad al maestresala. Y presentáronle.

2:9- Y cuando el maestresala gustó el agua hecha vino, que no sabía de dónde era; mas los que servían, lo sabían, que habían sacado el agua; el maestresala llama al esposo.

2:10- Y dícele: Todo hombre pone primero el buen vino; y cuando ya están hartos, entonces lo que es peor; mas tu has guardado el buen vino hasta ahora.

2:11- Este principio de señales hizo Jesús en Caná de Galilea, y manifestó su gloria; y sus discípulos creyeron en él.

2:12- Después de esto descendió a Capernaum; él, y su madre, y hermanos, y discípulos; y estuvieron allí no muchos días.

2:13- Y estaba cerca la pascua de los judíos, y subió Jesús a Jerusalem.

2:14- Y halló en el templo los que vendían bueyes, y ovejas, y palomas, y los cambiadores sentados.

2:15- Y hecho un azote de cuerdas, echólos a todos del templo; y las ovejas, y los bueyes; y derramó los dineros de los cambiadores, y trastornó las mesas.

2:16- Y a los que vendían las palomas, dijo: Quitad de aquí esto, y no hagáis la casa de mi Padre casa de mercado.

2:17- Entonces se acordaron sus discípulos que está escrito: El celo de tu casa me comió.

2:18- Y los judíos respondieron, y dijéronle: ¿Qué señal nos muestras de que haces esto?

2:19- Repondió Jesús, y díjoles: Desatad este templo y en tres días yo lo levantaré.

2:20- Dijeron luego los judíos: ¿En cuarenta y seis años fue este templo edificado, y tu en tres días lo levantarás?

2:21- Mas él hablaba del templo de su cuerpo.

2:22- Por tanto cuando resucitó de los muertos, sus discípulos se acordaron que les había dicho esto, y creyeron a la Escritura y a la palabra que Jesús había dicho.

2:23- Y estando en Jerusalem en la pascua, en el día de la fiesta, muchos creyeron en su nombre, viendo sus señales que hacía.

2:24- Mas el mismo Jesús no se confiaba a sí mismo de ellos, porque él conocía a todos;

2:25- Y no tenía necesidad que alguien le diese testimonio del hombre; porque él sabía lo que había en el hombre.

3:1- Y había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, príncipe de los judíos.

3:2- Éste vino a Jesús de noche, y díjole: Rabbi, sabemos que has venido de Dios por maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tu haces, si no fuere Dios con él.

3:3- Respondió Jesús, y díjole: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere otra vez, no puede ver el reino de Dios.

3:4- Dícele Nicodemo: ¿Cómo puede el hombre nacer siendo viejo?, ¿puede entrar otra vez en el vientre de su madre, y nacer?

3:5- Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no renaciere de agua y de Espíritu no puede entrar en el reino de Dios.

3:6- Lo que es nacido de carne, carne es; y lo que es nacido de Espíritu, Espíritu es.

3:7- No te maravilles de que te dije: Necesario os es nacer otra vez.

3:8- El viento de donde quiere sopla, y oyes su sonido, mas ni sabes de dónde viene, ni donde vaya: así es todo aquel que es nacido de Espíritu.

3:9- Respondió Nicodemo, y díjole: ¿Cómo puede esto hacerse?

3:10- Respondió Jesús, y díjole: ¿Tu eres el maestro de Israel, y no sabes esto?

3:11- De cierto, de cierto te digo, que lo que sabemos hablamos; y lo que hemos visto, testificamos; y no recibís nuestro testimonio.

3:12- Si os he dicho cosas terrenas, y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijere las celestiales?

3:13- Y nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo, es a saber, el Hijo del hombre que está en el cielo.

3:14- Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del hombre sea levantado.

3:15- Para que todo aquel que en él creyere, no se pierda, mas tenga vida eterna.

3:16- Porque de tal manera amó Dios al mundo, que haya dado a su Hijo unigénito; para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

3:17- Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para que condene al mundo; mas para que el mundo sea salvo por él.

3:18- El que en él cree no es condenado; mas el que no cree ya es condenado; porque no creyó en el nombre del unigénito Hijo de Dios.

3:19- Y esta es la condenación, es a saber, porque la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz; porque sus obras eran malas.

3:20- Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz; y no viene a la luz, para que sus obras no sean redargüidas.

3:21- Mas el que obra verdad, viene a la luz, para que sus obras sean manifiestas que son hechas en Dios.

3:22- Pasado esto, vino Jesús y sus discípulos a una tierra de Judea; y estaba allí con ellos, y bautizaba.

3:23- Y bautizaba también Juan en Enón, junto a Salim, porque había muchas aguas; y venían, y eran bautizados.

3:24- Porque aún Juan no había sido puesto en la cárcel.

3:25- Y hubo cuestión entre los discípulos de Juan y los judíos acerca de la purificación.

3:26- Y vinieron a Juan, y dijéronle: Rabbi, el que estaba contigo de la otra parte del Jordán, del cual tu diste testimonio, he aquí bautiza, y todos vienen a él.

3:27- Respondió Juan, y dijo: No puede el hombre recibir algo si no le fuere dado del cielo.

3:28- Vosotros mismos me sois testigos que dije: Yo no soy el Cristo; mas soy enviado delante de él.

3:29- El que tiene la esposa, es el esposo; mas el amigo del esposo, que está en pie y lo oye, gózase grandemente de la voz del esposo. Así pues, este mi gozo es cumplido.

3:30- A él conviene crecer; a mi ser disminuido.

3:31- El que de arriba viene, sobre todos es; el que es de la tierra, terreno es, y cosas terrenas habla; el que viene del cielo, sobre todos es.

3:32- Y lo que vio y oyó, esto testifica, y nadie recibe su testimonio.

3:33- El que recibe su testimonio, éste signó, que Dios es verdadero.

3:34- Porque el que Dios envió, las palabras de Dios habla; porque no le da Dios el Espíritu por medida.

3:35- El Padre ama al Hijo, y todas las cosas dio en su mano.

3:36- El que cree en el Hijo, tiene vida eterna; mas el que al Hijo es incrédulo, no verá la vida; mas la ira de Dios está sobre él.

4:1- De manera que como Jesús entendió que los fariseos habían oído que Jesús hacía discípulos, y bautizaba más que Juan,

4:2- (Aunque Jesús no bautizaba, sino sus discípulos),

4:3- Dejó a Judea, y fuese otra vez a Galilea.

4:4- Y era menester que pasase por Samaria.

4:5- Vino, pues, a una ciudad de Samaria que se llama Sicar, junto a la heredad que Jacob dio a Josef su hijo.

4:6- Y estaba allí la fuente de Jacob. Así que Jesús, cansado del camino, así se sentó cabe la fuente. Era como la hora de las seis.

4:7- Vino una mujer de Samaria a sacar agua; y Jesús le dice: Dame de beber.

4:8- (Porque sus discípulos eran idos a la ciudad a comprar de comer).

4:9- Y la mujer samaritana le dice: ¿Cómo tu, siendo judío, me demandas a mi de beber, que soy mujer samaritana?. Porque los judíos no se tratan con los samaritanos.

4:10- Respondió Jesús y díjole: Si conocieses el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tu pedirías de él, y él te daría agua viva.

4:11- La mujer le dice: Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo; ¿de dónde, pues, tienes el agua viva?

4:12- ¿Eres tu mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo; del cual él bebió, y sus hijos, y sus ganados?

4:13- Respondió Jesús y díjole: Cualquiera que bebiere de esta agua volverá a tener sed;

4:14- Mas el que bebiere del agua que yo le daré, para siempre no tendrá sed; mas el agua que yo le daré será en él fuente de agua que salte para vida eterna.

4:15- La mujer le dice: Señor, dame esta agua para que yo no tenga sed, ni venga acá a sacarla.

4:16- Jesús le dice: Ve, llama a tu marido; y ven acá.

4.17- Respondió la mujer y díjole: No tengo marido. Dícele Jesús: Bien has dicho: Que no tengo marido;

4:18- Porque cinco maridos has tenido; y el que ahora tienes no es tu marido; esto has dicho con verdad.

4:19- Dícele la mujer: Señor, paréceme que tu eres profeta.

4:20- Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalem es el lugar donde es menester adorar.

4:21- Dícele Jesús: Mujer, créeme, que la hora viene, cuando ni en este monte, ni en Jerusalem, adoraréis al Padre.

4:22- Vosotros adoráis lo que no sabéis, nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salud de los judíos viene.

4:23- Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en Espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que lo adoren.

4:24- Dios es Espíritu, y los que lo adoran, en Espíritu y en verdad es menester que adoren.

4:25- Dícele la mujer: Yo sé que el Mesías ha de venir, el cual se dice el Cristo; cuando él viniere nos declarará todas las cosas.

4:26- Dícele Jesús: Yo soy, que hablo contigo.

4:27- Y en esto vinieron sus discípulos; y maravilláronse de que hablaba con aquella mujer; mas ninguno le dijo: ¿Qué preguntas?, o ¿qué hablas con ella?

4:28- Entonces la mujer dejó su cántaro, y fue a la ciudad, y dijo a aquellos hombres:

4:29- Venid, ved un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho; ¿si es quizá el Cristo?

4:30- Entonces salieron de la ciudad, y vinieron a él.

4:31- Entre tanto, los discípulos le rogaban, diciendo: Rabbi, come.

4:32- Y él les dijo: Yo tengo una comida que comer, que vosotros no sabéis.

4:33- Entonces los discípulos decían el uno al otro: ¿Si le ha traído alguien de comer?

4:34- Díceles Jesús: Mi comida es que yo haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra.

4:35- ¿No decís vosotros que aún hay cuatro meses hasta la siega?. He aquí yo os digo: alzad vuestros ojos, y mirad las regiones, porque ya están blancas para la siega.

4:36- Y el que siega, recibe salario, y allega fruto para vida eterna; para que el que siembra también goce, y el que siega.

4:37- Porque en esto es el dicho verdadero: Que uno es el que siembra, y otro es el que siega.

4:38- Yo os he enviado a segar lo que vosotros no labrasteis; otros labraron, y vosotros habéis entrado en sus labores.

4:39- Y muchos de los samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por la palabra de la mujer que daba testimonio, diciendo: Que me dijo todo lo que he hecho.

4:40- Mas viniendo los samaritanos a él, rogáronle que se quedase allí; y quedóse allí dos días.

4:41- Y creyeron muchos más por la palabra de él.

4:42- Y decían a la mujer: Que ya no creemos por tu dicho; porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos, que verdaderamente éste es el Salvador del mundo, el Cristo.

4:43- Y dos días después salió de allí, y fuese a Galilea.

4:44- Porque el mismo Jesús dio testimonio: Que el profeta en su tierra no tiene honra.

4:45- Y cuando vino a Galilea, los galileos lo recibieron, vistas todas las cosas que había hecho en Jerusalem en el día de la fiesta; porque también ellos habían venido al día de la fiesta.

4:46- Vino pues Jesús otra vez a Cana de Galilea, donde había hecho el vino del agua; y había en Capernaum uno del rey cuyo hijo estaba enfermo.

4:47- Éste, como oyó que Jesús venía de Judea en Galilea, fue a él; y rogábale que descendiese, y sanase a su hijo, porque se comenzaba a morir.

4:48- Entonces Jesús le dijo: Si no viereis señales y milagros, no creeréis.

4:49- El del rey le dijo: Señor, desciende antes que mi hijo muera.

4:50- Dícele Jesús: Ve, tu hijo vive. Creyó el hombre a la palabra que Jesús le dijo, y fuese.

4:51- Y viniendo ya él, los siervos lo salieron a recibir, y le dieron nuevas, diciendo: Tu hijo vive.

4:52- Entonces él les preguntó a qué hora comenzó a estar mejor; y dijéronle: Ayer a las siete lo dejó la fiebre.

4:53- El padre entonces entendió, que aquella hora era cuando Jesús le dijo: Tu hijo vive; y creyó él y toda su casa.

4:54- Esta segunda señal volvió Jesús a hacer cuando vino de Judea a Galilea.

5:1- Después de estas cosas, era un día de fiesta de los judíos, y subió Jesús a Jerusalem.

5:2- Y está en Jerusalem, a la puerta del ganado, un estanque, que en hebraico es llamado Bethesda, el cual tiene cinco portales.

5:3- En éstos estaba echada grande multitud de enfermos, ciegos, cojos, secos; que estaban esperando el movimiento del agua.

5:4- Porque el ángel descendía a cierto tiempo al estanque, y revolvía el agua; y el que primero descendía en el estanque, después del movimiento del agua, era sano de cualquier enfermedad que tuviese.

5:5- Y estaba allí un hombre que había treinta y ocho años que estaba enfermo.

5:6- Cuando Jesús vio a éste echado, y entendió que ya había mucho tiempo, dícele: ¿Quieres ser sano?

5:7- Y el enfermo le respondió: Señor, no tengo hombre que cuando el agua fuere revuelta me meta en el estanque; porque entre tanto que yo vengo, otro antes de mi ha descendido.

5:8- Dícele Jesús: Levántate, toma tu lecho y anda.

5:9- Y luego aquel hombre fue sano, y tomó su lecho, e íbase; y era sábado aquel día.

5:10- Entonces los judíos decían a aquel que había sido sanado: Sábado es, no te es lícito llevar tu lecho.

5:11- Respondióles: El que me sanó, él mismo me dijo: Toma tu lecho y anda.

5:12- Y preguntáronle entonces: ¿Quien es el que te dijo: Toma tu lecho y anda?

5:13- Y el que había sido sanado no sabía quien fuese; porque Jesús se había apartado de la compaña que estaba en aquel lugar.

5:14- Después hallólo Jesús en el templo, y díjole: He aquí, eres ya sano; no peques más, porque no te avenga alguna cosa peor.

5:15- Él se fue entonces, y dio aviso a los judíos, que Jesús era el que lo había sanado.

5:16- Y por esta causa los judíos perseguían a Jesús, y procuraban matarlo, porque hacía estas cosas en sábado.

5:17- Y Jesús les respondió: Mi Padre hasta ahora obra, y yo obro.

5:18- Entonces, por tanto, más procuraban los judíos matarlo, porque no sólo quebrantaba el sábado, mas aún también a su Padre llamaba Dios, haciéndose igual a Dios.

5:19- Respondió pues Jesús, y díjoles: De cierto, de cierto os digo: Que no puede el Hijo hacer algo de sí mismo, si no viere hacer al Padre; porque todo lo que él hace, esto también hace el Hijo juntamente.

5:20- Porque el Padre ama al Hijo, y le muestra todas las cosas que él hace; y mayores obras que éstas le mostrará, que vosotros os maravilléis.

5:21- Porque como el Padre levanta los muertos, y les da vida, así también el Hijo a los que quiere da vida.

5:22- Porque el Padre a nadie juzga, mas todo el juicio dio al Hijo;

5:23- Para que todos honren al Hijo como honran al Padre; el que no honra al Hijo, no honra al Padre que lo envió.

5:24- De cierto, de cierto os digo: que el que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a juicio, mas pasó de muerte a vida.

5:25- De cierto, de cierto os digo: que vendrá hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que oyeren vivirán.

5:26- Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así dio también al Hijo que tuviese vida en sí mismo.

5:27- Y también le dio poder de hacer juicio, en cuanto es el Hijo del hombre.

5:28- No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz.

5:29- Y los que hicieron bienes, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron males, a resurrección de juicio.

5:30- No puedo yo de mi mismo hacer algo; como oigo, juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, mas la voluntad del que me envió, del Padre.

5:31- Si yo doy testimonio de mi mismo, mi testimonio no es verdadero.

5:32- Otro es el que da testimonio de mi; y sé que el testimonio que da de mi, es verdadero.

5:33- Vosotros enviasteis a Juan, y él dio testimonio a la verdad.

5:34- Mas yo no tomo el testimonio de hombre; mas digo esto, para que vosotros seáis salvos.

5:35- Él era candil que ardía y alumbraba; mas vosotros quisisteis engreíros por un poco a su luz.

5:36- Mas yo tengo mayor testimonio que el de Juan; porque las obras que el Padre me dio que cumpliese, es a saber, las mismas obras que yo hago, dan testimonio de mi, que el Padre me haya enviado.

5:37- Y el que me envió, el Padre, él dio testimonio de mi. Ni nunca habéis oído su voz, ni habéis visto su parecer.

5:38- Ni tenéis su palabra permaneciente en vosotros; porque al que él envió, a éste vosotros no creéis.

5:39- Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mi;

5:40- Y no queréis venir a mi para que tengáis vida.

5:41- Gloria de los hombres no recibo.

5:42- Mas yo os conozco, que no tenéis amor de Dios en vosotros.

5:43- Y he venido en nombre de mi Padre, y no me recibís; si otro viniere en su propio nombre, a aquel recibiréis.

5:44- ¿Cómo podéis vosotros creer, pues tomáis la gloria los unos de los otros?, y no buscáis la gloria que de sólo Dios viene.

5:45- No penséis que yo os tengo de acusar delante del Padre; hay quien os acusa: Moisés, en quien vosotros esperáis.

5:46- Porque si vosotros creyeseis a Moisés, creeríais a mi; porque de mi escribió él.

5:47- Y si a sus escritos no creéis, ¿cómo creeréis a mis palabras?

6:1- Pasadas estas cosas, fuese Jesús de la otra parte de la mar de Galilea, que es de Tiberias.

6:2- Y seguíalo grande multitud, porque veían sus señales que hacía en los enfermos.

6:3- Subió pues Jesús a un monte, y estuvo allí con sus discípulos.

6:4- Y estaba cerca la pascua, el día de la fiesta de los judíos.

6:5- Y cuando alzó Jesús los ojos, y vio que había venido a él grande multitud, dice a Felipe: ¿De dónde compraremos pan para que coman éstos?

6:6- Mas esto decía tentándolo, porque él sabía lo que había de hacer.

6:7- Respondiéndole Felipe: Doscientos dineros de pan no les bastarán para que cada uno de ellos tome un poco.

6:8- Dícele uno de sus discípulos, Andrés, hermano de Simón Pedro:

6:9- Un muchacho está aquí que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos; mas ¿qué es esto entre tantos?

6:10- Entonces Jesús dijo: Haced recostar la gente; y había mucha yerba en aquel lugar. Y recostáronse como número de cinco mil varones.

6:11- Y tomó Jesús aquellos panes, y habiendo hecho gracias, repartió a los discípulos, y los discípulos a los que estaban recostados; asimismo de los peces cuanto querían.

6:12- Y cuando fueron hartos, dijo a sus discípulos: Coged los pedazos que han quedado, para que no se pierda nada.

6:13- Cogieron pues, e hinchieron doce esportones de pedazos de los cinco panes de cebada, que sobraron a los que habían comido.

6:14- Aquellos hombres entonces, cuando vieron la señal que Jesús había hecho, decían: Que este verdaderamente es el profeta que había de venir al mundo.

6:15- Y entendiendo Jesús que habían de venir para arrebatarlo, y hacerlo rey, volvió a huirse al monte él sólo.

6:16- Y como se hizo tarde, descendieron sus discípulos a la mar.

6:17- Y entrando en un navío, venían de la otra parte de la mar hacia Capernaum. Y era ya oscuro, y Jesús no había venido a ellos.

6:18- Y la mar se comenzó a levantar con un gran viento.

6:19- Y cuando hubieron navegado como veinticinco o treinta estadios, ven a Jesús que andaba sobre la mar, y se acercaba al navío; y tuvieron miedo.

6:20- Mas él les dijo: Yo soy, no tengáis miedo.

6:21- Y ellos lo recibieron de buena gana en el navío, y luego el navío llegó a la tierra donde iban.

6:22- El día siguiente, la compaña que estaba de la otra parte de la mar, como vio que no había allí otra navecilla sino una, en la cual se habían entrado sus discípulos, y que Jesús no había entrado con sus discípulos en el navío, mas que sus discípulos solos se habían ido;

6:23- Y que otras navecillas habían arribado de Tiberias, junto al lugar donde habían comido el pan después de haber el Señor hecho gracias,

6:24- Cuando vio pues la compaña que Jesús no estaba allí, ni sus discípulos, entraron ellos también en las navecillas, y vinieron a Capernaum buscando a Jesús.

6:25- Y hallándolo de la otra parte de la mar, dijéronle: Rabbi, ¿cuándo llegaste acá?

6:26- Respondióles Jesús, y dijo: De cierto, de cierto os digo, que me buscáis, no por las señales que habéis visto, mas por el pan que comisteis, y os hartasteis.

6:27- Obrad, no por la comida que perece, mas por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del hombre os dará; porque a éste señaló el Padre, es a saber, Dios.

6:28- Y dijéronle: ¿Qué haremos para que obremos las obras de Dios?

6:29- Respondió Jesús, y díjoles: Esta es la obra de Dios, es a saber, que creáis en el que él envió.

6:30- Dijéronle entonces: ¿Qué señal pues haces tu, para que veamos, y te creamos?, ¿qué obras?

6:31- Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Pan del cielo les dio a comer.

6:32- Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo, que no os dio Moisés pan del cielo, mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo.

6:33- Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo.

6:34- Y dijéronle: Señor, danos siempre este pan.

6:35- Y Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mi viene nunca tendrá hambre; y el que en mi cree, no tendrá sed jamás.

6:36- Mas ya os he dicho, que aunque me habéis visto, no me creéis.

6:37- Todo lo que el Padre me da, vendrá a mi; y al que a mi viene, no lo echo fuera.

6:38- Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, mas la voluntad del que me envió.

6:39- Y esta es la voluntad del que me envió, es a saber, del Padre: Que todo lo que me diere, no pierda de ello, mas que lo resucite en el día postrero.

6:40- Ítem, esta es la voluntad del que me envió: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo lo resucitaré en el día postrero.

6:41- Murmuraban entonces de él los judíos, porque había dicho: Yo soy el pan que descendí del cielo.

6:42- Y decían: ¿No es éste Jesús, el hijo de Josef, cuyo padre y madre nosotros conocemos?, ¿cómo pues dice éste: Que del cielo he descendido?

6:43- Y Jesús respondió, y díjoles: No murmuréis entre vosotros.

6:44- Ninguno puede venir a mi, si el Padre que me envió no lo trajere; y yo lo resucitaré en el día postrero.

6:45- Escrito está en los profetas: Y serán todos enseñados de Dios; así que todo aquel que oyó del Padre, y aprendió, viene a mi.

6:46- No que alguno haya visto al Padre, sino aquel que vino de Dios, éste ha visto al Padre.

6:47- De cierto, de cierto os digo que el que cree en mi tiene vida eterna.

6:48- Yo soy el pan de vida.

6:49- Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y son muertos.

6:50- Este es el pan que desciende del cielo, para que el que de él comiere, no muera.

6:51- Yo soy el pan vivo que he descendido del cielo; si alguno comiere de este pan vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo.

6:52- Entonces los judíos contendían entre sí, diciendo: ¿Cómo puede éste darnos su carne a comer?

6:53- Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo que si no comiereis la carne del Hijo del hombre, y bebiereis su sangre, no tendréis vida en vosotros.

6:54- El que come mi carne, y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo lo resucitaré en el día postrero.

6:55- Porque mi carne verdaderamente es comida; y mi sangre verdaderamente es bebida.

6:56- El que come mi carne y bebe mi sangre en mi permanece, y yo en él.

6:57- Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, así también el que me come, él también vivirá por mi.

6:58- Este es el pan que descendió del cielo; no como vuestros padres comieron el maná, y son muertos; el que come de este pan, vivirá eternamente.

6:59- Estas cosas dijo en la sinagoga, enseñando en Capernaum.

6:60- Y muchos de sus discípulos oyéndolo dijeron: Dura es esta palabra, y ¿quién la puede oír?

6:61- Y sabiendo Jesús en sí mismo que sus discípulos murmuraban de esto, díjoles: ¿Esto os escandaliza?

6:62- Pues qué será, si viereis al Hijo del hombre que sube donde estaba primero.

6:63- El Espíritu es el que da vida, la carne a nada aprovecha; las palabras que yo os hablo, Espíritu son, y vida son.

6:64- Mas hay algunos de vosotros que no creen. Porque Jesús desde el principio sabía quienes eran los que no habían de creer, y quien lo había de entregar.

6:65- Y decía: Por eso os he dicho: Que ninguno puede venir a mi, si no le fuere dado de mi Padre.

6:66- Desde esto muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él.

6:67- Dijo entonces Jesús a los doce: ¿Queréis os vosotros ir también?

6:68- Y respondióle Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos?, tienes palabras de vida eterna.

6:69- Y nosotros creemos, y conocemos: Que tu eres el Cristo, el Hijo de Dios viviente.

6:70- Jesús les respondió: ¿No os he yo escogido doce, y el uno de vosotros es diablo?

6:71- Y hablaba de Judas Iscariota, hijo de Simón; porque éste era el que lo había de entregar, el cual era uno de los doce.

7:1- Y pasadas estas cosas, andaba Jesús en Galilea; que no quería andar en Judea, porque los judíos procuraban de matarlo.

7:2- Y era cerca el día de la fiesta de los judíos, de las cabañas.

7:3- Y dijéronle sus hermanos: Pásate de aquí, y vete a Judea; para que tus discípulos vean tus obras que haces.

7:4- Que ninguno que procura ser claro, hace algo en oculto. Si estas cosas haces manifiéstate al mundo.

7:5- Porque ni aún sus hermanos creían en él.

7:6- Díceles entonces Jesús: Mi tiempo aún no es venido; mas vuestro tiempo siempre es presto,

7:7- No puede el mundo aborreceros a vosotros; mas a mi aborréceme, porque yo doy testimonio de él, que sus obras son malas.

7:8- Vosotros subid a esta fiesta; yo no subo aún a esta fiesta, porque mi tiempo no es aún cumplido.

7:9- Y habiéndoles dicho esto, quedóse en Galilea.

7:10- Mas cuando sus hermanos hubieron subido, entonces él también subió a la fiesta, no manifiestamente, mas como en secreto.

7:11- Y buscábanlo los judíos en el día de la fiesta, y decían: ¿Dónde está aquél?

7:12- Y había grande murmullo de él en la compaña, porque unos decían: Bueno es; y otros decían: No, antes engaña las compañas.

7:13- Mas ninguno hablaba abiertamente de él, de miedo de los judíos.

7:14- Y al medio de la fiesta, subió Jesús al templo, y enseñaba.

7:15- Y maravillábanse los judíos, diciendo: ¿Cómo sabe éste letras, no habiendo aprendido?

7:16- Respondióles Jesús, y dijo: Mi doctrina no es mía, sino del que me envió.

7:17- El que quisiere hacer su voluntad, conocerá de la doctrina si viene de Dios, o si yo hablo de mi mismo.

7:18- El que habla de sí mismo, gloria propia busca; mas el que busca la gloria del que lo envió, éste es verdadero, y no hay en él injusticia.

7:19- ¿No os dio Moisés la ley, y ninguno de vosotros hace la ley?. ¿Por qué me procuráis matar?

7:20- Respondió la compaña, y dijo: Demonio tienes, ¿quién te procura matar?

7:21- Jesús respondió y díjoles: Una obra hice, y todos os maravilláis.

7:22- Cierto Moisés os dio la circuncisión, no porque sea de Moisés, mas de los padres, y en sábado circuncidáis al hombre.

7:23- Si recibe el hombre la circuncisión en sábado, para que la ley de Moisés no sea quebrantada, ¿enojáis os conmigo porque en sábado hice sano todo un hombre?

7:24- No juzguéis según lo que parece, mas juzgad justo juicio.

7:25- Decía entonces uno de los de Jerusalem: ¿No es éste al que buscan para matarlo?

7:26- Y he aquí, habla públicamente, y no le dicen nada; ¿si han entendido verdaderamente los príncipes, que éste es el Cristo?

7:27- Mas éste, sabemos de dónde es; y cuando viniere el Cristo, nadie sabrá de donde sea.

7:28- Entonces clamaba Jesús en el templo enseñando, y diciendo: Y a mi me conocéis, y sabéis de donde soy; empero no he venido de mi mismo; mas el que me envió es verdadero, al cual vosotros ignoráis.

7:29- Empero yo lo conozco; porque de él soy, y él me envió.

7:30- Entonces procuraban prenderlo; mas ninguno metió en él mano, porque aún no había venido su hora.

7:31- Y de la compaña, muchos creyeron en él, y decían: El Cristo, cuando viniere, ¿hará más señales que las que éste hace?

7:32- Los fariseos oyeron la compaña que murmuraba de él estas cosas; y los príncipes de los sacerdotes y los fariseos enviaron servidores que lo prendiesen.

7:33- Y Jesús les dijo: Aún un poco de tiempo estaré con vosotros, e iré al que me envió.

7:34- Buscarme heis, y no me hallaréis; y donde yo estaré, vosotros no podréis venir.

7:35- Entonces los judíos dijeron entre sí: ¿Dónde se ha de ir éste que no lo hallaremos?. ¿Ha se de ir a los esparcidos entre los griegos, y a enseñar los griegos?

7:36- ¿Qué dicho es éste que dijo: Buscarme heis, y no me hallaréis; y donde yo estaré, vosotros no podréis venir?

7:37- Mas en el postrer día grande de la fiesta, Jesús se ponía en pie, y clamaba diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mi, y beba.

7:38- El que cree en mi, como dice la Escritura, ríos de agua viva correrán de su vientre.

7:39- Y esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él. Porque aún no era el Espíritu Santo, porque Jesús aún no era glorificado.

7:40- Entonces muchos de la compaña, oyendo este dicho, decían: Verdaderamente éste es el profeta.

7:41- Otros decían: Éste es el Cristo; algunos empero decían: ¿De Galilea ha de venir el Cristo?

7:42- ¿No dice la Escritura, que de la simiente de David, y de la aldea de Bethlehem, de donde era David, vendrá el Cristo?

7:43- Así que había disensión en la compaña por él.

7:44- Y algunos de ellos lo querían prender, mas ninguno metió sobre él manos.

7:45- Y los porquerones vinieron a los pontífices y a los fariseos, y ellos les dijeron: ¿Por qué no lo trajisteis?

7:46- Los porquerones respondieron: Nunca así ha hablado hombre, como este hombre habla.

7:47- Entonces los fariseos les respondieron: ¿Sois también vosotros engañados?

7:48- ¿Ha creído en él alguno de los príncipes, o de los fariseos?

7:49- Sino este vulgo que no sabe la ley, malditos son.

7:50- Díceles Nicodemo, el que vino a él de noche, el cual era uno de ellos:

7:51- ¿Juzga nuestra ley a hombre, si primero no oyere de él, y entendiere lo que ha hecho?

7:52- Respondieron y dijéronle: ¿No eres tu también galileo?, escudriña y ve que de Galilea nunca se levantó profeta.

7:53- Y volviéronse cada uno a su casa.

8:1- Y Jesús se fue al monte de las Olivas.

8:2- Y por la mañana volvió al templo; y todo el pueblo vino a él; y sentado él, enseñábalos. 

8:3- Entonces los escribas y los fariseos traen a él una mujer tomada en adulterio, y poniéndola en medio,

8:4- Dícenle: Maestro, esta mujer ha sido tomada en el mismo hecho adulterando,

8:5- Y en la ley Moisés nos mandó apedrear a las tales; tu pues, ¿qué dices?

8:6- Mas esto decían tentándolo, para poderlo acusar, empero Jesús, abajado hacia bajo, escribía en tierra con el dedo.

8:7- Y como perseverasen preguntándole, enderezóse, y díjoles: El que de vosotros es sin pecado, arroje contra ella la piedra el primero.

8:8- Y volviéndose a abajar hacia bajo, escribía en tierra.

8:9- Oyendo pues ellos esto, (redargüidos de la conciencia) salíanse uno a uno, comenzando desde los más viejos (hasta los postreros), y quedó sólo Jesús y la mujer que estaba en medio.

8:10- Y enderezándose Jesús, y no viendo a nadie más de a la mujer, díjole: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban?, ¿ninguno te ha condenado?

8:11- Y ella dijo: Señor, ninguno. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno, vete y no peques más.

8:12- Y hablóles Jesús otra vez, diciendo: Yo soy luz del mundo, el que me sigue no andará en tinieblas, mas tend lumbre de vida.

8:13- Entonces los fariseos le dijeron: Tu de ti mismo das testimonio, tu testimonio no es verdadero.

8:14- Respondió Jesús, y díjoles: Aunque yo doy testimonio de mi mismo, mi testimonio es verdadero; porque sé de donde he venido, y adonde voy; mas vosotros no sabéis de donde vengo y adonde voy.

8:15- Vosotros según la carne juzgáis, mas yo no juzgo a nadie.

8:16- Y si yo juzgo, mi juicio es verdadero; porque no soy sólo, mas yo y el que me envió, el Padre.

8:17- Y en vuestra ley está escrito: Que el testimonio de dos hombres es verdadero.

8:18- Yo soy el que doy testimonio de mi mismo, y da testimonio de mi el que me envió, el Padre.

8:19- Y decíanle: ¿Dónde está tu Padre?. Respondió Jesús: Ni a mi me conocéis, ni a mi Padre. Si a mi me conocieseis, a mi Padre también conoceríais.

8:20- Estas palabras habló Jesús en el lugar de las limosnas, enseñando en el templo; y nadie lo prendió, porque aún no había venido su hora.

8:21- Y díjoles otra vez Jesús: Yo voy, y buscarme heis, mas en vuestro pecado moriréis; adonde yo voy, vosotros no podéis venir.

8:22- Decían entonces los judíos: ¿Ha se de matar a sí mismo, que dice: Adonde yo voy, vosotros no podéis venir?

8:23- Y decíales: Vosotros sois de abajo, yo soy de arriba; vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo.

8:24- Por eso os dije que moriríais en vuestros pecados, porque si no creéis que yo soy, en vuestros pecados moriréis.

8:25- Y decíanle: ¿Tu quien eres?. Entonces Jesús les dijo: El que al principio también os he dicho.

8:26- Muchas cosas tengo que decir y juzgar de vosotros; mas el que me envió es verdadero; y yo lo que he oído de él, esto hablo en el mundo.

8:27- Mas no entendieron que él les hablaba del Padre.

8:28- Díjoles pues Jesús: Cuando levantareis al Hijo del hombre, entonces entenderéis que yo soy, y que nada hago de mi mismo; mas como el Padre me enseñó, esto hablo.

8:29- Porque el que me envió, conmigo está; no me ha dejado sólo el Padre; porque yo, lo que a él agrada, hago siempre.

8:30- Hablando él estas cosas, muchos creyeron en él.

8:31- Y decía Jesús a los judíos que le habían creído: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos.

8:32- Y conoceréis la verdad, y la verdad os libertará.

8:33- Y respondiéronle: Simiente de Abraham somos, y jamás servimos a nadie; ¿cómo dices tu: Seréis libres?

8:34- Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, es siervo de pecado.

8:35- Y el siervo no queda en casa para siempre; mas el hijo queda para siempre.

8:36- Así que si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres.

8:37- Yo sé que sois simiente de Abraham; mas procuráis matarme, porque mi palabra no cabe en vosotros.

8:38- Yo, lo que he visto acerca de mi Padre, hablo; y vosotros, lo que habéis visto acerca de vuestro padre, hacéis.

8:39- Respondieron y dijéronle: Nuestro padre es Abraham. Díceles Jesús: Si fuerais hijos de Abraham, las obras de Abraham haríais.

8:40- Empero ahora procuráis de matarme, hombre que os he hablado la verdad, la cual he oído de Dios; no hizo esto Abraham.

8:41- Vosotros hacéis las obras de vuestro padre. Dijéronle pues: Nosotros no somos nacidos de fornicación; un padre tenemos, es a saber, Dios.

8:42- Jesús entonces les dijo: Si vuestro padre fuera Dios, ciertamente amaríais me a mi; porque yo de Dios he salido, y he venido; que no he venido de mi mismo, mas él me envió.

8:43- ¿Por qué no reconocéis mi lenguaje, que no podéis oír mi palabra?

8:44- Vosotros de padre diablo sois, y los deseos de vuestro padre queréis cumplir. Él homicida ha sido desde el principio y no permaneció en verdad; porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira.

8:45- Y porque yo digo verdad, no me creéis.

8:46- ¿Quién de vosotros me redarguye de pecado?. Si digo verdad, ¿por qué vosotros no me creéis?

8:47- El que es de Dios, las palabras de Dios oye; las cuales por tanto no oís vosotros, porque no sois de Dios.

8:48- Respondieron entonces los judíos, y dijéronle: ¿No decimos bien nosotros, que tu eres samaritano, y que tienes demonio?

8:49- Respondió Jesús: Yo no tengo demonio; antes honro a mi Padre, y vosotros me habéis deshonrado.

8:50- Y yo no busco mi gloria; hay quien la busque, y juzgue.

8:51- De cierto, de cierto os digo, que el que guardare mi palabra, no verá muerte para siempre.

8:52- Entonces los judíos le dijeron: Ahora conocemos que tienes demonio; Abraham murió, y los profetas; ¿y tu dices: El que guardare mi palabra, no gustará muerte para siempre?

8:53- ¿Eres tu mayor que nuestro padre Abraham, el cual murió?, y los profetas murieron: ¿quién te haces?

8:54- Respondió Jesús: Si yo me glorifico a mi mismo, mi gloria es nada; mi Padre es el que me glorifica, el que vosotros decís que es vuestro Dios.

8:55- Y no lo conocéis, mas yo lo conozco; y si dijere que no lo conozco, seré como vosotros, mentiroso; mas conózcolo, y guardo su palabra.

8:56- Abraham vuestro padre se gozó por ver mi día; y viólo, y gozóse.

8:57- Dijéronle entonces los judíos: ¿Aún no tienes cincuenta años, y viste a Abraham?

8:58- Díjoles Jesús: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy.

8:59- Tomaron entonces piedras para arrojarle; mas Jesús se encubrió y salióse del templo; y atravesando por medio de ellos, se fue.

9:1- Y pasando Jesús, vio un hombre ciego desde su nacimiento.

9:2- Y preguntáronle sus discípulos, diciendo: Rabbi, ¿quién pecó, éste o sus padres, por que naciese ciego?

9:3- Respondió Jesús: Ni éste pecó, ni sus padres; mas para que las obras de Dios se manifiesten en él.

9:4- A mi me conviene obrar las obras del que me envió, entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede obrar.

9:5- Entre tanto que estuviere en el mundo, luz soy del mundo.

9:6- Esto dicho, escupió en tierra; e hizo lodo de la saliva, y untó con el lodo sobre los ojos del ciego;

9:7- Y díjole: Ve, lava los ojos en el estanque de Siloé, que significa, si lo declares: Enviado. Y fue entonces, y lavó los y volvió viendo.

9:8- Entonces los vecinos, y los que antes lo habían visto que era ciego, decían: ¿No es éste el que se sentaba y mendigaba?

9:9- Otros decían: Que éste es; y otros: Parécese a él; y él decía: Que yo soy.

9:10- Y decíanle: ¿Cómo te fueron abiertos los ojos?

9.11- Respondió él, y dijo: Aquel hombre que se llama Jesús, hizo lodo, y me untó los ojos, y me dijo: Ve al estanque de Siloé, y lávate; y fui, y lavé los ojos, y recibí la vista.

9:12- Y dijéronle: ¿Dónde está aquel?. Dice él : No sé.

9:13- Llévanlo a los fariseos, al que antes había sido ciego,

9:14- Y era sábado, cuando Jesús había hecho el lodo, y le había abierto los ojos.

9:15- Y volviéronle a preguntar también los fariseos de qué manera había recibido la vista, y él les dijo: Púsome lodo sobre los ojos, y lavé los y veo.

9:16- Entonces unos de los fariseos le decían: Este hombre no es de Dios, que no guarda el sábado. Y otros decían: ¿Cómo puede un hombre pecador hacer estas señales?. Y había disensión entre ellos.

9:17- Vuelven a decir al ciego: ¿Tu qué dices del que te abrió los ojos?. Y él dijo: Que es profeta.

9:18- Mas los judíos no creían de él, que había sido él ciego, y hubiese recibido la vista, hasta que llamaron a sus padres del que había recibido la vista.

9:19- Y preguntáronles, diciendo: ¿Es éste vuestro hijo, el que vosotros decís, que nació ciego?: ¿Cómo, pues, ve ahora? 

9:20- Respondiéronles sus padres, y dijeron: Sabemos que este es nuestro hijo, y que nació ciego;

9:21- Mas como vea ahora, no sabemos; o quien le haya abierto los ojos, nosotros no lo sabemos; él tiene edad, preguntadle a él, él hablará de sí.

9:22- Esto dijeron sus padres, porque tenían miedo de los judíos; porque ya los judíos habían concluido que si alguno confesase ser él el Mesías, que fuese fuera de la sinagoga.

9:23- Por esto dijeron sus padres: Que edad tiene, preguntadle a él.

9:24- Así que volvieron a llamar al hombre que había sido ciego, y dijéronle: Da gloria a Dios, nosotros sabemos que este hombre es pecador.

9:25- Entonces él respondió, y dijo: Si es pecador no lo sé; una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo.

9:26- Y volviéronle a decir: ¿Qué te hizo?, ¿cómo te abrió los ojos?

9:27- Respondióles: Ya os lo he dicho, y lo habéis oído; ¿por qué lo queréis otra vez oír?, ¿queréis también vosotros haceros sus discípulos?

9:28- Y maldijéronlo, y dijeron: Tu seas su discípulo; que nosotros discípulos de Moisés somos.

9:29- Nosotros sabemos que a Moisés habló Dios; mas éste no sabemos de dónde es.

9:30- Respondióles aquel hombre, y díjoles: Cierto maravillosa cosa es esta, que vosotros no sabéis de donde sea, y a mi me abrió los ojos.

9:31- Y sabemos que Dios no oye a los pecadores; mas si alguno es temeroso de Dios, y hace su voluntad, a éste oye.

9:32- Desde el siglo no fue oído, que abriese alguno los ojos de uno que nació ciego.

9:33- Si éste no fuera venido de Dios, no pudiera hacer nada.

9:34- Respondieron, y dijéronle: En pecados eres nacido todo; ¿y tu nos enseñas?. Y echáronlo fuera.

9:35- Oyó Jesús que lo habían echado fuera; y hallándolo, díjole: ¿Tu crees en el Hijo de Dios?

9:36- Respondió él, y dijo: ¿Quién es, Señor, para que crea en él?

9:37- Y díjole Jesús: Y has lo visto, y el que habla contigo, él es.

9:38- Y él dice: Creo, Señor. Y adorólo.

9:39- Y dijo Jesús: Yo, para juicio he venido a este mundo; para que los que no ven, vean; y los que ven, sean cegados.

9:40- Y oyeron esto algunos de los fariseos que estaban con él, y dijéronle: ¿Somos nosotros también ciegos?

9:41- Díjoles Jesús: Si fuerais ciegos, no tuvierais pecado; mas ahora porque decís: Vemos; por tanto vuestro pecado permanece.

10:1- De cierto, de cierto os digo, que el que no entra por la puerta en el corral de las ovejas, mas sube por otra parte, el tal ladrón es y robador.

10:2- Mas el que entra por la puerta, el pastor de las ovejas es.

10:3- A éste abre el portero, y las ovejas oyen su voz; y a sus ovejas llama por nombre, y las saca.

10:4- Y como ha sacado fuera sus ovejas, va delante de ellas; y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz.

10:5- Mas al extraño no seguirán, antes huirán de él; porque no conocen la voz de los extraños.

10:6- Esta parábola les dijo Jesús, mas ellos no entendieron qué era lo que les decía.

10:7- Volvióles pues Jesús a decir: De cierto, de cierto os digo, que yo soy la puerta de las ovejas.

10:8- Todos los que antes de mi vinieron, ladrones son y robadores, mas no los oyeron las ovejas.

10:9- Yo soy la puerta; el que por mi entrare, será salvo; y entrará y saldrá, y hallará pastos.

10:10- El ladrón no viene sino para hurtar, y matar, y destruir las ovejas; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia. 

10:11- Yo soy el buen pastor; el buen pastor su alma da por sus ovejas.

10:12- Mas el salariado, y que no es el pastor, cuyas no son propias las ovejas, ve al lobo que viene, y deja las ovejas, y huye; y el lobo arrebata, y disipa las ovejas.

10:13- Así que el salariado huye, porque es salariado, y no tiene cuidado de las ovejas.

10.14- Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen.

10.15- Como el Padre me conoce a mi, y yo conozco al Padre; y pongo mi alma por las ovejas.

10:16- También tengo otras ovejas que no son de este corral; aquellas también me conviene traer, y oirán mi voz; y hacerse ha un corral, y un pastor.

10.17- Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi alma para volverla a tomar.

10:18- Nadie la quita de mi, mas yo la pongo de mi mismo; porque tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre.

10:19- Y volvió a haber disensión entre los judíos por estas palabras.

10:20- Y muchos de ellos decían: Demonio tiene, y está fuera de sí, ¿para qué lo oís?

10:21- Decían otros: Estas palabras no son de endemoniado; ¿puede el demonio abrir los ojos de los ciegos?

10:22- Y hacíanse las Encenias (fiesta de la dedicación) en Jerusalem, y era invierno.

10:23- Y Jesús andaba en el templo por el portal de Salomón.

10:24- Y rodeáronlo los judíos, y dijéronle: ¿Hasta cuándo nos quitarás la vida?: Si tu eres el Cristo, dínoslo abiertamente.

10:25- Respondióles Jesús: Dicho os lo he, y no lo creéis; las obras que yo hago en nombre de mi Padre, éstas dan testimonio de mi.

10.26- Mas vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas, como os he dicho.

10:27- Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y síguenme.

10:28- Y yo les doy vida eterna, y para siempre no perecerán; y nadie las arrebatará de mi mano.

10:29- Mi Padre que me las dio, mayor que todos es; y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.

10:30- Yo y el Padre una cosa somos.

10:31- Entonces volvieron a tomar piedras los judíos, para apedrearlo.

10:32- Respondióles Jesús: Muchas buenas obras os he mostrado de mi Padre, ¿por cuál obra de ella me apedreáis?

10:33- Respondiéronle los judíos, diciendo: Por la buena obra no te apedreamos, sino por la blasfemia; y porque tu siendo hombre te haces Dios.

10:34- Respondióles Jesús: ¿No está escrito en vuestra ley, que: Yo dije, dioses sois?

10:35- Si dijo dioses a aquellos a los cuales fue hecha palabra de Dios, y la Escritura no puede ser quebrantada;

10:36- ¿A mi, que el Padre santificó, y envió al mundo, vosotros decís: Tu blasfemas; porque dije: Hijo de Dios soy?

10:37- Si no hago obras de mi Padre, no me creáis.

10:38- Mas si las hago, aunque a mi no creáis, creed a las obras; para que conozcáis y creáis que el Padre es en mi, y yo en él.

10:39- Y procuraban otra vez prenderlo, mas él se salió de sus manos.

10:40- Y volvióse tras el Jordán, a aquel lugar donde primero había estado bautizando Juan, y estúvose allí.

10:41- Y muchos venían a él, y decían: que Juan a la verdad ninguna señal hizo; mas todo lo que Juan dijo de éste, era verdad.

10:42- Y muchos creyeron allí en él.

11:1- Estaba entonces enfermo uno llamado Lázaro, de Bethania, la aldea de María y de Marta sus hermanas.

11:2- Y María era la que ungió al Señor con ungüento, y limpió sus pies con sus cabellos, cuyo hermano Lázaro estaba enfermo.

11:3- Enviaron, pues, sus hermanas a él, diciendo: Señor, he aquí, el que amas está enfermo.

11:4- Y oyéndolo Jesús, dijo: Esta enfermedad no es para muerte, mas por gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.

11:5- Y amaba Jesús a Marta y a su hermana, y a Lázaro.

11:6- Como oyó, pues, que estaba enfermo, entonces a la verdad quedóse dos días en aquel lugar donde estaba.

11:7- Luego, después de esto, dijo a sus discípulos: Vamos a Judea otra vez.

11:8- Dícenle los discípulos: Rabbi, ahora procuraban los judíos apedrearte, ¿y vas otra vez allá?

11:9- Respondió Jesús: ¿No tiene el día doce horas?. El que anduviere de día, no tropieza; porque ve la luz de este mundo.

11:10- Mas el que anduviere de noche, tropieza; porque no hay luz en él.

11:11- Dicho esto, díceles después: Lázaro, nuestro amigo, duerme; mas voy a despertarlo del sueño.

11:12- Dijéronle entonces sus discípulos: Señor, si duerme, salvo estará.

11:13- Mas esto decía Jesús de la muerte de él, y ellos pensaron que hablaba de sueño de dormir.

11:14- Entonces, pues, Jesús les dijo claramente: Lázaro es muerto;

11:15- Y huélgome por vosotros, que yo no haya estado ahí, para que creáis, mas vamos a él.

11:16- Dijo entonces Tomás, el que se dice el Dídimo, a los condiscípulos: Vamos también nosotros, para que muramos con él.

11:17- Vino pues Jesús, y hallólo, que hacía cuatro días que estaba en el sepulcro.

11:18- Y Bethania estaba cerca de Jerusalem como quince estadios.

11:19- Y muchos de los judíos habían venido a Marta y a María, a consolarlas de su hermano.

11:20- Entonces Marta, como oyó que Jesús venía, saliólo a recibir; mas María estúvose en casa.

11:21- Y Marta dijo a Jesús: Señor, si estuvieras aquí, mi hermano no fuera muerto.

11:22- Mas también sé ahora, que todo lo que pidieres de Dios, te dará Dios.

11:23- Dícele Jesús: Resucitará tu hermano.

11:24- Marta le dice: Yo sé que resucitará en la resurrección en el día postrero.

11:25- Dícele Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mi, aunque esté muerto, vivirá.

11:26- Y todo aquel que vive, y cree en mi, no morirá eternalmente. ¿Crees esto?

11:27- Dícele: Sí, Señor; yo he creído que tu eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo.

11:28- Y esto dicho, fuese; y llamó en secreto a María su hermana, diciendo: El Maestro está aquí, y te llama.

11:29- Ella, como lo oyó, levantase prestamente, y viene a él.

11:30- (Que aún no había llegado Jesús a la aldea, mas estaba en aquel lugar donde Marta lo había salido a recibir).

11:31- Entonces los judíos que estaban en casa con ella, y la consolaban, como vieron que María se había levantado prestamente, y había salido, siguiéronla, diciendo: Que va al sepulcro a llorar allí.

11:32- Mas María, como vino donde estaba Jesús, viéndolo, derribóse a sus pies, diciéndole: Señor, si hubieras estado aquí, no fuera muerto mi hermano.

11:33- Jesús entonces, como la vio llorando, y a los judíos que habían venido juntamente con ella llorando, embravecióse en Espíritu, y alborotóse a sí mismo,

11:34- Y dijo: ¿Dónde lo pusísteis?. Dícenle: Señor, ven y ve lo.

11:35- Y lloró Jesús.

11:36- Dijeron entonces los judíos: Mirad, cómo lo amaba.

11:37- Y algunos de ellos dijeron: ¿No podía éste, que abrió los ojos del ciego, hacer que éste no muriera?

11:38- Y Jesús, embraveciéndose otra vez en sí mismo, vino al sepulcro, donde había una cueva, la cual tenía una piedra encima.

11:39- Dice Jesús: Quitad la piedra. Marta, la hermana del que había sido muerto, le dice: Señor, hiede ya, que es de cuatro días.

11:40- Jesús le dice: ¿No te he dicho que, si creyeres, verás la gloria de Dios?

11:41- Entonces quitaron la piedra de donde el muerto había sido puesto; y Jesús, alzando los ojos arriba, dijo: Padre, gracias te hago que me has oído.

11:42- Que yo sabía que siempre me oyes; mas por causa de la compaña que está arredor lo dije, para que crean que tu me has enviado.

11:43- Y habiendo dicho estas cosas, clamó a gran voz: Lázaro, ven fuera.

11:44- Entonces, el que había sido muerto, salió, atadas las manos y los pies con vendas; y su rostro estaba envuelto en un sudario. Díceles Jesús: Desatadlo, y dejadlo ir.

11:45- Entonces, muchos de los judíos que habían venido a María, y habían visto lo que había hecho Jesús, creyeron en él.

11:46- Mas algunos de ellos fueron a los fariseos, y dijéronles lo que Jesús había hecho.

11:47- Y los pontífices y los fariseos juntaron concilio; y decían: ¿Qué hacemos?, que este hombre hace muchas señales.

11:48- Si lo dejamos así, todos creerán en él; y vendrán los romanos, y quitarán nuestro lugar y la nación.

11:49- Entonces Caifás, uno de ellos, sumo pontífice de aquel año, les dijo: Vosotros no sabéis nada;

11:50- Ni pensáis que nos conviene que un hombre muera por el pueblo, y no que toda la nación se pierda.

11:51- Mas esto no lo dijo de sí mismo; sino que como era el sumo pontífice de aquel año, profetizó que Jesús había de morir por la nación.

11:52- Y no solamente por aquella nación, mas también para que juntase, en uno, los hijos de Dios que estaban derramados.

11:53- Así que desde aquel día consultaban juntos de matarlo.

11:54- De manera que Jesús ya no andaba manifiestamente entre los judíos; mas fuese de allí a la tierra que está junto al desierto, a una ciudad que se llama Efraim; y estábase allí con sus discípulos.

11:55- Y la pascua de los judíos estaba cerca; y muchos de la tierra subieron a Jerusalem antes de la pascua para purificarse.

11:56- Y buscaban a Jesús, y hablaban los unos con los otros estando en el templo: ¿Qué os parece?, ¿que no vendrá al día de la fiesta?

11:57- Y los pontífices y los fariseos habían dado mandamiento: Que si alguno supiese donde estuviese, que lo manifestase, para que lo prendiesen.