Reina Valera 1602

S. LUCAS 1-11

1:1- Habiendo muchos tentado a poner en orden la historia de las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas,

1:2- Como nos lo enseñaron los que desde el principio lo vieron de sus ojos, y fueron ministros del negocio;

1:3- Ha me parecido también a mi, después de haber entendido todas las cosas desde el principio con diligencia, escribírtelas por orden, oh muy buen Teófilo.

1:4- Para que conozcas la verdad de las cosas, en las cuales has sido enseñado.

1:5- Hubo en los días de Herodes, rey de Judea, un sacerdote llamado Zacarías, de la suerte de Abías; y su mujer, de las hijas de Aarón, llamada Elisabeth.

1:6- Y eran ambos justos delante de Dios, andando en todos los mandamientos y estatutos del Señor sin reprensión.

1:7- Y no tenían generación; porque Elisabeth era estéril, y ambos eran venidos en días.

1:8- Y aconteció que administrando Zacarías el sacerdocio delante de Dios por el orden de su vez, 

1:9- Conforme a la costumbre del sacerdocio, salió en su vez a poner el perfume, entrando en el templo del Señor.

1:10- Y toda la multitud del pueblo estaba fuera orando a la hora del perfume.

1:11- Y aparecióle el ángel del Señor que estaba a la mano derecha del altar del perfume.

1:12- Y turbóse Zacarías viéndolo, y cayó temor sobre él.

1:13- Mas el ángel le dijo: Zacarías, no temas, porque tu oración ha sido oída; y tu mujer Elisabeth te engendrará un hijo, y llamarás su nombre Juan.

1:14- Y tendrás gozo y alegría, y muchos se gozarán de su nacimiento.

1:15- Porque será grande delante de Dios; y no beberá vino ni sidra; y será lleno de Espíritu Santo aún desde el vientre de su madre. 

1:16- Y a muchos de los hijos de Israel convertirá al Señor Dios de ellos.

1:17- Porque él irá delante de él con el Espíritu y virtud de Elías, para convertir los corazones de los padres a los hijos, y los rebeldes a la prudencia de los justos; para aparejar al Señor pueblo perfecto.

1:18- Y dijo Zacarías al ángel: ¿En qué conoceré esto?, porque yo soy viejo, y mi mujer venida en días.

1:19- Y respondiendo el ángel, díjole: Yo soy Gabriel, que estoy delante de Dios, y soy enviado a hablarte, y a darte estas buenas nuevas.

1:20- Y he aquí serás mudo, y no podrás hablar, hasta el día que esto sea hecho; por cuanto no creíste a mis palabras, las cuales se cumplirán a su tiempo.

1:21- Y el pueblo estaba esperando a Zacarías, y maravillábanse que él se tardaba en el templo.

1:22- Y saliendo, no les podía hablar; y entendieron que había visto visión en el templo; y él les hablaba por señas; y quedó mudo.

1:23- Y fue, que cumplidos los días de su oficio, vínose a su casa.

1:24- Y después de aquellos días concibió su mujer Elisabeth y encubríase por cinco meses, diciendo:

1:25- Porque el Señor me hizo esto en los días en que miró para quitar mi afrenta entre los hombres.

1:26- Y al sexto mes el ángel Gabriel fue enviado de Dios a una ciudad de Galilea que se llama Nazaret,

1:27- A una virgen desposada con un varón que se llamaba Josef, de la casa de David; y el nombre de la virgen era María.

1:28- Y entrando el ángel a ella dijo: Gozo tengas, amada, el Señor es contigo. Bendita tu entre las mujeres.

1:29- Mas ella, cuando lo vio, turbóse de su hablar; y pensaba qué salutación fuese ésta.

1:30- Entonces el ángel le dice: María, no temas, porque has hallado gracia acerca de Dios.

1:31- Y he aquí que concebirás en el vientre, y parirás hijo y llamarás su nombre Jesús.

1:32- Éste será grande, e Hijo del Altísimo será llamado; y darle ha el Señor Dios la silla de David su padre,

1:33- Y reinará en la casa de Jacob eternamente, y de su reino no habrá cabo.

1:34- Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto?, porque no conozco varón.

1:35- Y respondiendo el ángel, díjole: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la virtud del Altísimo te cubrirá; por lo cual también lo Santo que de ti nacerá será llamado Hijo de Dios.

1:36- Y he aquí, Elisabeth tu parienta, también ella ha concebido hijo en su vejez; y éste es el sexto mes a ella que es llamada la estéril;

1:37- Porque ninguna cosa es imposible acerca de Dios.

1:38- Entonces María dijo: He aquí la criada del Señor, cúmplase en mi conforme a tu palabra. Y el ángel se partió de ella.

1:39- En aquellos días levantándose María, fue a la montaña con priesa, a una ciudad de Judá.

1:40- Y entró en casa de Zacarías, y saludó a Elisabeth.

1:41- Y aconteció, que como oyó Elisabeth la salutación de María, la criatura saltó en su vientre; y Elisabeth fue llena de Espíritu Santo;

1:42- Y exclamó a gran voz, y dijo: Bendita tu entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre.

1:43- ¿Y de dónde esto a mi, que venga la madre de mi Señor a mi?

1:44- Porque he aquí, que como llegó la voz de tu salutación a mis oídos, la criatura saltó con alegría en mi vientre. 

1:45- Y bienaventurada la que creyó, porque se cumplirán las cosas que le fueron dichas de parte del Señor.

1:46- Entonces María dijo: Engrandece mi alma al Señor.

1:47- Y mi espíritu se alegró en Dios mi salud.

1:48- Porque miró a la bajeza de su criada; porque he aquí desde ahora me dirán bienaventurada todas las edades.

1:49- Porque me ha hecho grandes cosas el Poderoso, y su Santo nombre.

1:50- Y su misericordia de generación a generación a los que lo temen.

1:51- Hizo valentía con su brazo, esparció los soberbios del pensamiento de su corazón.

1:52- Quitó los poderosos de los tronos, y levantó a los humildes.

1:53- A los hambrientos hinchió de bienes, y a los ricos envió vacíos.

1:54- Recibió a Israel su criado, acordándose de la misericordia.

1:55- Como habló a nuestros padres, a Abraham y a su simiente, para siempre.

1:56- Y quedóse María con ella como tres meses; y volvióse a su casa.

1:57- Y a Elisabeth, cumpliósele el tiempo de parir, y parió un hijo.

1:58- Y oyeron los vecinos y los parientes que había Dios hecho grande misericordia con ella, y alegráronse con ella.

1:59- Y aconteció, que al octavo día vinieron para circuncidar el niño, y llamábanlo del nombre de su padre, Zacarías.

1:60- Y respondiendo su madre, dijo: No, sino Juan será llamado. 

1:61- Y dijéronle: ¿Por qué?, nadie hay en tu parentela que se llame de este nombre.

1:62- Y hablaron por señas a su padre, cómo le quería llamar.

1:63- Y demandando la tablilla, escribió, diciendo: Juan es su nombre. Y todos se maravillaron.

1:64- Y luego fue abierta su boca, y su lengua, y habló bendiciendo a Dios.

1:65- Y fue un temor sobre todos los vecinos de ellos; y en todas las montañas de Judea fueron divulgadas todas estas cosas.

1:66- Y todos los que lo oían, se maravillaban, diciendo: ¿Quién será este niño?. Y la mano del Señor era con él.

1:67- Y Zacarías su padre fue lleno de Espíritu Santo, y profetizó, diciendo:

1:68- Bendito el Señor Dios de Israel, que visitó e hizo redención a su pueblo.

1:69- Y nos enhestó el cuerno de salud en la casa de David su siervo.

1:70- Como habló por boca de los santos que fueron desde el principio, sus profetas:

1:71- Salud de nuestros enemigos, y de mano de todos los que nos aborrecieron.

1:72- Haciendo misericordia con nuestros padres, y acordándose de su santo testamento.

1:73- Del juramento que juró a Abraham nuestro Padre, que nos había de dar.

1:74- Que sin temor, libertados de nuestros enemigos, le serviríamos.

1:75- En santidad y justicia delante de él, todos los días de nuestra vida.

1:76- Tu empero, oh niño, profeta del Altísimo serás llamado; porque irás delante de la faz del Señor, para aparejar sus caminos.

1:77- Dando ciencia de salud a su pueblo para remisión de sus pecados;

1:78- Por las entrañas de misericordia de nuestro Dios, con que nos visitó de lo alto el oriente,

1:79- Para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte, para encaminar nuestros pies por camino de paz.

1:80- Y el niño crecía, y era confortado del Espíritu, y estuvo en los desiertos hasta el día que se mostró a Israel.

2:1- Y aconteció en aquellos días que salió edicto de parte de Augusto César, que toda la tierra fuese empadronada.

2:2- Este empadronamiento primero, fue hecho siendo presidente de la Siria Cirenio.

2:3- E iban todos para ser empadronados cada uno a su ciudad.

2:4- Y subió Josef de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Bethlehem, por cuanto era de la casa y familia de David;

2:5- Para ser empadronado, con María su mujer desposada con él, la cual estaba preñada.

2:6- Y aconteció, que estando ellos allí, los días en que ella había de parir se cumplieron.

2:7- Y parió a su hijo primogénito, y envolviólo, y acostólo en el pesebre; porque no había lugar para ellos en el mesón.

2:8- Y había pastores en la misma tierra, que velaban y guardaban las velas de la noche sobre su ganado.

2:9- Y he aquí, el ángel del Señor vino sobre ellos; y claridad de Dios los hinchió de resplandor de todas partes, y tuvieron gran temor.

2:10- Mas el ángel les dijo: No temáis, porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será a todo el pueblo.

2:11- Que os es nacido hoy Salvador, que es el Señor el Cristo, en la ciudad de David.

2:12- Y esto os será por señal: Hallaréis al niño envuelto en pañales, echado en el pesebre.

2:13- Y repentinamente fue con el ángel multitud de ejércitos celestiales, que alababan a Dios, y decían:

2:14- Gloria en las alturas a Dios, y en la tierra paz, y a los hombres buena voluntad.

2:15- Y aconteció que como los ángeles se fueron de ellos al cielo, los pastores dijeron los unos a los otros: Pasemos pues hasta Bethlehem, y veamos este negocio que ha hecho Dios y nos ha mostrado.

2:16- Y vinieron aprisa, y hallaron a María, y a Josef, y al niño acostado en el pesebre.

2:17- Y viéndolo hicieron notorio lo que les había dicho del niño.

2:18- Y todos los que lo oyeron, se maravillaron de lo que los pastores les decían.

2:19- Mas María guardaba todas estas cosas confiriéndolas en su corazón.

2:20- Y volviéronse los pastores glorificando y alabando a Dios de todas las cosas que habían oído y visto, como les había sido dicho.

2:21- Y pasados los ocho días para circuncidar al niño, llamaron su nombre Jesús, el cual le fue puesto del ángel antes que él fuese concebido en el vientre. 

2:22- Y como se cumplieron los días de la purificación de María conforme a la ley de Moisés, trajéronlo a Jerusalem para presentarlo al Señor.

2:23- Como está escrito en la ley del Señor: Todo macho que abriere matriz, será santo al Señor.

2:24- Y para dar la ofrenda, conforme a lo que está dicho en la ley del Señor: Un par de tórtolas o dos pollos de palomas.

2:25- Y he aquí, había un hombre en Jerusalem llamado Simeón; y este hombre, justo y pío, esperaba la consolación de Israel, y el Espíritu Santo era sobre él.

2:26- Y había recibido respuesta del Espíritu Santo, que no vería la muerte antes que viese al Cristo del Señor.

2:27- Y vino por Espíritu al templo. Y como metieron al niño Jesús sus padres en el templo, para hacer por él conforme a la costumbre de la ley,

2.28- Entonces él lo tomó en sus brazos, y bendijo a Dios, y dijo:

2:29- Ahora despides Señor a tu siervo, conforme a tu palabra en paz.

2:30- Porque han visto mis ojos tu salud,

2:31- La cual has aparejado en presencia de todos los pueblos.

2:32- Lumbre para ser revelada a las gentes, y la gloria de tu pueblo Israel.

2:33- Y Josef y su madre estaban maravillados de las cosas que se decían de él.

2:34- Y bendíjolos Simeón, y dijo a su madre María: He aquí, que éste es dado para caída y para levantamiento de muchos en Israel, y para señal a quien será contradicho;

2:35- Y tu ánima de ti misma traspasará cuchillo, para que de muchos corazones sean manifestados los pensamientos.

2:36- Estaba también allí Ana, profetisa, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, la cual había venido en grande edad, y había vivido con su marido siete años desde su virginidad.

2:37- Y era viuda de hasta ochenta y cuatro años que no se apartaba del templo, en ayunos y oración sirviendo de noche y de día.

2:38- Y ésta, sobreviniendo en la misma hora, juntamente confesaba al Señor, y hablaba de él a todos los que esperaban la redención en Jerusalem.

2:39- Mas como cumplieron todas las cosas según la ley del Señor, volviéronse a Galilea, a su ciudad Nazaret.

2:40- Y el niño crecía, y era confortado del Espíritu, y henchíase de sabiduría; y la gracia de Dios era sobre él.

2:41- E iban sus padres todos los años a Jerusalem en la fiesta de la pascua.

2:42- Y como fue de doce años, ellos subieron a Jerusalem conforme a la costumbre del día de la fiesta.

2:43- Y acabados los días, volviendo ellos, quedóse el niño Jesús en Jerusalem sin saberlo Josef y su madre.

2:44- Y pensando que estaba en la compaña, anduvieron camino de un día; y buscábanlo entre los parientes y entre los conocidos.

2:45- Y como no lo hallasen, volvieron a Jerusalem buscándolo.

2:46- Y aconteció, que tres días después lo hallaron en el templo, sentado en medio de los doctores, oyéndolos y preguntándoles.

2:47- Y todos los que lo oían estaban fuera de sí por su entendimiento y respuestas.

2:48- Y como lo vieron, espantáronse, y díjole su madre: Hijo, ¿por qué nos has hecho esto?, he aquí tu padre y yo te hemos buscado con dolor.

2:49- Entonces él les dice: ¿Qué hay, por qué me buscábais?, ¿no sabíais que en los negocios que son de mi Padre me conviene estar?

2:50- Mas ellos no entendieron las palabras que les habló.

2:51- Y descendió con ellos, y vino a Nazaret, y estaba sujeto a ellos. Y su madre guardaba todas estas cosas en su corazón.

2:52- Y Jesús crecía en sabiduría y en edad, y gracia acerca de Dios y de los hombres.

3:1- Y en el año quince del imperio de Tiberio César, siendo presidente de Judea Poncio Pilato, y Herodes tetrarca de Galilea, y su hermano Filipo tetrarca de Iturea y de la provincia de Traconite, y Lisania tetrarca de Abilinia.

3:2- Siendo sumos sacerdotes Anás y Caifás, fue palabra del Señor sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto.

3:3- Y vino en toda la tierra al derredor del Jordán predicando bautismo de penitencia para remisión de pecados;

3:4- Como está escrito en el libro de los sermones del profeta Isaías, que dice: Voz del que clama en el desierto, aparejad el camino del Señor, haced derechas sus sendas.

3:5- Todo valle se henchirá, y todo monte y collado se abajará; y los caminos torcidos serán enderezados, y los caminos ásperos allanados;

3:6- Y verá toda carne la salud de Dios.

3:7- Y decía a las compañas que salían para ser bautizadas de él: Generación de víboras, ¿quién os enseñó a huir de la ira que vendrá?

3:8- Haced pues frutos dignos de penitencia, y no comencéis a decir en vosotros mismos: Por padre tenemos a Abraham, porque os digo que puede Dios, aún de estas piedras, levantar hijos a Abraham.

3:9- Y ya también la hacha está puesta a la raíz de los árboles; todo árbol, pues, que no hace buen fruto, es talado y echado en el fuego.

3:10- Y las compañas le preguntaban, diciendo: ¿Pues qué haremos? 

3:11- Y respondiendo, díjoles: El que tiene dos ropas, dé al que no tiene; y el que tiene alimentos, haga lo mismo.

3:12- Y vinieron también a él publicanos para ser bautizados, y dijéronle: Maestro, ¿qué haremos?

3:13- Y él les dijo: No demandéis más de lo que os está ordenado.

3:14- Y preguntáronle también los soldados, diciendo: Y nosotros, ¿qué haremos?. Y díceles: No maltratéis a nadie, ni oprimáis; y sed contentos con vuestros salarios.

3:15- Y estando el pueblo esperando, y pensando todos de Juan en sus corazones, si él fuese el Cristo,

3:16- Respondió Juan, diciendo a todos: Yo a la verdad os bautizo en agua, mas viene quien es más valeroso que yo, que no soy digno de desatar la correa de sus zapatos; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego.

3:17- El aventador del cual está en su mano, y limpiará su era, y juntará el trigo en su alfolí, y la paja quemará en fuego que nunca se apagará.

3:18- Así que, amonestando otras muchas cosas también, anunciaba el evangelio al pueblo.

3:19- Entonces Herodes tetrarca, siendo reprehendido de él de Herodias, mujer de Filipo su hermano, y de todas las maldades que había hecho Herodes.

3:20- Añadió también esto sobre todo: Que encerró a Juan en cárcel.

3:21- Y aconteció, que como todo el pueblo se bautizaba, y Jesús fuese bautizado, y orase, el cielo se abrió;

3:22- Y descendió el Espíritu Santo en forma corporal, como paloma, sobre él, y fue hecha una voz del cielo que decía: Tu eres mi hijo amado, en ti es mi placer.

3:23- Y el mismo Jesús comenzaba a ser como de treinta años, hijo de Josef, como se creía, que fue hijo de Elí,

3:24- Que fue de Matat, que fue de Leví, que fue de Melqui, que fue de Janne, que fue de Josef,

3:25- Que fue de Matatías, que fue de Amos, que fue de Naum, que fue de Esli, que fue de Nagge,

3:26- Que fue de Maat, que fue de Matatías, que fue de Semei, que fue de Josef, que fue de Judá,

3:27- Que fue de Joanna, que fue de Resa, que fue de Zorobabel, que fue de Salatiel, que fue de Neri,

3:28- Que fue de Melqui, que fue de Addi, que fue de Cosam, que fue de Elmodam, que fue de Er,

3:29- Que fue de José, que fue de Eliezer, que fue de Jorim, que fue de Matat, que fue de Leví,

3:30- Que fue de Simeón, que fue de Judá, que fue de Josef, que fue de Jonan, que fue de Eliacim,

3:31- Que fue de Melea, que fue de Menan, que fue de Matata, que fue de Natan, que fue de David.

3:32- Que fue de Jessé, que fue de Obed, que fue de Booz, que fue de Salmón, que fue de Naasón,

3:33- Que fue de Aminadab, que fue de Aram, que fue de Esrom, que fue de Fares, que fue de Judá,

3:34- Que fue de Jacob, que fue de Isaac, que fue de Abraham, que fue de Tare, que fue de Nacor,

3:35- Que fue de Saruc, que fue de Ragau, que fue de Faleg, que fue de Heber, que fue de Sale,

3:36- Que fue de Arfajad, que fue de Sem, que fue de Noé, que fue de Lamec,

3:37- Que fue de Matusalá, que fue de Enoc, que fue de Jared, que fue de Malaleel, que fue de Cainán,

3:38- Que fue de Enos, que fue de Set, que fue de Adam, que fue de Dios.

4:1- Y Jesús, lleno de Espíritu Santo, volvió del Jordán, y fue agitado del Espíritu al desierto

4:2- Por cuarenta días, y era tentado del diablo. Y no comió cosa en aquellos días; los cuales pasados, después tuvo hambre.

4:3- Entonces el diablo le dijo: Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se haga pan.

4:4- Y Jesús, respondiéndole, dijo: Escrito está: Que no con pan sólo vivirá el hombre, mas con toda palabra de Dios.

4:5- Y llevólo el diablo a un alto monte, y mostróle todos los reinos de la tierra habitada en un momento de tiempo;

4:6- Y díjole el diablo: A ti te daré esta potestad toda, y la gloria de ellos; porque a mi es entregada, y a quien quiero la doy.

4:7- Tu pues, si adorares delante de mi, serán todos tuyos.

4:8- Y respondiendo Jesús, díjole: Vete de mi Satán, porque escrito está: Al Señor Dios tuyo adorarás, y a él sólo servirás.

4:9- Y llevólo a Jerusalem, y púsolo sobre el cimborio del templo, y díjole: Si eres Hijo de Dios, échate de aquí abajo.

4:10- Porque escrito está: Que a sus ángeles mandará de ti, que te guarden;

4:11- Y que en las manos te llevarán, para que no dañes tu pie a piedra.

4:12- Y respondiendo Jesús, díjole: Dicho está: No tentarás al Señor tu Dios.

4:13- Y acabada toda tentación, el diablo se fue de él por algún tiempo.

4:14- Y Jesús volvió en virtud del Espíritu a Galilea, y salió la fama de él por toda la tierra de alrededor.

4:15- Y él enseñaba en las sinagogas de ellos, y era glorificado de todos.

4:16- Y vino a Nazaret, donde había sido criado; y entró, conforme a su costumbre, el día del sábado en la sinagoga, y levantóse a leer.

4:17- Y fuele dado el libro del profeta Isaías; y como abrió el libro, halló el lugar donde estaba escrito:

4:18- El Espíritu del Señor es sobre mi, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres me ha enviado, para sanar los quebrantados de corazón, para pregonar a los cautivos libertad, y a los ciegos vista, para enviar en libertad a los quebrantados,

4:19- Para predicar año agradable del Señor.

4:20- Y cerrando el libro, como lo dio al ministro, sentóse, y los ojos de todos en la sinagoga estaban atentos a él.

4:21- Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta escritura en vuestros oídos.

4:22- Y todos le daban su testimonio, y estaban maravillados de sus palabras de gracia que salían de su boca, y decían: ¿No es éste el hijo de Josef?

4:23- Y díjoles: Sin duda me diréis: Médico, cúrate a ti mismo; de tantas cosas que hemos oído haber sido hechas en Capernaum, haz también aquí en tu tierra.

4:24- Y dijo: De cierto os digo, que ningún profeta es acepto en tu tierra.

4:25- En verdad os digo, que muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando el cielo fue cerrado por tres años y seis meses, que hubo grande hambre en toda la tierra;

4:26- Mas a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a Sarepta de Sidón, a una mujer viuda.

4:27- Y muchos leprosos había en Israel en tiempo del profeta Eliseo, mas ninguno de ellos fue limpio, sino Naamán siro.

4:28- Entonces todos en la sinagoga fueron llenos de ira, oyendo estas cosas.

4:29- Y levantándose, echáronlo fuera de la ciudad, y lleváronlo hasta la cumbre del monte sobre el cual la ciudad de ellos estaba edificada, para despeñarlo.

4:30- Mas él, pasando por medio de ellos, fuese.

4:31- Y descendió a Capernaum, ciudad de Galilea, y allí los enseñaba los sábados.

4:32- Y estaban fuera de sí de su doctrina, porque su palabra era con potestad.

4:33- Y estaba en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu de un demonio inmundo, el cual exclamó a gran voz,

4:34- Diciendo: Ah, ¿qué tenemos contigo Jesús nazareno?, ¿has venido a destruirnos?, yo te conozco quien eres, el Santo de Dios.

4:35- Y Jesús le riñó, diciendo: Enmudece, y sal de él. Entonces el demonio, derribándolo en medio, salió de él, y no le hizo daño alguno.

4:36- Y fue espanto sobre todos, y hablaban unos a otros diciendo: ¿Qué cosa es ésta, que con autoridad y potencia manda a los espíritus inmundos y salen?

4:37- Y la fama de él se divulgaba de todas partes por todos los lugares de la comarca.

4:38- Y levantándose Jesús de la sinagoga, entróse en casa de Simón; y la suegra de Simón estaba con una grande fiebre, y rogáronle por ella.

4:39- E inclinándose hacia ella, riñó a la fiebre y la fiebre la dejó; y ella levantándose luego, les sirvió. 

4:40- Y poniéndose el sol, todos los que tenían enfermos de diversas enfermedades los traían a él; y él, poniendo las manos sobre cada uno de ellos, los sanaba.

4:41- Y salían también demonios de muchos dando voces, y diciendo: Tu eres el Cristo, Hijo de Dios; mas él riñéndoles no los dejaba hablar, porque sabían que él era el Cristo.

4:42- Y siendo ya de día salió, y fuese al lugar desierto; y las compañas lo buscaban, y vinieron hasta él; y deteníanlo que no se fuese de ellos.

4:43- Y él les dijo: Que también a otras ciudades es menester que anuncie el evangelio del reino de Dios, porque para esto soy enviado.

4:44- Y predicaba en las sinagogas de Galilea.

5:1- Y aconteció que estando él junto al lago de Genezaret, las compañas se derribaban sobre él por oír la palabra de Dios.

5:2- Y vio dos navíos que estaban cerca de la orilla del lago; y los pescadores, habiendo descendido de ellos, lavaban sus redes.

5:3- Y entrado en uno de estos navíos, el cual era de Simón, rogóle que lo desviase de tierra un poco; y sentándose, enseñaba desde el navío las compañas.

5:4- Y como cesó de hablar, dijo a Simón: Lleva en alta mar y echad vuestras redes para tomar.

5:5- Y respondiendo Simón, díjole: Maestro, habiendo trabajado toda la noche, nada hemos tomado; mas en tu palabra echaré la red.

5:6- Y habiéndolo hecho, encerraron gran multitud de pescado, que su red se rompía.

5:7- E hicieron señas a los compañeros que estaban en el otro navío, que viniesen a ayudarlos, y vinieron, e hinchieron ambos navíos de tal manera que se anegaban.

5:8- Lo cual viendo Simón Pedro, derribóse de rodillas a Jesús, diciendo: Salte de conmigo Señor, porque soy hombre pecador.

5:9- Porque temor lo había rodeado, y a todos los que estaban con él, de la presa de los peces que habían tomado.

5:10- Y asimismo a Jacobo y a Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Y Jesús dijo a Simón: No temas, desde ahora tomarás hombres.

5:11- Y como llegaron a tierra los navíos, dejándolo todo, siguiéronlo.

5:12- Y aconteció que estando en una ciudad, he aquí un hombre lleno de lepra; el cual viendo a Jesús, postrándose sobre el rostro le rogó, diciendo: Señor, si quieres, puedes me limpiar.

5:13- Entonces extendiendo la mano, tocólo, diciendo: Quiero, sé limpio. Y luego la lepra se fue de él.

5:14- Y él le mandó que no lo dijese a nadie; mas ve (dice), muéstrate al sacerdote, y ofrece por tu limpieza, como mandó Moisés, para que les conste.

5:15- Empero el hablar de él andaba más, y juntábanse muchas compañas a oír y ser sanados por él de sus enfermedades.

5:16- Mas él se apartaba a los desiertos, y oraba.

5:17- Y aconteció un día, que él estaba enseñando, y fariseos y doctores de la ley estaban sentados, los cuales habían venido de todas las aldeas de Galilea, y de Judea, y Jerusalem; y la virtud del Señor estaba allí para sanarlos.

5:18- Y he aquí unos hombres, que traían en una cama un hombre, que estaba paralítico; y buscaban por dónde meterlo, y ponerlo delante de él.

5:19- Y no hallando por dónde meterlo a causa de la multitud, subieron encima de la casa, y por el tejado lo abajaron con la cama en medio, delante de Jesús.

5:20- El cual, viendo la fe de ellos, dícele: Hombre, tus pecados te son perdonados.

5:21- Entonces los escribas y los fariseos comenzaron a pensar, diciendo: ¿Quién es éste que habla blasfemias?, ¿quién puede perdonar pecados, sino sólo Dios?

5:22- Jesús entonces, conociendo los pensamientos de ellos, respondiendo díjoles: ¿Qué pensáis en vuestros corazones?

5:23- ¿Cuál es más fácil, decir: Tus pecados te son perdonados; o decir: Levántate y anda?

5:24- Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra de perdonar pecados, dice al paralítico: A ti digo: Levántate, toma tu cama, y vete a tu casa.

5:25- Y luego, levantándose en presencia de ellos, y tomando en lo que estaba echado, fuese a su casa glorificando a Dios.

5:26- Y tomó espanto a todos, y glorificaban a Dios; y fueron llenos de temor, diciendo: Que hemos visto maravillas hoy.

5:27- Y después de estas cosas salió; y vio a un publicano llamado Leví, sentado al banco de los públicos tributos, y díjole: Sígueme.

5:28- Y dejadas todas cosas, levantándose, siguiólo.

5:29- E hizo Leví gran banquete en su casa, y había mucha compaña de publicanos, y de otros, los cuales estaban a la mesa con ellos.

5:30- Y los escribas y los fariseos murmuraban contra sus discípulos, diciendo: ¿Por qué coméis y bebéis con los publicanos y pecadores?

5:31- Y respondiendo Jesús, díjoles: Los que están sanos no han menester médico, sino los que están enfermos.

5:32- No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a penitencia.

5:33- Entonces ellos le dijeron: ¿Por qué los discípulos de Juan ayunan muchas veces, y hacen oraciones, y asimismo los de los fariseos; y tus discípulos comen y beben?

5:34- Y él les dijo: ¿Podéis hacer que los que son de bodas ayunen, entretanto que el esposo está con ellos?

5:35- Empero vendrán días cuando el esposo les será quitado; entonces ayunarán en aquellos días.

5:36- Y decíales también una parábola: Nadie mete remiendo de paño nuevo en vestido viejo; otramente el nuevo rompe, y al viejo no conviene remiendo nuevo.

5:37- Y nadie echa vino nuevo en cueros viejos; otramente el vino nuevo romperá los cueros, y el vino se derramará, y los cueros se perderán.

5:38- Mas el vino nuevo en cueros nuevos se ha de echar, y lo uno y lo otro se conserva.

5:39- Y ninguno que bebiere el viejo quiere luego el nuevo, porque dice: El viejo es mejor.

6:1- Y aconteció que pasando él por los panes en un sábado segundo del primero, sus discípulos arrancaban espigas, y comían fregándolas con las manos.

6:2- Y algunos de los fariseos les dijeron: ¿Por qué hacéis lo que no es lícito hacer en sábados?

6:3- Y respondiendo Jesús, díjoles: Ni aún esto habéis leído. ¿Qué hizo David cuando tuvo hambre él, y los que con él estaban?

6:4- ¿Cuando entró en la casa de Dios, y tomó los panes de la proposición, y comió, y dio también a los que estaban con él; los cuales no era lícito comer, sino a sólo los sacerdotes? 

6:5- Y decíales: El Hijo del hombre es Señor aún del sábado.

6:6- Y aconteció también en otro sábado, que él entró en la sinagoga, y enseñó. Y estaba allí un hombre que tenía la mano derecha seca.

6:7- Y acechábanlo los escribas, y los fariseos, si sanaría en sábado; por hallar de qué lo acusasen.

6:8- Mas él sabía los pensamientos de ellos, y dijo al hombre que tenía la mano seca: Levántate, y ponte en medio. Y él levantándose, púsose en pie.

6:9- Entonces Jesús les dice: Preguntaros he una cosa: ¿Es lícito en sábados bien hacer, o mal hacer?, ¿hacer salva una persona, o matarla? 

6:10- Y mirándolos a todos alrededor, dice al hombre: Extiende tu mano; y él lo hizo así; y su mano fue restituida sana como la otra.

6:11- Y ellos fueron llenos de locura, y hablaban los unos a los otros qué harían a Jesús.

6:12- Y aconteció en aquellos días que fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios.

6:13- Y cuando fue de día, llamó a sus discípulos; y escogió doce de ellos, los cuales también llamó apóstoles.

6:14- A Simón al cual también llamó Pedro, y a Andrés su hermano; Jacobo, y Juan, Filipo y Bartolomé;

6:15- Mateo, y Tomás, y Jacobo hijo de Alfeo, y Simón el que se llamaba celoso;

6:16- Judas hermano de Jacobo, y Judas Iscariota, que también fue el traidor.

6:17- Y descendió con ellos, y paróse en un lugar llano, y la compaña de sus discípulos, y grande multitud de pueblo de toda Judea, y de Jerusalem, y de la costa de Tiro y Sidón, que habían venido a oírle, y para ser sanados de sus enfermedades.

6:18- Y otros que habían sido atormentados de espíritus inmundos, y eran sanos.

6:19- Y toda la compaña procuraba de tocarle, porque salía de él virtud y sanaba a todos.

6:20- Y alzando él los ojos a sus discípulos, decía: Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el reino de Dios.

6:21- Bienaventurados los que ahora tenéis hambre, porque seréis hartados. Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis.

6:22- Bienaventurados seréis cuando los hombres os aborrecieren, y cuando os esparcieren, y os denostaren, y rayeren vuestro nombre como malo por el Hijo del hombre.

6:23- Gozáos en aquel día, y alegraos, porque he aquí vuestro galardón es grande en los cielos; porque así hacían sus padres a los profetas.

6:24- Mas ay de vosotros ricos, porque tenéis vuestro consuelo.

6:25- Ay de vosotros los que estáis hartos, porque tendréis hambre. Ay de vosotros los que ahora reís, porque lamentaréis y lloraréis.

6:26- Ay de vosotros cuando todos los hombres dijeren bien de vosotros, porque así hacían sus padres a los falsos profetas.

6:27- Mas a vosotros los que oís, digo: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen.

6:28- Bendecid a los que os maldicen, y orad por los que os calumnian.

6:29- Y al que te hiriere en la mejilla, dale también la otra; y del que te quitare la capa, ni aún el sayo le defiendas.

6:30- Y a cualquiera que te pidiere, da; y al que tomare lo que es tuyo, no vuelvas a pedir.

6:31- Y como queréis que os hagan los hombres, hacedles también vosotros así.

6:32- Porque si amáis a los que os aman, ¿qué gracias tendréis?, porque también los pecadores aman a los que los aman.

6:33- Y si hiciéreis bien a los que os hacen bien, ¿qué gracias tendréis?, porque también los pecadores hacen lo mismo.

6:34- Y si prestáreis a aquellos de quien esperáis recibir, ¿qué gracias tendréis?, porque también los pecadores prestan a los pecadores para recibir otro tanto.

6:35- Amad pues a vuestros enemigos, y haced bien, y emprestad no esperando de ello nada; y será vuestro galardón grande, y seréis hijos del Altísimo; porque él es benigno aún para los ingratos y malos.

6:36- Sed pues misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso.

6:37- No juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados.

6:38- Dad, y os será dado; medida buena, apretada, remecida, y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida que midiereis, os será vuelto a medir.

6:39- Y decíales una parábola: ¿Puede el ciego guiar al ciego?, ¿no caerán ambos en el hoyo?

6:40- El discípulo no es sobre su maestro, mas cualquiera que fuere como el maestro, será perfecto.

6:41- ¿Por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y la viga que está en tu propio ojo no consideras?

6:42- O ¿cómo puedes decir a tu hermano: Hermano, deja, echaré fuera la paja que está en tu ojo; no mirando tu la viga que está en tu ojo?. Hipócrita, echa fuera primero de tu ojo la viga, y entonces mirarás de echar fuera la paja que está en el ojo de tu hermano.

6:43- Porque no es buen árbol el que hace malos frutos, ni árbol malo el que hace buen fruto.

6:44- Porque cada árbol por su fruto es conocido, que no cogen higos de las espinas, ni vendimian uvas de las zarzas.

6:45- El buen hombre del buen tesoro de su corazón saca bien, y el mal hombre del mal tesoro de su corazón saca mal, porque de la abundancia de su corazón habla su boca.

6:46- ¿Por qué me llamáis Señor, Señor, y no hacéis lo que digo?

6:47- Todo aquel que viene a mi, y oye mis palabras, y las hace, yo os enseñare a quién es semejante.

6:48- Semejante es al hombre que edifica una casa, que cavó y ahondó, y puso el fundamento sobre piedra; y habiendo avenida, el río dio con ímpetu en aquella casa, mas no la pudo menear, porque estaba fundada sobre piedra.

6:49- Mas el que oyó, y no hizo, semejante es al hombre que edificó su casa sobre tierra sin fundamento, en la cual el río dio con ímpetu, y luego cayó, y fue grande la ruina de aquella casa.

7:1- Y como acabó todas sus palabras en oídos del pueblo, entró en Capernaum.

7:2- Y el siervo de un centurión enfermo se iba muriendo, el cual él tenía en estima.

7:3- Y como oyó de Jesús, envió a él los ancianos de los judíos, rogándole que viniese, y librase a su siervo.

7:4- Y viniendo ellos a Jesús, rogáronle con diligencia, diciéndole: Porque es digno de concederle esto;

7:5- Que ama nuestra nación, y él nos edificó una sinagoga.

7:6- Y Jesús fue con ellos, mas como ya no estuviesen lejos de su casa, envió el centurión amigos a él diciéndole: Señor, no tomes trabajo, que no soy digno que entres debajo de mi tejado.

7:7- Por lo cual ni aún me tuve por digno de venir a ti, mas manda con la palabra y mi criado será sano.

7:8- Porque también yo soy hombre puesto en potestad, que tengo debajo de mi soldados; y digo a éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y hácelo. 

7:9- Lo cual oyendo Jesús, maravillóse de él, y vuelto, dijo a las compañas que lo seguían: Digo os que ni aún en Israel he hallado tanta fe.

7:10- Y vueltos a casa los que habían sido enviados, hallaron sano al siervo que había estado enfermo.

7:11- Y aconteció después, que él iba a la ciudad que se llama Naím, e iban con él muchos de sus discípulos, y gran compaña.

7:12- Y cuando llegó cerca de la puerta de la ciudad, he aquí que sacaban un difunto unigénito a su madre, la cual también era viuda; y había con ella grande compaña de la ciudad.

7:13- Y cuando el Señor la vio, fue movido a misericordia de ella, y dícele: No llores.

7:14- Y acercándose, tocó las andas; y los que lo llevaban, pararon, y dice: Mancebo, a ti digo, levántate.

7:15- Entonces volvióse a sentar el que había sido muerto, y comenzó a hablar; y diólo a su madre.

7:16- Y tomó a todos temor, y glorificaban a Dios, diciendo: Qué profeta grande se ha levantado entre nosotros; y que Dios ha mirado su pueblo.

7:17- Y salió esta fama de él por toda Judea, y por toda la tierra de alrededor.

7:18- Y dieron las nuevas a Juan de todas estas cosas sus discípulos, y llamó Juan unos dos de sus discípulos,

7:19- Y envió a Jesús, diciendo: ¿Eres tu aquél que había de venir, o esperaremos a otro?

7:20- Y cuando los varones vinieron a él, dijeron: Juan el Bautista nos ha enviado a ti, diciendo: ¿Eres tu aquél que había de venir, o esperaremos a otro?

7:21- Y en la misma hora sanó a muchos de enfermedades, y plagas, y de espíritus malos; y a muchos ciegos dio la vista.

7:22- Y respondiendo Jesús, díjoles: Id, dad las nuevas a Juan de lo que habéis visto y oído: Que los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos resucitan, a los pobres es anunciado el evangelio.

7:23- Y bienaventurado es el que no fuere escandalizado en mi.

7:24- Y como se fueron los mensajeros de Juan, comenzó a hablar de Juan a las compañas: ¿Qué salisteis a ver al desierto?, ¿alguna caña que es agitada del viento?

7:25- Mas, ¿qué salisteis a ver?, ¿algún hombre cubierto de vestidos delicados?, he aquí que los que están en vestido precioso, y en delicias, en los palacios de los reyes están.

7:26- Mas, ¿qué salisteis a ver?, ¿algún profeta?. También os digo: Y aún más que profeta.

7:27- Este es de quien está escrito: He aquí envío mi ángel delante de tu faz, el cual aparejará tu camino delante de ti.

7:28- Porque yo os digo que entre los nacidos de mujeres, no hay mayor profeta que Juan el Bautista; mas el más pequeño en el reino de los cielos es mayor que él.

7:29- Y todo el pueblo oyéndolo, y los publicanos, justificaron a Dios bautizándose con el bautismo de Juan.

7:30- Mas los fariseos, y los sabios de la ley, desecharon el consejo de Dios contra sí mismos, no siendo bautizados de él.

7:31- Y dice el Señor: ¿A quién pues compararé los hombres de esta generación, y a qué son semejantes?

7:32- Semejantes son a los muchachos sentados en la plaza, y que dan voces los unos a los otros, y dicen: Tañimos os con flautas, y no bailasteis; endechamos os, y no llorasteis.

7:33- Porque vino Juan el Bautista, que ni comía pan, ni bebía vino; y decís: Demonio tiene.

7:34- Vino el Hijo del hombre, que come y bebe; y decís: He aquí un hombre comilón, y bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores.

7:35- Mas la sabiduría es justificada de todos sus hijos.

7:36- Y rogóle uno de los fariseos, que comiese con él. Y entrado en casa del fariseo, sentóse a la mesa.

7:37- Y he aquí una mujer que había sido pecadora en la ciudad, como entendió que estaba a la mesa en casa de aquél fariseo, trajo un vaso de alabastro con ungüento;

7:38- Y estando detrás a sus pies, comenzó llorando a regar con lágrimas sus pies, y limpiábalos con los cabellos de su cabeza; y besaba sus pies, y ungíalos con el ungüento.

7:39- Y como vio esto el fariseo que lo había llamado, dice en sí, diciendo: Éste, si fuera profeta, conocería quién y cuál es la mujer que lo toca, que es pecadora.

7:40- Entonces respondiendo Jesús, díjole: Simón, una cosa tengo que decirte. Y él le dice: Di Maestro.

7:41- Un acreedor tenía dos deudores; el uno le debía quinientos dineros, y el otro cincuenta.

7:42- Y no teniendo ellos de qué pagar, soltó la deuda a ambos. Di pues, ¿cuál de éstos lo amará más?

7:43- Y respondiendo Simón, dijo: Pienso que aquél al cual soltó más. Y él le dijo: Rectamente has juzgado.

7:44- Y vuelto a la mujer, dijo a Simón: ¿Ves esta mujer?, entré en tu casa, no diste agua para mis pies; y ésta ha regado mis pies con lágrimas, y limpiándolos con los cabellos de su cabeza.

7:45- No me diste beso; ésta, desde que entré, no ha cesado de besar mis pies.

7:46- No ungiste mi cabeza con olio; y ésta ha ungido con ungüento mis pies.

7:47- Por lo cual te digo que sus muchos pecados son perdonados, porque amó mucho; mas al que se perdona poco, poco ama.

7:48- Y a ella dijo: Los pecados te son perdonados.

7:49- Y los que estaban juntamente sentados a la mesa, comenzaron a decir entre sí: ¿Quién es éste, que también perdona pecados?

7:50- Y dijo a la mujer: Tu fe te ha salvado, ve en paz.

8:1- Y aconteció después que él caminaba por todas las ciudades y aldeas predicando y anunciando el evangelio del reino de Dios, y los doce con él.

8:2- Y algunas mujeres que habían sido curadas de él de malos espíritus y de enfermedades: María, que se llamaba Magdalena, de la cual habían salido siete demonios;

8:3- Y Juana, mujer de Chuzas, procurador de Herodes; y Susana, y otras muchas que le servían de sus haciendas.

8:4- Y como se juntó una grande compaña, y los que estaban en cada ciudad vinieron a él, dijo por una parábola:

8:5- Uno que sembraba, salió a sembrar su simiente; y sembrando, una parte cayó junto al camino, y fue hollada; y las aves del cielo la comieron.

8:6- Y otra parte cayó sobre piedra; y nacida, secóse, porque no tenía humor.

8:7- Y otra parte cayó entre espinas; y naciendo las espinas juntamente, ahogáronla.

8:8- Y otra parte cayó en buena tierra; y cuando fue nacida, llevó fruto a ciento por uno. Diciendo estas cosas clamaba: El que tiene oídos para oír, oiga.

8:9- Y sus discípulos le preguntaron qué era esta parábola.

8:10- Y él dijo: A vosotros es dado conocer los misterios del reino de Dios; mas a los otros por parábolas; para que viendo no vean, y oyendo no entiendan.

8:11- Es pues esta parábola: La simiente es la palabra de Dios.

8:12- Y los de junto al camino, éstos son los que oyen; y luego viene el diablo, y quita la palabra de su corazón, para que no se salven creyendo.

8:13- Y los de sobre piedra, son los que habiendo oído, reciben la palabra con gozo; mas éstos no tienen raíces; que a tiempo creen, y en el tiempo de la tentación se apartan.

8:14- Y lo que cayó en espinas, éstos son los que oyeron; mas idos son ahogados de los cuidados, y de las riquezas, y de los pasatiempos de la vida, y no llevan fruto.

8:15- Y lo que en buena tierra, éstos son los que con corazón bueno y recto retienen la palabra oída; y llevan fruto en paciencia.

8:16- Ninguno empero que enciende el candil lo cubre con algún vaso o lo pone debajo de la cama; mas pónelo en un candelero, para que los que entran vean la lumbre.

8:17- Porque no hay cosa oculta que no haya de ser manifestada, ni cosa escondida que no haya de ser entendida y de venir a luz.

8:18- Mirad pues como oís, porque a cualquiera que tuviere le será dado; y a cualquiera que no tuviere, aún lo que parece tener le será quitado de él.

8:19- Y vinieron a él su madre y hermanos, y no podían llegar a él por causa de la multitud.

8:20- Y fuele dado aviso diciendo: Tu madre y tus hermanos están fuera, que quieren verte.

8:21- Él entonces, respondiendo, díjoles: Mi madre y mis hermanos son los que oyen la palabra de Dios y la hacen.

8:22- Y aconteció un día que él entró en un navío con sus discípulos, y díjoles: Pasemos de la otra parte del lago, y subieron.

8:23- Y navegando ellos, durmióse. Y descendió una tempestad de viento en el lago, y henchíanse, y peligraban.

8:24- Y llegándose, despertáronlo diciendo: Maestro, Maestro, que perecemos. Y despertado él, riñó al viento y a la tempestad del agua, y cesaron; y fue hecha grande bonanza.

8:25- Y díjoles: ¿Qué es de vuestra fe?. Y ellos temiendo, fueron maravillados, diciendo los unos a los otros: ¿Quién es éste que aún a los vientos y al agua manda, y le obedecen?

8:26- Y navegaron a la tierra de los gadarenos, que está delante de Galilea.

8:27- Y saliendo él a tierra, salióle al encuentro de la ciudad un hombre que tenía demonios ya de muchos tiempos; y no vestía vestido, ni estaba en casa, sino por los sepulcros.

8:28- El cual cuando vio a Jesús, exclamó y postróse delante de él, y dijo a gran voz: ¿Qué tengo yo contigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo?, ruégote que no me atormentes.

8:29- Porque mandaba al espíritu inmundo que saliese del hombre, porque ya de muchos tiempos lo arrebataba; y guardábanlo preso con cadenas y grillos, mas rompiendo las prisiones era agitado del demonio por los desiertos.

8:30- Y preguntóle Jesús diciendo: ¿Qué nombre tienes?. Y él dijo: Legión, porque muchos demonios habían entrado en él.

8:31- Y rogábanle que no les mandase que fuesen al abismo.

8:32- Y había allí un hato de muchos puercos que pacían en el monte, y rogáronle que los dejase entrar en ellos; y dejólos.

8:33- Y salidos los demonios del hombre, entraron en los puercos, y el hato de ellos se arrojó de un despeñadero en el lago, y ahogóse.

8:34- Y los pastores, como vieron lo que había acontecido, huyeron; y yendo, dieron aviso en la ciudad y por las heredades.

8:35- Y salieron a ver lo que había acontecido, y vinieron a Jesús; y hallaron sentado al hombre del cual habían salido los demonios, vestido, y en seso, a los pies de Jesús, y tuvieron temor.

8:36- Y contáronles los que lo habían visto, como había sido salvo aquel endemoniado.

8:37- Entonces toda la multitud de la tierra de los gadarenos alderredor le rogaron, que se fuese de ellos; porque tenían gran temor. Y él, subiendo en el navío, volvióse.

8:38- Y aquel hombre, del cual habían salido los demonios, le rogó para estar con él; mas Jesús lo despidió, diciendo:

8:39- Vuélvete a tu casa, y cuenta cuán grandes cosas ha hecho Dios contigo. Y él se fue, predicando por toda la ciudad cuán grandes cosas había Jesús hecho con él.

8:40- Y aconteció que volviendo Jesús, la compaña lo recibió; porque todos lo esperaban.

8:41- Y he aquí un varón llamado Jairo, el cual también era príncipe de la sinagoga, vino, y cayendo a los pies de Jesús, rogábale, que entrase en su casa;

8:42- Porque una hija única que tenía como de doce años se estaba muriendo. Y yendo, apretábalo la compaña.

8:43- Y una mujer que tenía flujo de sangre ya hacía doce años, la cual había gastado en médicos toda su hacienda, y de ninguno había podido ser curada, 

8:44- Llegándose por las espaldas tocó el borde de su vestido, y luego estancó el flujo de su sangre.

8:45- Entonces Jesús dijo: ¿Quién es el que me ha tocado?. Y negando todos, dijo Pedro y los que estaban con él: Maestro, la compaña te aprieta y oprime, y dices: ¿Quién es el que me ha tocado?

8:46- Y Jesús dijo: Ha me tocado alguien, porque yo he conocido que ha salido virtud de mi.

8:47- Entonces, como la mujer vio que no se escondía, vino temblando, y postrándose delante de él, declaróle delante de todo el pueblo la causa por qué le había tocado, y como luego había sido sana.

8:48- Y él le dijo: Confía hija, tu fe te ha salvado, ve en paz.

8:49- Estando aún él hablando, vino uno del príncipe de la sinagoga a decirle: Tu hija es muerta, no des trabajo al Maestro.

8:50- Y oyéndolo Jesús, respondióle: No temas, cree solamente, y será salva.

8:51- Y entrado en casa, no dejó entrar a nadie consigo, sino a Pedro, y a Jacobo, y a Juan, y al padre y a la madre de la moza.

8:52- Y lloraban todos, y planteábanla; y él dijo: No lloréis, no es muerta, mas duerme.

8:53- Y hacían burla de él, sabiendo que estaba muerta.

8:54- Y él, echados todos fuera, y trabándola de la mano, clamó diciendo: Moza, levántate.

8:55- Entonces su espíritu volvió, y levantóse luego; y él mandó que le diesen de comer.

8:56- Y sus padres estaban fuera de sí, a los cuales él mandó que a nadie dijesen lo que había sido hecho.

9:1- Y juntado sus doce discípulos, dióles virtud y potestad sobre todos los demonios, y que sanasen enfermedades.

9:2- Y enviólos a que predicasen el reino de Dios y que sanasen los enfermos.

9:3- Y díceles: No toméis nada para el camino; ni varas, ni alforja, ni pan, ni dinero, ni tengáis dos vestidos.

9:4- Y en cualquiera casa que entrareis quedad allí, y salid de allí.

9:5- Y todos los que no os recibieren, saliéndoos de aquella ciudad, aún el polvo sacudid de vuestros pies en testimonio contra ellos.

9:6- Y saliendo ellos rodeaban por todas las aldeas anunciando el evangelio y sanando por todas partes.

9:7- Y oyó Herodes el tetrarca todas las cosas que hacía; y estaba en duda, porque decían algunos: Que Juan ha resucitado de los muertos.

9:8- Y otros: Que Elías había aparecido; y otros: Que algún profeta de los antiguos había resucitado.

9:9- Y dijo Herodes: A Juan yo lo degollé; ¿quién pues será éste, de quién yo oigo tales cosas?, y procuraba verlo.

9:10- Y vueltos los apóstoles, contáronle todas las cosas que habían hecho. Y tomándolos, apartóse aparte a un lugar desierto de la ciudad que se llama Bethsaida.

9:11- Lo cual cuando las compañas entendieron, siguiéronlo; y él los recibió, y les hablaba del reino de Dios; y sanó los que tenían necesidad de cura.

9:12- Y el día había comenzado a declinar; y llegándose los doce, dijéronle: Despide las compañas, para que yendo a las aldeas y heredades de alrededor, vayan y hallen viandas; porque aquí estamos en lugar desierto.

9:13- Y díceles: Dadles vosotros de comer. Y dijeron ellos: No tenemos más de cinco panes y dos pescados, si no vamos nosotros a comprar viandas para toda esta compaña.

9:14- Y estaban como cinco mil hombres. Entonces dijo a sus discípulos: Hacedlos recostar por mesas de cincuenta en cincuenta.

9:15- E hiciéronlo así; y recostáronse todos.

9:16- Y tomando los cinco panes y los dos pescados, mirando al cielo, bendíjolos, y partió y dio a sus discípulos para que pusiesen delante de las compañas.

9:17- Y comieron todos, y hartáronse; y alzaron lo que les sobró, los pedazos, doce esportones.

9:18- Y aconteció que estando él sólo orando, estaban con él los discípulos; y preguntóles diciendo: ¿Quién dicen las compañas que soy?

9:19- Y ellos respondieron, y dijeron: Juan el Bautista; y otros: Elías; y otros: Que algún profeta de los antiguos ha resucitado.

9:20- Y díjoles: ¿Y vosotros quién decís que soy?. Entonces respondiendo Simón Pedro, dijo: El Cristo de Dios.

9:21- Entonces él, amenazándolos, mandóles que a nadie dijesen esto.

9:22- Diciendo: Es menester que el Hijo del hombre padezca muchas cosas y ser desechado de los ancianos, y de los príncipes de los sacerdotes, y de los escribas, y ser muerto, y resucitar al tercero día.

9:23- Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mi, niéguese a sí mismo, y tome su cruz cada día, y sígame.

9:24- Porque cualquiera que quisiere salvar su alma, la perderá; y cualquiera que perdiere su alma por causa de mi, éste la salvará.

9:25- Porque, ¿qué aprovecha al hombre, si granjeare todo el mundo, y se pierda a sí mismo, o corra peligro de sí?

9:26- Porque el que se avergonzare de mi y de mis palabras, de éste tal el Hijo del hombre se avergonzará, cuando vendrá en su gloria, y del Padre, y de los santos ángeles.

9:27- Y digo os de verdad, que hay algunos de los que están aquí que no gustarán la muerte hasta que vean el reino de Dios.

9:28- Y aconteció que después de estas palabras como ocho días, tomó a Pedro, y a Juan, y a Jacobo, y subió al monte a orar.

9:29- Y entre tanto que oraba, la apariencia de su rostro se hizo otra; y su vestido blanco y resplandeciente.

9:30- Y he aquí dos varones que hablaban con él, los cuales eran Moisés y Elías,

9:31- Que aparecieron en majestad, y hablaban de su salida, la cual había de cumplir en Jerusalem.

9:32- Y Pedro, y los que estaban con él, estaban cargados de sueño; y como despertaron, vieron su majestad, y a aquellos dos varones que estaban con él.

9:33- Y aconteció, que apartándose ellos de él, Pedro dice a Jesús: Maestro, bien es que nos quedemos aquí; y hagamos tres cabañas; una para ti, y una para Moisés, y una para Elías; no sabiendo lo que se decía.

9:34- Y estando él hablando esto, vino una nube que los cubrió; y hubieron temor entrando en la nube.

9:35- Y vino una voz de la nube, que decía: Este es mi Hijo amado, a él oíd.

9:36- Y pasada aquella voz, Jesús fue hallado sólo, y ellos callaron; y por aquellos días no dijeron nada a nadie de lo que habían visto.

9:37- Y aconteció el día siguiente, que apartándose ellos del monte, gran compaña le salió al encuentro.

9:38- Y he aquí que un hombre de la compaña clamó, diciendo: Maestro, ruégote que veas a mi hijo que tengo único.

9:39- Y he aquí un espíritu lo toma, y de repente da voces, y lo despedaza con espuma, y apenas se aparta de él, quebrantándolo.

9:40- Y rogué a tus discípulos que lo echasen fuera, y no pudieron.

9:41- Y respondiendo Jesús, dice: Oh generación infiel y perversa, ¿hasta cuándo tengo de estar con vosotros y os sufriré?. Trae tu hijo acá.

9:42- Y como aún se acercaba, el demonio lo derribó y despedazó; mas Jesús riñó al espíritu inmundo y sanó al muchacho, y volviólo a su padre.

9:43- Y todos estaban fuera de sí en la grandeza de Dios; y maravillándose todos de todas las cosas que hacía, dijo a sus discípulos:

9:44- Poned vosotros en vuestras orejas estas palabras, porque ha de acontecer que el Hijo del hombre será entregado en manos de hombres.

9:45- Mas ellos no entendían esta palabra, érales encubierta para que no la entendiesen, y temían de preguntarle de esta palabra.

9:46- Entonces entraron en disputa, cual de ellos sería el mayor.

9:47- Mas Jesús, viendo los pensamientos del corazón de ellos, tomó un niño, y púsolo cabe sí;

9:48- Y díceles: Cualquiera que recibiere este niño en mi nombre, a mi recibe; y cualquiera que me recibiere a mi, recibe al que me envió; porque el que fuere el menor entre todos vosotros, éste será el grande.

9:49- Entonces respondiendo Juan, dijo: Maestro, hemos visto a uno que echaba fuera demonios en tu nombre, y defendímoselo, porque no te sigue con nosotros.

9:50- Jesús le dijo: No lo defendáis; porque el que no es contra nosotros, por nosotros es.

9:51- Y aconteció que como se cumplió el tiempo en que había de ser recibido arriba, él afirmó su rostro para ir a Jerusalem.

9:52- Y envió mensajeros delante de sí, los cuales fueron y entraron en una ciudad de los samaritanos, para aderezarle allí.

9:53- Mas no lo recibieron, porque su rostro era de hombre que iba a Jerusalem.

9:54- Y viendo esto sus discípulos, Jacobo, y Juan, dijeron: Señor, ¿quieres que digamos que descienda fuego del cielo y los consuma, como hizo Elías?

9:55- Entonces, volviendo él, riñóles, diciendo: Vosotros no sabéis de qué espíritu sois.

9:56- Porque el Hijo del hombre no ha venido para perder las ánimas de los hombres, mas para salvarlas. Y fueronse a otra aldea.

9:57- Y aconteció que yendo ellos, uno le dijo en el camino: Señor, yo te seguiré donde quiera que fueres.

9:58- Y díjole Jesús: Las zorras tienen cuevas, y las aves de los cielos nidos, mas el Hijo del hombre no tiene donde recline la cabeza.

9:59- Y dijo a otro: Sígueme. Y él dijo: Señor, déjame que primero vaya y entierre a mi padre.

9:60- Y Jesús le dijo: Deja los muertos que entierren a sus muertos; y tu ve, anuncia el reino de Dios.

9:61- Entonces también dijo otro: Seguirte he Señor, mas déjame que me despida primero de los que están en mi casa.

9:62- Y Jesús le dijo: Ninguno que poniendo su mano al arado mirare atrás es hábil para el reino de Dios.

10:1- Y después de estas cosas, señaló el Señor aún otros setenta, los cuales envió de dos en dos delante de sí a todas las ciudades y lugares donde él había de venir.

10:2- Y decíales: La mies a la verdad es mucha, mas los obreros pocos; por tanto rogad al Señor de la mies que envíe obreros a su mies.

10:3- Andad, he aquí yo os envío como a corderos en medio de lobos.

10:4- No llevéis bolsa, ni alforja, ni zapatos; y a nadie saludéis en el camino.

10:5- En cualquier casa donde entrareis, primeramente decid: Paz sea a esta casa.

10:6- Y si hubiere allí algún hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; y si no, volverse ha a vosotros.

10:7- Y posad en aquella misma casa comiendo y bebiendo lo que os dieren, porque el obrero digno es de su salario. No os paséis de casa en casa.

10:8- Y en cualquier ciudad donde entrareis y os recibieren, comed lo que os pusieren delante;

10:9- Y sanad los enfermos que en ella hubiere, y decidles: Allegado se ha a vosotros el reino de Dios.

10:10- Mas en cualquier ciudad donde entrareis y no os recibieren, saliendo por sus calles, decid:

10:11- Aún el polvo que se nos ha pegado de vuestra ciudad sacudimos en vosotros; esto empero sabed: Que el reino de los cielos se ha allegado a vosotros.

10:12- Y digo os que los de Sodoma tendrán más remisión aquel día que aquella ciudad.

10:13- Ay de ti Corazín, ay de ti Bethsaida; que si en Tiro y en Sidón fueran hechas las maravillas que han sido hechas en vosotras, ya días ha que sentados en cilicio y ceniza hubieran hecho penitencia.

10:14- Por tanto, Tiro y Sidón tendrán más remisión que vosotras en el juicio.

10:15- Y tu, Capernaum, que hasta los cielos estás levantada, hasta los infiernos serás abajada.

10:16- El que a vosotros oye, a mi oye; y el que a vosotros desecha, a mi desecha; y el que a mi desecha, desecha al que me envió.

10:17- Y volvieron los setenta con gozo, diciendo: Señor, aún los demonios se nos sujetan en tu nombre.

10:18- Y díjoles: Yo veía a Satanás, como un rayo, que caía del cielo.

10:19- He aquí yo os doy potestad de hollar sobre las serpientes y sobre los escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo; y nada os dañará.

10:20- Mas no os gocéis de esto, a saber, que los espíritus se os sujeten; mas antes os gozad de que vuestros nombres están escritos en los cielos.

10:21- En aquella misma hora Jesús se alegró en espíritu, y dijo: Confiésote, oh Padre, Señor del cielo y de la tierra, que escondiste estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a los pequeños; así Padre, porque así te agradó.

10:22- Todas las cosas me son entregadas de mi Padre, y nadie sabe quien sea el Hijo sino el Padre; ni quien sea el Padre, sino el Hijo, y a quien el Hijo lo quisiere revelar.

10:23- Y vuelto particularmente a sus discípulos, dijo: Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis,

10:24- Porque os digo que muchos profetas y reyes desearon ver lo que vosotros veis y no lo vieron; y oír lo que oís y no lo oyeron.

10:25- Y he aquí que un doctor de la ley se levantó tentándolo, y diciendo: Maestro, ¿haciendo qué cosa poseeré la vida eterna?

10:26- Y él le dijo: ¿Qué está escrito en la ley?, ¿cómo lees?.

10:27- Y él respondiendo, dijo: ¿Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón y de toda tu ánima, y de todas tus fuerzas y de todo tu entendimiento; y a tu prójimo como a ti mismo?.

10:28- Y díjole: Bien has respondido, haz esto y vivirás.

10:29- Mas él, queriéndose justificar a sí mismo, dijo a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo?

10:30- Y respondiendo Jesús, dijo: Un hombre descendía de Jerusalem a Jericó, y cayó en ladrones, los cuales lo despojaron; e hiriéndolo fueronse dejándolo medio muerto.

10:31- Y aconteció que descendió un sacerdote por el mismo camino, y viéndolo pasóse de él un lado.

10:32- Y asimismo un levita llegando cerca de aquel lugar, y viéndolo pasóse de él un lado.

10:33- Y un samaritano que iba camino viniendo cerca de él, y viéndolo fue movido a misericordia;

10:34- Y llegándose, vendóle las heridas echándole aceite y vino, y poniéndolo sobre su cabalgadura llevólo al mesón y curólo.

10:35- Y otro día, partiéndose, sacó dos dineros y diólos al huésped, y díjole: Cúralo, y todo lo que de más gastares, yo cuando vuelva te lo pagaré.

10:36- ¿Quién pues de estos tres te parece que fue el prójimo de aquél que cayó en ladrones?

10:37- Y él dijo: El que usó de misericordia con él. Entonces Jesús le dijo: Ve y haz tu lo mismo.

10:38- Y aconteció, que yendo, entró él en una aldea; y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa.

10:39- Y ésta tenía una hermana que se llamaba María, la cual sentándose a los pies de Jesús oía su palabra.

10:40- Marta, empero, se distraía en muchos servicios, y sobreviniendo, dice: Señor, ¿no tienes cuidado que mi hermana me deja servir sola?. Dile, pues, que me ayude.

10:41- Respondiendo Jesús entonces, díjole: Marta, Marta, cuidadosa estás, y con las muchas cosas estás turbada;

10:42- Empero una cosa es necesaria. Mas María escogió la buena parte, la cual no le será quitada.

11:1- Y aconteció que estando él orando en un lugar, cuando acabó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos a orar, como también Juan enseñó a sus discípulos.

11:2- Y díjoles: Cuando orareis, decid: Padre nuestro, que estás en los cielos, sea tu nombre santificado. Venga tu reino. Sea hecha tu voluntad, como en el cielo así también en la tierra.

11:3- El pan nuestro de cada día dánoslo hoy;

11:4- Y perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todos los que nos deben. Y no nos metas en tentación, mas líbranos de mal.

11:5- Díjoles también: ¿Quién de vosotros tendrá un amigo, e irá a él a medianoche, y le dirá: Amigo, préstame tres panes,

11:6- Porque un mi amigo ha venido a mi de camino y no tengo qué ponerle delante;

11:7- Y él dentro respondiendo, diga: No me seas molesto, la puerta está ya cerrada, y mis niños están conmigo en la cama; no puedo levantarme y darte?

11:8- Digo os, que aunque no se levante a darle por ser su amigo, cierto por su importunidad se levantará y le dará todo lo que habrá menester.

11:9- Y yo os digo: Pedid y dárseos ha; buscad y hallaréis; tocad y seros ha abierto.

11:10- Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que toca, es abierto.

11:11- ¿Y cual padre de vosotros, si su hijo le pidiere pan, le dará una piedra?, ¿o si pescado, en lugar de pescado le dará una serpiente?

11:12- ¿O, si le pidiere un huevo, le dará un escorpión?

11:13- Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará Espíritu Santo a los que lo pidieren de él?

11:14- También echó fuera un demonio, el cual era mudo; y aconteció que salido fuera el demonio, el mudo habló, y las compañas se maravillaron.

11:15- Y algunos de ellos decían: En Beelzebul, príncipe de los demonios, echa fuera los demonios.

11:16- Y otros, tentando, pedían de él señal del cielo.

11:17- Mas él, conociendo los pensamientos de ellos, díjoles: Todo reino dividido contra sí mismo es asolado, y casa cae sobre casa.

11:18- Y si también Satanás está dividido contra sí mismo, ¿estará en pie su reino?, porque decís que en Beelzebul echo yo fuera los demonios.

11:19- Pues si yo echo fuera los demonios en Beelzebul, ¿vuestros hijos en quién los echan fuera?, por tanto ellos serán vuestros jueces.

11:20- Mas si en el dedo de Dios echo fuera los demonios, cierto el reino de Dios ha llegado a vosotros.

11:21- Cuando el fuerte armado guarda su palacio, en paz está lo que posee.

11:22- Mas si otro más fuerte que él, sobreviniendo lo venciere, tomale todas sus armas en que confiaba y reparte sus despojos.

11:23- El que no es conmigo, contra mi es; y el que conmigo no apaña, derrama.

11:24- Cuando el espíritu inmundo saliere del hombre, anda por lugares secos buscando reposo; y no hallándolo, dice: Volverme he a mi casa, de donde salí.

11:25- Y viniendo, hállala barrida y adornada.

11.26- Entonces va y toma otros siete espíritus peores que él, y entrados habitan allí; y son las postrimerías de tal hombre peores que las primerías.

11:27- Y aconteció, que diciendo él estas cosas, una mujer de la compaña levantando la voz, le dijo: Bienaventurado el vientre que te trajo, y las tetas que mamaste.

11:28- Y él dijo: Antes bienaventurados los que oyen la palabra de Dios y la guardan.

11:29- Y juntándose las compañas a él, comenzó a decir: Esta generación mala es, señal busca, mas señal no le será dada sino la señal de Jonás profeta.

11:30- Porque como Jonás fue señal a los ninivitas, así también será el Hijo del hombre a esta generación.

11:31- La reina del Austro se levantará en juicio con los hombres de esta generación y los condenará; que vino de los fines de la tierra a oír la sabiduría de Salomón; y he aquí más que Salomón en este lugar.

11:32- Los hombres de Nínive se levantarán en juicio con esta generación y la condenarán; que a la predicación de Jonás hicieron penitencia; y he aquí más que Jonás en este lugar.

11:33- Nadie pone en oculto el candil encendido, ni debajo del almud; sino en el candelero, para que los que entran vean la lumbre.

11:34- El candil del cuerpo es el ojo; pues si tu ojo fuere simple, también todo tu cuerpo será resplandeciente; mas si fuere malo, también tu cuerpo será tenebroso.

11:35- Mira, pues, si la lumbre que en ti hay es tinieblas.

11:36- Así que, siendo todo tu cuerpo resplandeciente, no teniendo alguna parte de tiniebla, será todo luciente como cuando un candil de resplandor te alumbra.

11:37- Y después que hubo hablado, rogóle un fariseo que comiese con él; y entrado Jesús, sentóse a la mesa.

11:38- Y el fariseo, como lo vio, maravillóse de que no se lavó antes de comer.

11:39- Y el Señor le dijo: Ahora vosotros los fariseos lo de fuera del vaso y del plato limpiáis; mas lo que está dentro de vosotros está lleno de rapiña y de maldad.

11:40- Locos; el que hizo lo de fuera, ¿no hizo también lo de dentro?

11:41- Empero lo que resta, dad limosna; y he aquí todo os será limpio.

11:42- Mas ay de vosotros fariseos, que diezmáis la menta, y la ruda, y toda hortaliza; mas el juicio y la caridad de Dios pasáis de largo. Empero estas cosas era menester hacer y no dejar las otras.

11:43- Ay de vosotros fariseos, que amáis las primeras filas en las sinagogas y las salutaciones en las plazas.

11:44- Ay de vosotros escribas y fariseos hipócritas, que sois como sepulcros que no se parecen, y los hombres que andan encima no lo saben.

11:45- Y respondiendo uno de los doctores de la ley, dícele: Maestro, cuando dices esto, también nos afrentas a nosotros.

11:46- Y él dijo: Ay de vosotros también doctores de la ley, que cargáis los hombres con cargas que no pueden llevar; mas vosotros ni aún con un dedo tocáis las cargas.

11:47- Ay de vosotros que edificáis los sepulcros de los profetas, y matáronlos vuestros padres.

11:48- Cierto dais testimonio que consentís en los hechos de vuestros padres; porque a la verdad ellos los mataron, mas vosotros edificáis sus sepulcros.

11:49- Por tanto la sabiduría de Dios también dijo: Enviaré a ellos profetas, y apóstoles, y de ellos a unos matarán y a otros perseguirán.

11:50- Para que de esta generación sea demandada la sangre de todos los profetas, que ha sido derramada desde la fundación del mundo.

11:51- Desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías que murió entre el altar y la casa; así os digo, será demandada de esta generación.

11:52- Ay de vosotros doctores de la ley, que os tomásteis la llave de la ciencia; vosotros no entrásteis y a los que entraban impedísteis.

11:53- Y diciéndoles estas cosas, los escribas y los fariseos comenzaron a apretarlo en gran manera y a provocarlo a que hablase de muchas cosas.

11:54- Acechándolo y procurando de cazar algo de su boca para acusarlo.