Reina Valera 1602

S. MARCOS 1-8

1:1- Comienza el evangelio de Jesu Cristo, hijo de Dios.

1:2- Como está escrito en los profetas: He aquí yo envío mi ángel delante de tu faz, que apareje tu camino delante de ti.

1:3- Voz del que clama en el desierto: Aparejad el camino del Señor; enderezad sus veredas.

1:4- Bautizaba Juan en el desierto, y predicaba el bautismo de penitencia para remisión de pecados.

1:5- Y salía a él toda la provincia de Judea, y los de Jerusalem; y eran todos bautizados de él en el río del Jordán, confesando sus pecados.

1:6- Y Juan andaba vestido de pelos de camello, y de una cinta de cuero alrededor de sus lomos; y comía langostas y miel montés.

1:7- Y predicaba, diciendo: Viene tras mi el que es más fuerte que yo, al cual no soy digno de desatar encorvado la correa de sus zapatos.

1:8- Yo a la verdad os he bautizado con agua, mas él os bautizará con Espíritu Santo.

1:9- Y aconteció en aquellos días, que Jesús vino de Nazaret de Galilea, y fue bautizado de Juan en el Jordán.

1:10- Y luego, subiendo del agua, vio abrirse los cielos, y al Espíritu, como paloma, que descendía sobre él.

1:11- Y fue una voz de los cielos, que decía: Tu eres mi Hijo amado, en ti tomo contentamiento.

1:12- Y luego el Espíritu Santo lo impele al desierto.

1:13- Y estuvo allí en el desierto cuarenta días, y era tentado de Satanás, y estaba con las fieras, y los ángeles le servían.

1:14- Mas después que Juan fue entregado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios,

1:15- Y diciendo: El tiempo es cumplido, y el reino de Dios está cerca; enmendaos y creed al evangelio.

1:16- Y pasando junto a la mar de Galilea, vio a Simón, y a Andrés su hermano, que echaban la red en la mar, porque eran pescadores.

1:17- Y díjoles Jesús: Venid en pos de mi, y haré que seáis pescadores de hombres.

1:18- Y luego, dejadas sus redes, lo siguieron.

1:19- Y pasando de allí un poco más adelante, vio a Jacobo hijo de Zebedeo, y a Juan su hermano, también ellos en el navío, que aderezaban las redes.

1:20- Y luego los llamó, y dejado a su padre Zebedeo en el navío con los jornaleros, fueron en pos de él.

1:21- Y entran en Capernaum; y luego los sábados, entrando en la sinagoga, enseñaba.

1:22- Y espantábanse de su doctrina, porque los enseñaba como quien tiene potestad, y no como los escribas.

1:23- Y había en la sinagoga de ellos un hombre con espíritu inmundo, el cual dio voces,

1:24- Diciendo: Ah, ¿qué has con nosotros Jesús nazareno?, ¿has venido a destruirnos?. Sé quien eres, el santo de Dios.

1:25- Y riñióle Jesús, diciendo: Enmudece y sal de él.

1:26- Y haciéndolo pedazos el espíritu inmundo, y clamando a gran voz, salió de él.

1:27- Y todos se maravillaron, de tal manera que inquirían entre sí, diciendo: ¿Qué es esto?, ¿qué nueva doctrina es ésta, que con potestad, aún a los espíritus inmundos manda y le obedecen?

1:28- Y luego vino su fama por toda la provincia alrededor de Galilea.

1:29- Y luego salidos de la sinagoga, vinieron a casa de Simón y de Andrés, con Jacobo y Juan.

1:30- Y la suegra de Simón estaba acostada con calentura, y dijéronle luego de ella.

1:31- Entonces llegando él, tomóla de su mano y levantóla; y luego la dejó la calentura, y servíales.

1:32- Y cuando fue la tarde, como el sol se puso, traían a él todos los que tenían mal, y endemoniados.

1:33- Y toda la ciudad se juntó a la puerta.

1:34- Y sanó a muchos que estaban enfermos de diversas enfermedades y echó fuera muchos demonios; y no dejaba decir a los demonios que lo conocían.

1:35- Y levantándose muy de mañana, aún muy de noche, salió y fuese a un lugar desierto, y allí oraba.

1:36- Y siguiólo Simón y los que estaban con él.

1:37- Y hallándolo, dícenle: Todos te buscan.

1:38- Y díceles: Vamos a los lugares vecinos, para que predique también allí; porque para esto he salido.

1:39- Y predicaba en las sinagogas de ellos en toda Galilea, y echaba fuera los demonios.

1:40- Y un leproso vino a él, rogándole, e hincada la rodilla, dícele: Si quieres, puedes me limpiar.

1:41- Y Jesús, teniendo misericordia de él, extendió su mano y tocólo, y dícele: Quiero, sé limpio.

1:42- Y habiendo él dicho esto, luego la lepra se fue de él, y fue limpio.

1:43- Y defendióle, y echólo luego,

1:44- Y dícele: Mira que no digas a nadie nada; sino ve, muéstrate al sacerdote, y ofrece por tu limpieza lo que Moisés mandó para que les conste.

1:45- Y él, salido, comenzó a predicar muchas cosas, y a divulgar el negocio, que ya Jesús no podía entrar manifiestamente en la ciudad; mas estaba fuera en los lugares desiertos; y venían a él de todas partes.

2:1- Y entró otra vez en Capernaum después de algunos días, y oyóse que estaba en casa.

2:2- Y luego se juntaron a él muchos, que ya no cabían ni aún a la puerta, y hablábales la palabra.

2:3- Entonces vinieron a él unos trayendo un paralítico, que era traído de cuatro.

2:4- Y como no podían llegar a él a causa de la compaña, descubrieron la techumbre donde estaba, y horadando abajan el lecho en que el paralítico estaba echado.

2:5- Y viendo Jesús la fe de ellos, dice al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados.

2:6- Y estaban allí sentados algunos de los escribas, los cuales pensando en sus corazones, 

2:7- Decían: ¿Por qué habla éste blasfemias?, ¿quien puede perdonar pecados, sino sólo Dios?

2:8- Y conociendo luego Jesús en su espíritu que pensaban esto dentro de sí, díjoles: ¿Por qué pensáis estas cosas en vuestros corazones?

2:9- ¿Cuál es más fácil, decir al paralítico: Tus pecados te son perdonados, o decirle: Levántate, y toma tu lecho y anda?

2:10- Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra de perdonar los pecados, dice al paralítico:

2:11- A ti digo: Levántate, y toma tu lecho, y vete a tu casa.

2:12- Entonces él se levantó luego, y tomando su lecho salióse delante de todos, de manera que todos se espantaron, y glorificaron a Dios diciendo: Nunca tal hemos visto.

2:13- Y volvió a salir a la mar y toda la compaña venía a él, y enseñábalos.

2:14- Y pasando vio a Leví, hijo de Alfeo, sentado al banco de los públicos tributos, y dícele: Sígueme. Y levantándose, siguiólo.

2:15- Y aconteció que estando Jesús a la mesa en casa de él, muchos publicanos y pecadores estaban también a la mesa juntamente con Jesús y con sus discípulos; porque había muchos, y habíanlo seguido.

2:16- Y los escribas y los fariseos, viéndolo comer con los publicanos y con los pecadores, dijeron a sus discípulos: ¿Qué es esto que vuestro Maestro come y bebe con los publicanos y con los pecadores?

2:17- Y oyéndolo Jesús, díceles: Los sanos no tienen necesidad de médico, mas los que tienen mal. No he venido a llamar los justos, mas los pecadores a penitencia.

2:18- Y los discípulos de Juan, y los de los fariseos ayunaban, y vienen, y dícenle: ¿Por qué los discípulos de Juan, y los de los fariseos ayunan; y tus discípulos no ayunan?

2:19- Y Jesús les dice: No pueden ayunar los que son de bodas, cuando el esposo está con ellos; entre tanto que tienen consigo al esposo no pueden ayunar.

2:20- Mas vendrán días cuando el esposo será quitado de ellos; y entonces, en aquellos días ayunarán.

2:21- Nadie echa remiendo de paño recio en vestido viejo, de otra manera el mismo remiendo nuevo tira del viejo, y hácese peor rotura.

2:22- Ni nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera el vino nuevo rompe los odres, y derrámase el vino, y los odres se pierden; mas el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar.

2:23- Y aconteció que pasando él otra vez por los sembrados en sábado, sus discípulos andando comenzaron a arrancar espigas.

2:24- Entonces los fariseos le dijeron: He aquí, ¿por qué hacen tus discípulos en sábado lo que no es lícito?

2:25- Y él les dijo: ¿Nunca leísteis qué hizo David cuando tuvo necesidad, y tuvo hambre, él y los que estaban con él?

2:26- ¿Cómo entró en la casa de Dios, siendo Abiatar sumo pontífice, y comió los panes de la proposición, de los cuales no es lícito comer sino a los sacerdotes, y aún dio a los que estaban consigo?

2:27- Díjoles también: El sábado por causa del hombre es hecho, no el hombre por causa del sábado.

2:28- Así que el Hijo del hombre Señor es aún del sábado.

3:1- Y otra vez entró en la sinagoga, y había allí un hombre que tenía una mano seca;

3:2- Y acechábanlo, si en sábado lo sanaría, para acusarlo.

3:3- Entonces dijo al hombre que tenía la mano seca: Levántate en medio.

3:4- Y díceles: ¿Es lícito hacer bien en sábados, o hacer mal?, ¿salvar la persona, o matarla?. Mas ellos callaban. 

3:5- Y mirándolos en derredor con enojo, condoleciéndose de la ceguedad de su corazón, dice al hombre: Extiende tu mano. Y extendióla, y su mano fue restituída sana como la otra.

3:6- Entonces, saliendo los fariseos, tomaron consejo con los herodianos contra él, para matarlo.

3:7- Mas Jesús se apartó a la mar con sus discípulos, y siguióle gran multitud de Galilea y de Judea.

3:8- Y de Jerusalem, y de Idumea, y de la otra parte del Jordán, y de los que moraban alrededor de Tiro y de Sidón, grande multitud, oyendo cuán grandes cosas hacía, vinieron a él.

3:9- Y dijo a sus discípulos que la navecilla le estuviese siempre apercibida por causa de la compaña, porque no lo oprimiesen.

3:10- Porque había sanado a muchos, de tal manera que caían sobre él cuantos tenían plagas por tocarle.

3:11- Y los espíritus inmundos, en viéndolo, se postraban delante de él, y daban voces, diciendo: Tu eres el Hijo de Dios.

3:12- Mas él les reñía mucho que no lo manifestasen.

3:13- Y subió al monte, y llamó a sí los que él quiso, y vinieron a él.

3:14- E hizo a los doce para que estuviesen con él, y para enviarlos a predicar.

3:15- Y que tuviesen potestad de sanar enfermedades, y de echar fuera demonios.

3:16- A Simón, al cual puso por nombre Pedro.

3:17- Y a Jacobo hijo de Zebedeo, y a Juan hermano de Jacobo, y púsoles nombre Boanerges, que es: Hijos del trueno.

3:18- Y a Andrés, y a Felipe, y a Bartolomé, y a Mateo, y a Tomás, y a Jacobo hijo de Alfeo, y a Tadeo, y a Simón el cananeo.

3:19- Y a Judas Iscariota, el que lo entregó; y vinieron a casa.

3:20- Y otra vez se juntó la compaña de tal manera que ellos ni aún podían comer pan.

3:21- Y como lo oyeron los suyos, vinieron para prenderlo; porque decían: Está fuera de sí.

3:22- Y los escribas que habían venido de Jerusalem decían que tenía a Belzebú, y que por el príncipe de los demonios echaba fuera los demonios.

3:23- Y llamándolos, díjoles por parábolas: ¿Cómo puede Satanás echar fuera a Satanás?

3:24- Y si algún reino contra sí mismo fuere dividido, no puede permanecer el tal reino. 

3:25- Y si alguna casa fuere dividida contra sí misma, no puede permanecer la tal casa.

3:26- Y si Satanás se levantare contra sí mismo, y fuere dividido, no puede permanecer, mas tiene fin.

3:27- Nadie puede saquear las alhajas del valiente entrando en su casa, si antes no prendiere al valiente, y entonces saqueará su casa.

3:28- De cierto os digo que todos los pecados serán perdonados a los hijos de los hombres, y las blasfemias cualesquiera con que blasfemasen;

3:29- Mas cualquiera que blasfemare contra el Espíritu Santo, no tiene perdón para siempre, mas está obligado a eterno juicio.

3:30- Porque decían: Tiene espíritu inmundo.

3:31- Vienen pues sus hermanos y su madre, y estando de fuera, enviaron a él, llamándolo.

3:32- Y la compaña estaba asentada alrededor de él y dijéronle: He aquí, tu madre y tus hermanos te buscan fuera.

3:33- Y él les respondió diciendo: ¿Quién es mi madre y mis hermanos?

3:34- Y mirando al derredor, a los que estaban sentados arredor de él, dijo: He aquí mi madre y mis hermanos.

3:35- Porque cualquiera que hiciere la voluntad de Dios, éste es mi hermano, y mi hermana, y mi madre.

4:1- Y otra vez comenzó a enseñar junto a la mar y juntóse a él gran compaña; tanto, que entrándose él en un navío, se sentó en la mar; y toda la compaña estaba en tierra junto a la mar.

4:2- Y enseñábales por parábolas muchas cosas, y decíales en su doctrina:

4:3- Oíd: He aquí, el que sembraba, salió a sembrar.

4:4- Y aconteció sembrando, que una parte cayó junto al camino; y vinieron las aves del cielo, y tragáronla.

4:5- Y otra parte cayó en pedregales, donde no tenía mucha tierra; y luego salió, porque no tenía tierra profunda.

4:6- Mas salido el Sol, quemóse, y por cuanto no tenía raíz, secóse.

4:7- Y otra parte cayó en espinas, y subieron las espinas, y ahogáronla, y no dio fruto.

4:8- Y otra parte cayó en buena tierra, y dio fruto, que subió y creció; y llevó uno a treinta, y otro a sesenta, y otro a ciento.

4:9- Entonces díjoles: El que tiene oídos para oír, oiga.

4:10- Y cuando estuvo sólo, preguntáronle los que estaban con él con los doce, de la parábola;

4:11- Y díjoles: A vosotros es dado saber el misterio del reino de Dios, mas a los que están fuera por parábolas todas las cosas;

4:12- Para que viendo vean y no vean, y oyendo oigan y no entiendan; para que no se conviertan y les sean perdonados los pecados.

4:13- Y díjoles: ¿No sabéis esta parábola?, ¿cómo pues entenderéis todas las parábolas?

4:14- El que siembra es el que siembra la palabra. 

4:15-Y éstos son los de junto al camino: En los que la palabra es sembrada; mas después que la oyeron, luego viene Satanás, y quita la palabra que fue sembrada en sus corazones.

4:16- Y asimismo éstos son los que son sembrados en pedregales: Los que cuando han oído la palabra, luego la toman con gozo.

4:17- Mas no tienen raíz en sí, antes son temporales; que en levantándose la tribulación, o la persecución por causa de la palabra, luego se escandalizan.

4:18- Y éstos son los que son sembrados en espinas: Los que oyen la palabra;

4:19- Mas las congojas de este siglo, y el engaño de las riquezas, y las codicias que hay en las otras cosas, entrando ahogan la palabra, y es hecha sin fruto.

4:20- Y éstos son los que fueron sembrados en buena tierra: Los que oyen la palabra, y la reciben, y hacen fruto uno a treinta, otro a sesenta, otro a ciento.

4:21- Díjoles también: ¿Viene el candil para ser puesto debajo del almud, o debajo de la cama?. ¿No viene para ser puesto en el candelero?

4:22- Porque no hay nada oculto que no haya de ser manifestado, ni secreto que no haya de venir en descubierto.

4:23- Si alguno tiene oídos para oír, oiga.

4:24- Díjoles también: Mirad lo que oís; con la medida que medís, os medirán otros; y será añadido a vosotros los que oís.

4:25- Porque al que tiene, serle ha dado; y al que no tiene, aún lo que tiene le será quitado.

4:26- Decía más: Así es el reino de Dios, como si hombre eche simiente en la tierra;

4:27- Y duerma y se levante de noche y de día; y la simiente brote y crezca como él no sabe.

4:28- Porque de suyo fructifica la tierra, primero yerba, luego espiga, luego grano lleno en la espiga.

4:29- Y cuando el fruto fuere producido, luego se mete la hoz; porque la siega es llegada.

4:30- Ítem, decía: ¿A qué haremos semejante el reino de Dios?, o, ¿con qué parábola lo compararemos?

4:31- Como el grano de la mostaza, que cuando es sembrado en tierra es el más pequeño de todas las simientes que hay en la tierra;

4:32- Mas cuando fuere sembrado, sube, y hácese el mayor de todas las legumbres; y hace grandes ramas, de tal manera que las aves del cielo puedan hacer nidos debajo de su sombra.

4:33- Y con muchas tales parábolas les hablaba la palabra, y conforme a lo que podían oír.

4:34- Y sin parábola no les hablaba, mas a sus discípulos en particular declaraba todo.

4:35- Y díjoles aquel día cuando fue tarde: Pasemos de la otra parte.

4:36- Y enviando la compaña, tomáronlo, como estaba en el navío, y había también con él otros navichuelos.

4:37- Y levantóse una grande tempestad de viento, y echaba las ondas en el navío, de tal manera que ya se henchía.  

4:38- Y él estaba en la popa durmiendo sobre un cabezal, y despertáronlo, y dícenle: Maestro, ¿no miras que perecemos?

4:39- Y levantándose él, riñió al viento, y dijo a la mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento, y fue hecha grande bonanza.

4:40- Y a ellos dijo: ¿Por qué sois así temerosos?, ¿cómo no tenéis fe?

4:41- Y temieron con gran temor, y decían el uno al otro: ¿Quién es éste, que aún el viento y la mar le obedecen?

5:1- Y vinieron de la otra parte de la mar a la provincia de los gadarenos.

5:2- Y salido él del navío, luego le salió al encuentro un hombre de los sepulcros con un espíritu inmundo;

5:3- Que tenía manida en los sepulcros, y ni aún con cadenas lo podía alguien atar.

5:4- Porque muchas veces había sido atado con grillos y cadenas, mas las cadenas habían sido hechas pedazos de él, y los grillos desmenuzados; y nadie lo podía domar.

5:5- Y siempre de día y de noche andaba dando voces en los montes y en los sepulcros, e hiriéndose a las piedras.

5:6- Y como vio a Jesús de lejos, corrió, y adorólo;

5:7- Y clamando a gran voz dijo: ¿Qué tienes conmigo Jesús, Hijo del Dios Altísimo?. Conjúrote por Dios que no me atormentes.

5:8- Porque le decía: Sal de este hombre espíritu inmundo.

5:9- Y preguntóle: ¿Cómo te llamas?. Y respondió diciendo: Legión me llamo, porque somos muchos.

5:10- Y rogábale mucho que no lo echase fuera de aquella provincia.

5:11- Y estaba allí cerca de los montes una grande manada de puercos, paciendo;

5:12- Y rogáronle todos aquellos demonios, diciendo: Envíanos en los puercos para que entremos en ellos.

5:13- Y permitióles luego Jesús, y saliendo aquellos espíritus inmundos, entraron en los puercos; y la manada cayó por un despeñadero en la mar; los cuales eran como dos mil, y ahogáronse en la mar.

5:14- Y los que apacentaban los puercos huyeron, y dieron aviso en la ciudad y en los campos. Y salieron para ver qué era aquello que había acontecido.

5:15- Y vienen a Jesús, y ven al que había sido atormentado del demonio; sentado, y vestido, y en seso, el que había tenido la legión, y tuvieron temor.

5:16- Y contáronles los que lo habían visto, como había acontecido al que había tenido el demonio, y de los puercos.

5:17- Y comenzaron a rogarle que se fuese de los términos de ellos.

5:18- Y entrando él en el navío, rogábale el que había sido fatigado del demonio, para estar con él.

5:19- Mas Jesús no le permitió, sino díjole: Vete a tu casa a los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho contigo, y cómo ha tenido misericordia de ti.

5:20- Y fuese, y comenzó a predicar en Decápolis cuán grandes cosas Jesús había hecho con él; y todos se maravillaban.

5:21- Y pasando otra vez Jesús en un navío de la otra parte, juntóse a él gran compaña, y estaba junto a la mar.

5:22- Y vino uno de los príncipes de la sinagoga llamado Jairo; y cuando lo vio postróse a sus pies.

5:23- Y rogábale mucho, diciendo: Mi hija está a la muerte, ven y pondrás las manos sobre ella, para que sea salva, y vivirá.

5:24- Y fue con él, y seguíale gran compaña, y apretábanlo.

5:25- Y una mujer que estaba con flujo de sangre doce años había.

5:26- Y había sufrido mucho de muchos médicos, y había gastado todo lo que tenía y nada había aprovechado, antes le iba peor,

5:27- Como oyó decir de Jesús, vino en la compaña por las espaldas, y tocó su vestido.

5:28- Porque decía: Si yo tocare tan solamente su vestido, seré salva.

5:29- Y luego la fuente de su sangre se secó; y sintió en el cuerpo que era sana de aquel azote.

5:30- Y Jesús luego, conociendo en sí mismo la virtud que había salido de él, volviéndose a la compaña, dijo: ¿Quien ha tocado a mis vestidos?

5:31- Y dijéronle sus discípulos: Ves que la compaña te aprieta, y dices: ¿Quien me ha tocado? 

5:32- Y él miraba arredor por ver a la que había hecho esto.

5:33- Entonces la mujer, temiendo y temblando, sabiendo lo que en sí había sido hecho, vino, y postróse delante de él, y díjole toda la verdad.

5:34- Y él le dijo: Hija, tu fe te ha hecho salva; ve en paz, y sé sana de tu azote.

5:35- Hablando aún él, vinieron del príncipe de la sinagoga diciendo: Tu hija es muerta, ¿para qué fatigas más al Maestro?

5:36- Mas Jesús luego, en oyendo esta razón que se decía, dijo al príncipe de la sinagoga: No temas, cree solamente.

5:37- Y no permitió que alguno viniese tras de él, sino Pedro, y Jacobo, y Juan hermano de Jacobo.

5:38- Y vino a casa del príncipe de la sinagoga, y vio el alboroto, los que lloraban y gemían mucho.

5:39- Y entrando, díceles: ¿Por qué os alborotáis, y lloráis?, la moza no es muerta, mas duerme.

5:40- Y hacían burla de él; mas él, echados fuera todos, toma al padre y a la madre de la moza, y a los que estaban con él, y entra donde estaba la moza echada.

5:41- Y tomando la mano de la moza, dícele: Talitha cumi, que es, si lo interpretares: Moza, a ti digo, levántate.

5:42- Y luego la moza se levantó, y andaba; porque era de doce años, y espantáronse de grande espanto.

5:43- Mas él les mandó mucho que nadie lo supiese y dijo que diesen a la moza de comer.

6:1- Y salió de allí, y vino a su tierra, y siguiéronlo sus discípulos.

6:2- Y llegado el sábado, comenzó a enseñar en la sinagoga; y muchos oyéndolo estaban atónitos diciendo: ¿De dónde tiene éste estas cosas?, ¿y qué sabiduría es ésta que le es dada?, ¿y tales maravillas que por sus manos son hechas?

6:3- ¿No es éste el carpintero, hijo de María, hermano de Jacobo, y de Joses, y de Judas y de Simón?, ¿no están también aquí con nosotros sus hermanas?. Y escandalizábanse en él.

6:4- Mas Jesús les decía: No hay profeta deshonrado sino en su tierra, y entre sus parientes, y en su casa.

6:5- Y no pudo allí hacer alguna maravilla, solamente sanó unos pocos enfermos poniendo sobre ellos las manos.

6:6- Y estaba maravillado de la incredulidad de ellos, y rodeaba las aldeas de alderredor enseñando.

6:7- Y llamó a los doce, y comenzólos a enviar de dos en dos; y dioles potestad contra los espíritus inmundos,

6:8- Y mandóles que no llevasen nada para el camino; sino solamente un bordón; ni alforja, ni pan, ni dinero en la bolsa.

6:9- Mas que calzasen zapatos, y no vistiesen dos ropas.

6:10- Y decíales: En cualquier casa que entráreis, posad allí hasta que salgáis de allí.

6:11- Y todos aquellos que no os recibieren, ni os oyeren, saliendo de allí, sacudid el polvo que está debajo de vuestros pies en testimonio a ellos. De cierto os digo, que más tolerable será el castigo de los de Sodoma o de los de Gomorra el día del juicio, que el de aquella ciudad.

6:12- Y saliendo, predicaban que hiciesen penitencia.

6:13- Y echaban fuera muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos, y sanaban.

6:14- Y oyó el Rey Herodes la fama de Jesús, porque su nombre era hecho notorio, y dijo: Juan el que bautizaba ha resucitado de los muertos, y por tanto virtudes obran en él.

6:15- Otros decían: Elías es, y otros decían: Profeta es, o alguno de los profetas.

6:16- Y oyéndolo Herodes, dijo: Este es Juan el que yo degollé, él ha resucitado de los muertos.

6:17- Porque el mismo Herodes había enviado y prendido a Juan, y lo había aprisionado en la cárcel a causa de Herodías, mujer de Filipo su hermano, porque la había tomado por mujer.

6:18- Porque Juan decía a Herodes: No te es lícito tener la mujer de tu hermano.

6:19- Mas Herodías lo acechaba, y deseaba matarlo, y no podía.

6:20- Porque Herodes temía a Juan, conociéndolo varón justo y santo; y teníale respeto, y obedeciéndole hacía muchas cosas; y oíalo de buena gana.

6:21- Y viniendo un día oportuno en que Herodes, en la fiesta de su nacimiento, hacía cena a sus príncipes, y tribunos, y a los principales de Galilea.

6:22- Y entrando la hija de Herodías, y danzando, y agradando a Herodes, y a los que estaban con él a la mesa; el rey dijo a la moza: Pídeme lo que quisieres, que yo te lo daré.

6:23- Y juróle: Todo lo que me pidieres te daré, hasta la mitad de mi reino.

6:24- Y saliendo ella dijo a su madre: ¿Qué pediré?. Y ella dijo: La cabeza de Juan Bautista.

6:25- Entonces ella entró prestamente al rey, y pidió, diciendo: Quiero que ahora luego me des en un plato la cabeza de Juan Bautista.

6:26- Y el rey se entristeció mucho; mas a causa del juramento, y de los que estaban con él a la mesa, no quiso entristecerla.

6:27- Y luego el rey, enviando uno de la guarda, mandó que fuese traída su cabeza.

6:28- El cual fue, y lo degolló en la cárcel, y trajo su cabeza en un plato, y diola a la moza, y la moza la dio a su madre.

6:29- Y oyéndolo sus discípulos, vinieron, y tomaron su cuerpo y pusiéronlo en un sepulcro.

6:30- Y los apóstoles se juntaron a Jesús, y contáronle todo, lo que habían hecho, y lo que habían enseñado.

6:31- Y él les dijo: Venid vosotros aparte al lugar desierto, y reposad un poco; porque eran muchos yentes y vinientes, que aún no tenían lugar de comer.

6:32- Y fueronse en un navío al lugar desierto aparte.

6:33- Y viéronlos ir muchos, y conociéronlo, y concurrieron allá muchos a pie de las ciudades, y vinieron antes que ellos, y juntáronse a él.

6:34- Y saliendo Jesús vio una grande compaña, y tuvo misericordia de ellos, porque eran como ovejas sin pastor; y comenzóles a enseñar muchas cosas.

6:35- Y como ya fue el día muy entrado, sus discípulos llegaron a él, diciendo: El lugar es desierto, y el día es ya muy entrado,

6:36- Envíalos para que vayan a los cortijos y aldeas de alderredor, y compren para sí pan, porque no tienen qué comer.

6:37- Y respondiendo él, díjoles: Dadles de comer vosotros, y dijéronle: ¿Que vamos y compremos pan por doscientos dineros, y les demos de comer?

6:38- Y él les dice: ¿Cuántos panes tenéis?. Id y vedlo. Y ellos sabiéndolo, dijeron: Cinco y dos peces.

6:39- Y mandóles que hiciesen recostar a todos por mesas sobre la yerba verde.

6:40- Y recostáronse por partes, por mesas, de ciento en ciento y de cincuenta en cincuenta.

6:41- Y tomados los cinco panes y los dos peces, mirando al cielo, bendijo, y partió los panes, y dio a sus discípulos que les pusiesen delante; y los dos peces repartió a todos.

6:42- Y comieron todos, y hartáronse.

6:43- Y alzaron de los pedazos doce esportones llenos, y de los peces.

6:44- Y eran los que comieron cinco mil varones.

6:45- Y luego dio priesa a sus discípulos a subir en el navío, e ir delante de él a Bethsaida de la otra parte, entre tanto que él despedía la compaña.

6:46- Y después que los hubo despedido, fuese al monte a orar.

6:47- Y como fue la tarde, el navío estaba en medio de la mar, y él sólo en tierra.

6:48- Y violos que se trabajaban navegando, porque el viento les era contrario; y cerca de la cuarta vela de la noche vino a ellos andando sobre la mar, y quería pasarlos.

6:49- Y viéndolo ellos, que andaba sobre la mar, pensaron que era fantasma, y dieron voces.

6:50- Porque todos lo veían, y turbáronse; mas luego habló con ellos, y les dijo: Aseguraos, yo soy, no tengáis miedo.

6:51- Y subió a ellos en el navío, y el viento reposó, y ellos en gran manera estaban fuera de sí y se maravillaban.

6:52- Que aún no habían cobrado entendimiento en los panes, porque sus corazones estaban ciegos.

6:53- Y cuando fueron de la otra parte vinieron a tierra de Genezareth, y tomaron puerto.

6:54- Y saliendo ellos del navío, luego lo conocieron.

6:55- Y corriendo toda la tierra de alderredor, comenzaron a traer de todas partes enfermos en lechos, como oyeron que estaba allí.

6:56- Y donde quiera que entraba, en aldeas, o ciudades, o heredades, ponían en las calles los que estaban enfermos, y rogábanle que tocasen siquiera el borde de su vestido, y todos los que le tocaban eran salvos.

7:1- Y juntáronse a él fariseos, y algunos de los escribas que habían venido a Jerusalem.

7:2- Los cuales viendo a algunos de sus discípulos comer pan con manos comunes, es a saber, por lavar, condenábanlos.

7:3- Porque los fariseos y todos los judíos teniendo la tradición de los ancianos, si muchas veces no se lavan las manos, no comen.

7:4- Y volviendo de la plaza, si no se lavaren, no comen; y otras muchas cosas hay que tomaron para guardar, como el lavar de los vasos de beber, y de los jarros, y de los vasos de metal, y de los lechos.

7:5- Y preguntáronle los fariseos y los escribas: ¿Por qué tus discípulos no andan conforme a la tradición de los ancianos, mas comen pan con las manos por lavar?

7:6- Y respondiendo él, díjoles: Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, como está escrito: Este pueblo con los labios me honra, mas su corazón lejos está de mi.

7:7- Y en vano me honran, enseñando doctrinas mandamientos de hombres.

7:8- Porque dejando el mandamiento de Dios tenéis la tradición de los hombres: el lavar de los jarros, y de los vasos de beber; y hacéis muchas cosas semejantes a éstas.

7:9- Decíales también: Bien invalidáis el mandamiento de Dios para guardar vuestra tradición.

7:10- Porque Moisés dijo: Honra a tu padre y a tu madre, y: El que maldijere al padre o a la madre morirá de muerte.

7:11- Y vosotros decís: El hombre dirá al padre o a la madre: El corbán (quiere decir: don mío) a ti aprovechará,

7:12- Y no le dejáis más hacer por su padre, o por su madre.

7:13- Invalidando la palabra de Dios con vuestra tradición que dísteis; y muchas cosas hacéis semejantes a éstas.

7:14- Y llamando a toda la compaña, díjoles: Oídme todos y entended.

7:15- Nada hay fuera del hombre que entre en él que lo pueda contaminar; mas lo que sale de él, aquello es lo que contamina al hombre.

7:16- Si alguno tiene oídos para oír, oiga.

7:17- Y entrándose de la compaña en casa, preguntáronle sus discípulos de la parábola.

7:18- Y díceles: ¿Así?, ¿también vosotros sois sin entendimiento?. ¿No entendéis que todo lo de fuera que entra en el hombre, no lo puede contaminar?

7:19- Porque no entra en su corazón, sino en el vientre; y sale el hombre a la secreta, y purga todas las viandas.

7:20- Mas decía: Que lo que del hombre sale, aquello contamina al hombre.

7:21- Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios,

7:22- Los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, las desvergüenzas, el mal ojo, las injurias, la soberbia, la locura.

7:23- Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre.

7:24- Y levantándose de allí, fuese a los términos de Tiro y de Sidón, y entrando en casa quiso que nadie lo supiese; mas no pudo esconderse.

7:25- Porque una mujer, cuya hija tenía un espíritu inmundo, luego que oyó de él, vino y echóse a sus pies.

7:26- Y la mujer era griega sirofenicia de nación, y rogábale que echase fuera de su hija al demonio.

7:27- Mas Jesús le dijo: Deja primero hartarse los hijos, porque no es bien tomar el pan de los hijos y echarlo a los perrillos.

7:28- Y respondió ella, y díjole: Sí Señor, porque los perrillos debajo de la mesa comen de las migajas de los hijos.

7:29- Entonces dícele: Por esta palabra , ve; el demonio ha salido de tu hija.

7:30- Y como fue a su casa, halló que el demonio había salido, y la hija echada sobre la cama.

7:31- Y volviendo a salir de los términos de Tiro y de Sidón, vino a la mar de Galilea por mitad de los términos de Decápolis.

7:32- Y le traen un sordo, y tartamudo, y ruéganle que le ponga la mano encima.

7:33- Y tomándolo de la compaña aparte, metió sus dedos en las orejas de él, y escupiendo tocó su lengua.

7:34- Y mirando al cielo gimió, y dijo: Ephata, que es decir: Sé abierto.

7:35- Y luego fueron abiertas sus orejas, y fue desatada la ligadura de su lengua, y hablaba bien.

7:36- Y mandóles que no lo dijesen a nadie, mas cuanto más les mandaba tanto más y más lo divulgaban.

7:37- Y en grande manera se espantaban, diciendo: Bien lo ha hecho todo; hace a los sordos oír, y a los mudos hablar.

8:1- En aquellos días, como hubo gran compaña, y no tenían que comer, Jesús llamó sus discípulos, y díceles:

8:2- Tengo misericordia de la compaña, porque ya ha tres días que están conmigo y no tienen qué comer.

8:3- Y si los envío ayunos a sus casas, desmayarán en el camino, porque algunos de ellos han venido de lejos.

8:4- Y sus discípulos le respondieron: ¿De dónde podrá alguien hartar a éstos de pan aquí en el desierto?

8:5- Y preguntóles: ¿Cuántos panes tenéis?. Y ellos dijeron: siete.

8:6- Entonces mandó a la compaña que se recostasen a tierra, y tomando los siete panes, habiendo hecho gracias, partió, y dio a sus discípulos que pusiesen delante; y pusieron delante a la compaña.

8:7- Tenían también unos pocos de pescadillos, y habiendo bendecido, dijo que también los pusiesen delante.

8:8- Y comieron, y hartáronse, y levantaron de los pedazos que habían sobrado siete espuertas.

8:9- Y eran los que comieron como cuatro mil, y despidiólos.

8:10- Y luego entrando en el navío con sus discípulos, vino en las partes de Dalmanutha.

8:11- Y vinieron fariseos, y comenzaron a altercar con él demandándole señal del cielo, tentándolo.

8:12- Y gimiendo de su espíritu, dice: ¿Por qué pide señal esta generación?. De cierto os digo que no se dará señal a esta generación.

8:13- Y dejándolos volvió a entrar en el navío y fuese de la otra parte.

8:14- Y habíanse olvidado de tomar pan, y no tenían sino un pan consigo en el navío.

8:15- Y mandóles diciendo: Mirad, guardaos de la levadura de los fariseos, y de la levadura de Herodes.

8:16- Y altercaban los unos con los otros diciendo: Pan no tenemos.

8:17- Y como Jesús lo entendió, díceles: ¿Qué altercáis, porque no tenéis pan?. ¿No consideráis ni entendéis?. ¿Aún tenéis ciego vuestro corazón?

8:18- ¿Teniendo ojos no veis, y teniendo oídos no oís?, ¿y no os acordáis?

8:19- Cuando partí los cinco panes entre cinco mil, ¿cuántas espuertas llenas de los pedazos alzásteis?, y ellos dijeron: Siete.

8:20- Y cuando los siete panes en cuatro mil, ¿cuántas espuertas llenas de los pedazos alzásteis?, y ellos dijeron: Siete.

8:21- Y díjoles: ¿Cómo aún no entendéis?

8:22- Y vino a Bethsaida, y tráenle un ciego, y ruéganle que le tocase.

8:23- Entonces tomando al ciego de la mano, sacólo fuera de la aldea, y escupiendo en sus ojos, y poniéndole las manos encima, preguntóle si veía algo,

8:24- Y él mirando, dijo: Veo los hombres, porque veo que andan como árboles.

8:25- Luego le puso otra vez las manos sobre sus ojos, e hízole que mirase, y fue sano; y vio de lejos y claramente a todos.

8:26- Y enviólo a su casa, diciendo: No entres en la aldea, ni lo digas a nadie en la aldea.

8:27- Y salió Jesús y sus discípulos por las aldeas de Cesarea de Filipo. Y en el camino preguntó a sus discípulos, diciéndoles: ¿Quien dicen los hombres que soy yo?

8:28- Y ellos respondieron: Juan Bautista; y otros: Elías; y otros: Alguno de los profetas.

8:29- Entonces él les dice: ¿Y vosotros quien decís que soy yo?. Y respondiendo Pedro dícele: Tu eres el Cristo.

8:30- Y amenazólos que no dijesen de él a ninguno.

8:31- Y comenzó a enseñarles que convenía que el Hijo del hombre padeciese mucho y ser reprobado de los ancianos, y de los príncipes de los sacerdotes, y de los escribas; y ser muerto, y resucitar después de tres días.

8:32- Y claramente decía esta palabra. Entonces Pedro lo tomó y comenzóle a reñir.

8:33- Y él, volviéndose y mirando a sus discípulos, riñió a Pedro, diciendo: Apártate de mi Satanás, porque no sabes las cosas que son de Dios, sino las que son de los hombres.

8:34- Y llamando a la compaña con sus discípulos, díjoles: Cualquiera que quisiere venir tras mi, niéguese a sí mismo y tome su cruz, y sígame.

8:35- Porque el que quisiere salvar su vida, perderla ha; y el que perdiere su vida por causa de mi y del evangelio, éste la salvará.

8:36- Porque, ¿qué aprovechará al hombre si granjeare todo el mundo y pierda su alma?

8:37- ¿O qué recompensa dará el hombre de su alma?

8:38- Porque el que se avergonzare de mi y de mis palabras en esta generación adulterina y pecadora, el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando vendrá en la gloria de su Padre con los santos ángeles.